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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 16 de julio de 2019

 Blog de Jesús Ferrero: Cielos e Infiernos

La cabeza de Murnau (7 y fin del relato) En brazos de la mujer más dura

                                                                                           A Anastasia

Sigo en el asilo psiquiátrico a las afueras de Berlín y todo en mí es desesperación. La institución parece el manicomio que abre y cierra la película de El gabinete del doctor Caligari. Ah, Dios mío, es como si me hubiese perdido en el laberinto del expresionismo alemán, y empiezo a pensar que mi locura ya no tiene salida. Los pacientes pasean por los pasillos y el jardín de asilo. El jardín es de flores artificiales: rosas, tulipanes, jacintos de plástico fosforescentes que más que tranquilizarme me vuelven más loco. ¿Tengo que creer que todos los que me rodean son androides? ¿Y los doctores también? A fin de soportar mejor mi terrible situación me hago amigo de un paciente que habla español y que se llama Diodoro. El relato que me cuenta acerca de su vida, mientras paseamos entre los rosales de plástico, es absolutamente estremecedor. He aquí lo que me confesó:

 

Animado por los amigos, y tras haber ganado un premio millonario en la Lotería Nacional, decidí pedirles a los Reyes Magos el simulacro de Angela Merkel, con el que no quería establecer ninguna relación perversa. Muy al contrario, deseaba entablar con ella una relación amistosa y neutra, que propiciara el entendimiento entre nuestros pueblos respectivos.

A fin de que Angela no se sintiera extraña en mi casa, decoré el salón al estilo alemán, adquirí un frigorífico enorme y monolítico que parecía de la Edad de Bronce, y colgué de una pared un cuadro del romanticismo alemán que me había regalado mi abuelo Ferrer Tumbado, que fue ministro de Franco. Lo recordarás inaugurando pantanos o cazando en Gredos con la duquesa Delobri, que más tarde sería acusada de apropiación indebida, adulterio e incesto.

La misma mañana de Reyes llegó a mí casa, por línea directa desde el imperio amarillo, una Angela Merkel idéntica a la real. Me cobraron veinte mil dólares por el artefacto, pero no me importó, pues se trataba de un simulacro perfecto, ya que a través del plasma neuronal de naturaleza sintética que habían adherido a su materia, podía acceder a recuerdos muy conmovedores de la Merkel: Angela trabajando de camarera y dándole un puñetazo a un borracho que ha rozado su culo. Angela entrando en un cine para ver una película titulada No soy una ninfómana. Angela jugando a los bolos en un boliche: al inclinarse para coger la bola se le escapa una ventosidad y enrojece como una colegiala. Angela ofreciéndole un plato de leche a un gatito que ha irrumpido en su jardín. El gatito le da un arañazo. Angela está a punto de hacer algo muy grave, pero al final se contiene y piensa que las bestias, bestias son, y que hay que tener mucha paciencia con la naturaleza. (Un recuerdo que me conmovió sobremanera pues mostraba el lado más humano de la Merkel).

A mí me extrañaba que hubiesen conseguido un simulacro tan extraordinario, pero desde antiguo es bien conocida la pericia manufacturera de los chinos y su capacidad para elaborar objetos mágicos.

Recuerdo que en cuanto tuve a Angela sentada frente a mí, me miró con sus ojos trasparentes y tímidos de campesina alemana y me preguntó a qué me dedicaba. Le dije la verdad:

-A nada.

Angela estalló en carcajadas. Se reía cada vez más, como una bacante descontrolada, hasta que finalmente dijo:

-Ya veo que eres un gandul de raza genuinamente mediterránea. Pero no me importa, me gustas así, canalla. Para mí solo eres un juguete sexual. Prepárate para lo que te aguarda, hermoso. Quiero que me dejes bien satisfecha.

Mi estupor iba en crescendo cuando me atreví a decir:

-Mucho me temo, Angela, que te estás equivocando de obra, de papel y de interpretación. Esto no era lo que yo había pactado con los chinos cuando encargué tu simulacro.

Angela me miró con un estupor muy superior al mío y murmuró:

-¿De modo que crees que soy un simulacro?

-¿Y qué eres si no?

A modo de respuesta, Angela se echó a reír de nuevo antes de decir:

-¿Aún ignoras que el simulacro eres tú y que fui yo la que te encargué a los chinos porque quería tener a mi servicio un gigoló español? ¿En qué ciudad crees que estás?

