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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

sábado, 5 de diciembre de 2020

 Sergio Ramírez

Horno al rojo vivo. Prólogo censurado a la antología de Carlos Martínez Rivas

A la hora del desayuno de mis tiempos oficiales en el gobierno de la revolución ya estaba allí el correo de Carlos Martínez Rivas como si una mano invisible lo hubiera dejado sobre la mesa: un sobre de manila que había tenido antes otro uso, rotulado con su letra escolástica, firmes y elásticos arabescos de tiempos de empatador y tintero que enlazaban con sus rúbricas, como virutas, unas palabras con otras. Caligrafía de alumno díscolo del Colegio Centroamérica de Granada junto al Gran Lago de Nicaragua, mimado de los jesuitas, sobre todo del poeta navarro Ángel Martínez Baigorri, su mejor maestro, y mimado de las musas. Dóctor, se dirigí a mí en el sobre, o Doktor. Él era the poet, nada más el poeta.

Ya estaban allí también los informes oficiales, los recados tempraneros, los partes y las tiras de telex que ya no existen más, pero la avidez me llevaba de primero a rasgar el sobre de Carlos para encontrar, sino era otra vez su testamento ológrafo, porque varias veces fui su heredero universal honorífico y legatario otras tantas veces de su biblioteca, disposición esta última que llegó a anular bajo el temor, sic, de que "la convertiría en una biblioteca popular", sus poemas aún envueltos en el dorado calor del horno: madeleines para mojar en la taza de te de tilo a la hora del asma en Combray, croissantes para comer de pie junto a la barra en los desayunaderos de piso cubierto de aserrín de la rue Monsieur-le-Prince, muy al alba aguardentosa, hora de la alta resaca, mareo nostrum, los tiempos aquellos  en que Octavio Paz lo recuerda aparecer entre los amigos de la inquerida bohemia con una guitarra y una botella llena de ron.

Su casa de Managua en el barrio de Altamira, uno de esos colmenares construidos después del terremoto, era como una panadería. Aunque alguien dijera por allí, quizás nosotros dos mismos conversando en eterna risa que ya traíamos muertos de risa desde los años ejemplares que compartimos en la década de los setenta en Costa Rica, que él llamaba con risa Costa Risa, encerrados en mi oficina burocrática de San Pedro de Montes de Oca, o en su celda monacal del falso Hotel Sheraton de la Avenida Central de San José, nombre ampuloso para un albergue de media mala muerte que sus propietarios chinos habían inscrito en el registro de marcas y no había trasnacional del mundo que pudiera quitarles, o como una ocurrencia más de aquellas de las tertulias de anochecer discutiendo literatura con José Coronel Urtecho a la luz de lámparas tubulares en el corredor con barandas de la hacienda Las Brisas que daba al Río Medio Queso anegándose en tinieblas, aunque alguien dijera, digo, cualquiera de nosotros dos, que más que una panadería se trataba más bien de una cueva, la cueva de Altamira con sus bisontes en la pared y el minotauro hidrópico que era él mismo paseándose en pelota entre esos muebles que no eran de hogar, sino de oficina de impuestos porque casa y muebles se los había proveído el gobierno, para qué más servía una revolución sino para amparar a un poeta, acaso sobre su desnudez una robe de chambre amarilla como una capa pluvial esponjándose en el aire tibio de la mañana. Y el espejo y la navaja de afeitar cruzados sobre la bacía llena de espuma de jabón. Cueva, o torre.

A esa puerta de la panadería de Altamira en la Managua que hervía a cuarenta grados centígrados llamó Graham Greene un mediodía de los dichosos años ochenta y el panadero barrigón en robe de chambre amarilla, válgame Dios, pelo hirsuto y labios tumefactos, abotagado de gin barato como aquel de la Fábrica Nacional de Licores de Costa Rica, comprado por cuartas en el Chellez Bar y que sabía a Pinesol, no le quiso abrir, y our man in Managua se quedó en el porche donde crecía feraz, el monte. La zarza ardiendo. Llamó con mejor suerte Mario Vargas Llosa, suerte que conocía a Blanca Varela y tuvo entonces entrada, y en la boca del horno le propuso al fauno comprarle su tomo crítico de las cartas de Flaubert, un viejo Flammarion de postguerra, y no se lo quiso vender, ni por todo el oro del mundo, me dijo luego esponjando en orgulloso disgusto la boca.

