PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 17 de julio de 2019

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Dos extranjeros en el cerco de la noche

 

Tiene cara de hombre de ninguna parte, o de hombre que perdió su parte y su reino en algún lugar del pasado. Se pasea por la Gran Vía en la hora más tórrida de la noche, cuando el calor acumulado durante el día surge del asfalto y del granito como de una estufa grandiosa que caldea hasta la última esquina de la avenida. Tiene cara de estrangulado por su propio ser y de nacido de su propio sudor. Ha recorrido de parte a parte la noche del mundo, se ha sumergido en pozos profundos de dolor y de fango. Mira como un resucitado. Su mente es un territorio tan amplio como los ríos, los desiertos, las ciudades, los poblados que ha dejado atrás. Observa a los transeúntes y detecta que también ellos no están donde están, como si de pronto en Madrid todos fueran extranjeros para sí mismos y para los demás.

 

¿Tienen patria los que pasan ante él? ¿Qué patria? Una oscuridad oscilante que les cerca y que a la vez los constituye. Ellos también están de viaje sin saberlo, recorren una dimensión flotante, se miran sin mirarse, vienen de la extrañeza y hacia la extrañeza van por los caminos de la noche.

 

Un pensamiento preciso acude a él: no solo la muerte iguala a las personas, también la vida las iguala. Todos los cuerpos tienen las mismas necesidades básicas, todos respiran, todos crepitan con el mismo fuego interior, todos arden con la misma lumbre y todos sufren cuando se encuentran a medio camino entre la incertidumbre y la indecisión.

 

El extranjero se fija vagamente en las terrazas de los bares, en las que no se va a sentar, en los escaparates de las tiendas de las grandes marcas, en las caras que se reflejan en los cristales. Examina la avenida como un pájaro cansado tras una larga travesía. Su mente gravita en un presente lleno de heridas y otea el futuro con desconfianza. Su cara es la imagen de la melancolía. La luna roja le mira tras los rascacielos como una divinidad maligna.

 

Las farolas de la Gran Vía chorrean luces azules mientras los taxis circulan con sus reclamos verdes. En las dos aceras se adensan las multitudes. Son muchas soledades juntas. Forman masas, pero no forman conjuntos. Avanzan despacio, pero no se detienen, no se miran, no hablan. Son como almas ausentes.

 

Tres horas después, la avenida se habrá librado de la muchedumbre. El extranjero sigue en ella. Ya no mira los escaparates ni las terrazas vacías. Se mira a sí mismo. Entonces descubre en una bocacalle un caballo rojo. Él también parece un extranjero, y se pregunta qué puede estar haciendo allí un caballo.

 

Creyéndose víctima de una alucinación, cierra los ojos. Oye ruidos de pasos que se alejan como piedras golpeando la piel tensa de la noche. Los vuelve a abrir y el caballo ha desaparecido. La calle se le antoja más muerta sin la presencia del animal y decide buscarlo entre las sombras. No lo encuentra por ninguna parte. En la penumbra de una calleja, una cara le dirige una mirada hostil y directa. No es la cara del caballo, es la cara de la muerte o de uno de sus aliados.

 

 El extranjero regresa a la avenida: las luces marchitas, los últimos taxis de la madrugada, las puertas cerradas, las almas cerradas, el silencio y un eco que llega de muy lejos, atravesando arenales sin término y llenando su memoria de murmullos familiares que se extinguen de repente con el sonido de un claxon y los gritos de unos muchachos que le miran con distancia. En una esquina sombría vuelve a ver al caballo.

 

(Las abismales, 164-166)

 

https://elarpadebecquer.blogspot.com/

 


 




[Publicado el 13/4/2019 a las 08:35]

Compartir:

Comentarios (0)

No hay comentarios

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Las abismales. Premio de novela Café Gijón (Siruela, 2019)

 

 

 

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

Vídeos asociados

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2019 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres