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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 9 de agosto de 2020

 Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

Enfermedades de la civilización

El otro día volví a ver un reportaje en la televisión sobre una mujer que pesaba más de cuatrocientos kilos y que permanecía inmovilizada y aturdida.


Cuando era muy joven, descubrí con asombro esa clase de gordura en mi primer viaje a América. Entonces la gordura mórbida no existía ni Europa, ni en Asia, ni en África, aunque seguro que sí existía en Australia, esa mala fotocopia de América de Norte.


La mujer de la que hablo usaba pañales como un niño muy grande, como un niño gigantesco. Había regresado a la infancia. Su figura me conducía a la anoréxica. Ambas conforman los dos polos de un mismo sistema y en los dos casos se trata de un problema con la fase oral-anal


Los anoréxicos quiere regresar a la época anterior a la pubertad: quieren "recuperar" sus cuerpos de niños, y los obesos quieren regresar a la fase de la lactancia casi continua, cuando los bebés se convierten en tubos que absorben y excretan: quieren volver a la inmovilidad de la cuna.

 

Ambos han perdido la línea, en el más estricto sentido de la palabra: han perdido la figura, la postura, la forma misma del cuerpo. En el caso del anoréxico se ha perdido la figura por evaporación, y en el caso del obeso por acumulación de materia.


En el primer caso, el cuerpo parece una pluma, en el segundo una tumba. El cuerpo del anoréxico se presenta casi exento de agua (se trata de un cuerpo seco y enjuto hasta el extremo), en cambio el cuerpo del obeso mórbido es un túmulo de líquidos retenidos, de líquidos descompuestos que van envenenando la sangre y van creando un campo abonado para la gangrena.


La sociedad que nos representa no parece tener buenas relaciones con el cuerpo. Los dos extremos señalados son buena prueba de ello, pero también lo son los obsesionados por el culto al cuerpo. Ningún sacrificio extremo es bueno, y los adictos al gimnasio están tan alejados de su propio cuerpo como los anoréxicos y los que padecen de obesidad mórbida.


Y mientras tanto los especialistas en salud física van dando consejos estúpidos desde la prensa sobre cómo alimentarse con cordura o qué hacer para perder kilos o ganarlos.


Nunca van a la raíz de la enfermedad. O mejor: nunca se dirigen con mirada clínica a la enfermedad invisible en la que se apoyan todas las enfermedades visibles.


Les da miedo esa profundidad sin cuya exploración no hay cura posible.

 


[Publicado el 06/6/2016 a las 08:52]

[Etiquetas: Pasiones]

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Comentarios (3)

  • Gracias por tus comentarios. El problema es que esos casos presuntamente exagerados ya son epidémicos.

    Comentado por: Jesús Ferrero el 15/6/2016 a las 08:58

  • Bueno, está claro que los casos exagerados nos ayudan a ver la norma, y queda claro que es ese el tema de la entrada de mi anfitrión (en clara contraposición con la habitual mirada, bastante satisfecha, desde la -falsa- salud hacia lo patológico).

    Comentado por: invitado el 08/6/2016 a las 09:37

  • Dos extremos de lo normal entre nosotros, ¿no? García Calvo probablemente se sacudiría estos casos exagerados de encima para hablar de la norma: no ya sólo la conciencia del cuerpo como ente separado (un invento que el filólogo situaba como derivado y posterior del descubrimiento del alma), sino la fatal relación entre el estúpido consejero delegado o director ejecutivo de mi alma con el que cada quisqui nos solemos identificar, y SU cuerpo. No es extraño que resulten tan repulsivos los buenos consejos que nos llegan desde las autoridades y la prensa para gobernar mejor a esa masa cárnica pasiva (que es en verdad asiento de una sabiduría mucho más profunda de la que jamás será capaz mi yo) de la que nos enseñoreamos. Se nos quiere convencer de que sin conciencia sólo hay caos y destrucción, cuando lo cierto es más bien algo asó como que vida es olvido...

    Comentado por: invitado el 08/6/2016 a las 09:27

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

 

 

Las abismales. Premio de novela Café Gijón (Siruela, 2019)

 

 

 

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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