Por nada del mundo vendería tampoco la reproducción de la foto de Baudelaire, obra de Nadal, fijada con chinches al estante, pero quién quita un día de estos se la roban, como tantas cosas que desaparecen aquí, en toda fábrica de pan ocurre, se roban los huevos, la mantequilla. Hasta los moldes. Tanto derelict (palabra suya preferida=a social outcast, vagrant) rodeando a su dioscuro coronado de pámpanos, pululando ya de noche entre los sacos de harina, hurgando entre los desperdicios, un cardumen de gorgojos que busca pedacitos de gloria, fragmentos brillantes dispersos por el piso sin barrer, y a quienes el panadero de barba entrecana, una barba de días, gozoso de su papel, dirige como si se tratara de las pulgas amaestradas de un circo venido a menos.

En ese cuarto  ¾la alacena¾  están los libros en sus estantes y los viejos periódicos arpillados en mesas y en el piso donde andan los gatos, el viejo Poe que bota a su paso pelambre, el primero. ¡Amontillado! ¡Quién tuviera a su disposición un barril de amontillado aunque fuera en el rincón de la escena de un crimen! Huele por doquier a alcohol derramado, a orines estancados, a materia fecal, a desperdicios de cocina; pero aquí en la alacena toda la materia prima es apetitosa, aceite, harina, azúcar, sal: son los libros sabios y suculentos que uno siempre quisiera leer, libros citables, precisos, suficientes para confeccionar las hogazas de pan que se sirven en la fonda de Henry Fielding (Tom Jones, expósito, Libro I, Capítulo 1): los formidables portables de Penguin, ese Edmon Wilson, por ejemplo (y se colocaba imaginariamente el tomo bajo el brazo, dando un orgulloso paseo). O el sólido bollo, harina y levadura, que es Judas the obscure de Thomas Harding, y qué me decís de Sons and Lovers de D.H. Lawrence, ¿y Der Tod des Vergil, de Hermane Broch?, la muerte de Virgilio, no menos que la otra muerte, La muerte en Venecia, Der Tod im Venedig de Thomas Mann, y Dirk Bogarde sudando en la barbería funeraria bajo el maquillaje espectral. Una pronunciación espaciada, declamatoria, de cada título, el goce sapiente de cada palabra, como lo haría seguramente en las tertulias de cinco de la tarde Alexander Pope conversando con Orlando, el caballero-mujer de Virginia Wolf.

Libros arrastrados en el aluvión de su vida, piedras, lodo, amores perdidos, guitarras despanzurradas como aquella su guitarra en bandolera con la que lo vio llegar Octavio Paz, Carlos trastejando las cuerdas en el bar ya sin clientes del Hôtel des Etats-Unis, y otros amaneceres con Blanca Varela, y  Fernando de Szyslo, y Julio Cortázar, y Ernesto Cardenal,  todos juntos en aquella mesa del fondo que se aleja en un zoom inverso hasta que el obturador de la cámara se cierra en oscuridad, eternos desconsuelos, rencores de bolero, él, que como San Juan de la Cruz lloraba por verse postergado, (a ti te premian, a mi me plagian, le dijo en un poema a Octavio Paz), manías persecutorias, desprecio fementido de la fama.