-En Madrid, por supuesto.

-Mira por la ventana.

Le hice caso y caí en la cuenta de que estábamos en Berlín. Ante mí derecha podía ver la Puerta de Brandenburgo, y a mi izquierda el Ángel de la Victoria, sobre la columna central del parque.

Supe entonces que había caído en la trampa de mi propio simulacro, supe que los chinos me habían construido todo entero y me habían creado falsos recuerdos, tan inverosímiles como pintorescos. Giré la cabeza y vi a Angela de nuevo. Blandía una tralla y se erguía ante mi triste figura con sus cueros y sus tacones de acero inoxidable mientras murmuraba:

-Empieza la función, muchacho, que voy a darte lo mismo que a todos tus compatriotas. Ponte de rodillas y canta Noche de Paz... No, mejor algo menos sagrado, que nos ponga a tono y nos caliente un poco. Ya lo tengo: arrástrate como un perro y canta alguna canción de los Beatles.

En Berlín, bajo una atmósfera cada vez más confusa y el cielo azul de Prusia que se veía tras el ventanal, asumí la condición canina que me asignaba mi ama, y empecé a andar a cuatro patas mientras cantaba Ob-La-Di, Ob-La-Da.

Tras esa horrible sesión que no te puedo describir en su totalidad para no destrozar tus nervios, me desvanecí y me desperté en esta institución en la que me ves y en la que te ves.>>

 

Tras escuchar el relato de Diodoro, mi locura se acentuó y corrí salvajemente por el jardín hasta chocar con una red de alambradas. Allí me desmayé de nuevo. Me he despertado en una celda oscura, atado de pies y manos, y más desesperado que antes. No veo nada. Me me hallo en la más completa oscuridad . Para entretener mi oscurísima soledad, me pongo a recitar a los clásicos y los mezclo unos con otros, si bien sabiendo siempre lo que digo:

-Ah, mísero de mí, ah infelice -grito con todas mis fuerzas-¿Qué delito cometí para que me tengáis aquí, en esta mazmorra fría, donde ni sé cuando es de día, ni cuando las noches son?. Ah, mísero de mí, ah mísero de mí. ¡Pero no pienso callar por más que con el dedo, ya tocando la boca o ya la frente, silencio aviséis o amenacéis miedo!

Periódicamente los loqueros abren la puerta de la celda y me arrojan cubos de agua helada para hacerme callar.

[Publicado el 08/9/2015 a las 11:40]

[Etiquetas: La cabeza de Murnau]

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Comentarios (2)

  • Saludos a ti, Anastasia, y felices días.

    Comentado por: Jesús Ferrero el 29/9/2015 a las 17:33

  • Sr.Jesus Ferrero
    Es usted un escritor extraordinario.
    Un Saludo desde Grecia y muchisimas gracias.

    Comentado por: Anastasia Babalouka el 08/9/2015 a las 17:01

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Biografía

Jesús Ferrero nació en 1952 y se licenció en Historia por la Escuela de Altos Estudios de París. Ha escrito novelas como Bélver Yin (Premio Ciudad de Barcelona), Opium, El efecto Doppler (Premio Internacional de Novela), El último banquete (Premio Azorín), Las trece rosas, Ángeles del abismo, El beso de la sirena negra, La noche se llama Olalla, y El hijo de Brian Jones (Premio Fernando Quiñones), y Doctor Zibelius, de reciente aparición. También es el autor del ensayo Las experiencias del deseo. Eros y misos, galardonado con el premio Anagrama, y del poemario Las noches rojas (Premio Internacional de Poesía Barcarola).

Es asimismo guionista de cine en español y en francés, y firmó con Pedro Almodóvar el guión de Matador. Colabora habitualmente en el periódico El País como crítico literario, y como reportero en National Geographic.

Su obra ha sido traducida a quince idiomas, incluido el chino. 

Bibliografía

Las abismales. Premio de novela Café Gijón (Siruela, 2019)

 

 

 

Nieve y neón (Siruela, 2015) 

 

Doctor Zibelius (Algaida, 2014)

La noche se llama Olalla. (Siruela 2013)
La noche se llama Olalla

El hijo de Brian Jones (Alianza Editorial, 2012)
El hijo de Brian Jones

 Balada de las noches bravas. (Siruela, 2010)
 

Las experiencias del deseo. Eros y misos (Anagrama, 2009)

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