Lecturas insuficientes: no hay lecturas suficientes, Doktor, porque ser sabio del todo sería como la muerte según el Doktor Faustus de Thomas Mann. Libros metidos en cajas de leche condensada para atravesar el mar, handle with extreme care, y los que se quedaron perdidos en París, y los otros abandonados en el apartamento de Argüelles en Madrid cuando fue el consejero cultural de la Embajada de Nicaragua que deambulaba por los bares hasta las claras del alba, y los que reposan aún en una oscura bodega en Los Ángeles, California, en espera del regreso de su dueño, el empleado de aduana marítima, puntual cuando no estaba en las cantinas, de corbata y cuello duro, mangas cortas, un clerk, como Rosseau el aduanero de los leones apacibles en azul nocturno. Igual a como vestía cuando lo conocí en León en tertulia improvisada, en la casa de Edgardo Buitrago en mayo de 1964, yéndose ya a España a asumir su puesto en la embajada, y yo a Costa Rica a asumir el mío en el Consejo Superior Universitario Centroamericano, clerk=la persona que realiza tales funciones como llevar registros y atender correspondencia, el clerk (oficinista) que guarda en una gaveta del escritorio el libro que lee furtivamente, talvez las poesías escogidas de William Blake, talvez las de Emily Dickinson: At last, to be identified!/At last, the lamps upon thy side/The rest of life to see! (¡Al fin, ser identificado! ¡Al fin las lámparas a tu lado, lo que queda de vida para ver!)

Después, en esa casa de Altamira, la cueva que fue panadería, estaban las sartenes, colocadas en orden, donde esperaban para entrar al horno los textos en proceso (work always in progress). Se ve lo que no se toca. Carpetas rotuladas con plumones violeta, negro, marrón, a las que nadie puede asomarse, y sin embargo, todo mundo se asoma, todo mundo se siente en esta feria con el derecho de secuestrar esos manuscritos (mecanoscritos) para llevárselos como souvenirs, travestis sin fortuna, efebos indefensos como aquel del dormir plácido en el sótano del Louvre, erinnias mal disfrazadas de monjas, o peor, de vedettes, o de vampiresas, putillas, poetillas: si no estuviera el otro. El difuso terco mundillo del amanecer. La pululante línea de la imperfección y el anonimato...

Y finalmente el horno, la máquina de escribir, seriamente colocada sobre el escritorio de contador segundo, frente al sillón de vinilo estacionado a la distancia precisa. Su firma al pie de cada poema, cmr. La manía cmr ha llegado a consistir en sus constantes denuncias contra los tipógrafos primero, y las operadoras de computadora al acabarse los tipógrafos, porque cometen demasiados errores y arruinan los textos ¡La fatalidad de una letra trastocada, de la línea de un verso mal cortada, traiciones a la fidelidad! De modo que las cuartillas salidas de la máquina, y tecleadas con primor maniático¾a veces con subrayados en rojo (llegó la hora en que esas cintas de máquina de dos colores dejaron, alas, de existir) iban directamente a la plana del suplemento literario, fotografiadas en vivo. Si es que iban, porque había aún una mejor manía, la de negarse a publicar sus poemas.

Pasaron los años. El horno, con su rojo fulgor de infierno, aventando chispas por la boca que traga las sartenes, no hay modo que no siga encendido en la cueva desierta del panadero que toda la vida pasó aprendiendo a actuar, a vivir, a beber como Baudelaire, la perfomance de su vida que fue toda su vida. Suyo el rescoldo del absintio, suya la resaca del ajenjo que tiñen de verde las llamas del horno y el cielo del paraíso, infierno de cielo. Un ensayo de infierno. Ensayo con trajes, hoy, general rehersal, y la gran gala, poet, suspendida por fuerza mayor. Pan duro, duro aprendizaje. La última sopita. La cama final de la sala J del Hospital Militar de Managua.

El coche funerario arrastrado por la pareja de caballos enclenques de cabezas empenachadas y los lomos cubiertos por un velo negro como de mosquitero, va por la Calle Real de Granada mientras los transeúntes se alinean extrañados en las aceras porque detrás la banda militar toca marchas dolientes. Y no hay manera que se aparte de la cabeza del muerto eximio el recuerdo implacable de su madre endeudada que se suicidó porque había dispuesto de las joyas que el Monte de Piedad le confiaba para colocar, sólo para que el hijo se hiciera poeta en París, el hijo pródigo, el hijo prodigio.  Y la edición príncipe de un mil ejemplares de La insurrección solitaria, su único libro que siempre crecía o disminuía, según el caso, que se trajo de México casi íntegra y se comieron la humedad y las polillas en la bodega de un beneficio de café de la hacienda de un pariente suyo, cercana a Managua. ¿Hay un ataúd que clavan con gran prisa en alguna parte? Ce bruit mystérieux sonne comme un départ...

Y vestido ya para la gran gala, según la foto de Nadal, mantos y mangas de mujeres lo depositan en la obscura y helada tumba que se buscó. Y que viene a ser lo mismo según su San Malcolm Lowry y el mío, la oscura tumba donde yace mi amigo.

[El Gobierno de Nicaragua veta a Sergio Ramírez]


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[Publicado el 15/12/2008 a las 06:00]

[Etiquetas: Nicaragua, censura]

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Comentarios (20)

  • HIJOS DE PUTA LES ENCANTA MAMARSE LA VERGA PUTOS METANSE ELDEDO POPR EL ORTO CABRONES PENDEJOS Y GRITAN AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAC..!!!COJANSEPINCHES GAYS LES FALATMAMAR LAMANSE EL PIO CABRONES Y GRITEN DE PLASER CUNDO SE LOS ESTEN COJINDO PUTOS

    Comentado por: PITO PARADO el 27/12/2009 a las 23:31

  • yo creo q todo lo q dijeron es toda UN A PINCHE MIERDA Y TODOS UNSTEDES ESTAS PENDEJOS COÑOS BOLA DE PUTOS VAYANSE A LA VERGA
    PÙTOS Y YA SABEN DONDE VIVO PUTOS HEHEHHEHEE
    BOLA DE MIERDAS
    OK SHIT FUKC YOU

    Comentado por: yoni el 25/11/2009 a las 00:20

  • Es inaceptable que se imponga la censura a un escritor como Sergio Ramírez. No existe causa alguna que lo justifique. Voces como la de él hacen falta en este mundo desposeido. Saludos calurosos desde la fría Finlandia a este muy respetado escritor.

    Comentado por: Ana María Gutiérrez el 25/12/2008 a las 20:18

  • Pienso que censurar a un autor por venganza personal es una bajeza payasesca.
    Cualquier acción que ayude a minar el poder de un gobierno dictatorial como el de Nicaragua, debería ser apoyada más que criticada.

    Comentado por: amalia el 16/12/2008 a las 04:53

  • Don c_lacayo:

    Sergio Ramirez como vicepresidente no envio a ningun escritor a la carcel ni le hicieron ningun juicio a intelectuales. Ni censuró libros o prólogos. Cuáles son los ejemplos? Cuales son la pruebas objetivas? recuerde que eran los 9 comandantes quienes mandaban en la Rev. sandinista! y Sergio Ramirez no era ningun comandante del Frente...
    Leer la historia por favor

    Comentado por: Renato el 15/12/2008 a las 22:57

  • Pena, penita, pena, Nicaragua. ¿Y adónde se fueron la maravillosa Carla y su desgarradora canción? ¿Es que, así como existen los círculos viciosos, existe el círculo latinoamericanoso? ¿Estamos condenados sin redención posible? Y cuando ya, por la fatiga de los siglos, parecía que la caspa y la legaña comenzaban a quedar en el pretérito plus cuam imperfecto, surgen nuevos caudillitos (elegidos en las urnas, eso sí) cuya primera y patriótica y revolucionaria medida es asegurarse la reelección (en las urnas, eso sí) per secula seculorum. Pena, penita, pena.

    Comentado por: Jorge Barril Villalobos el 15/12/2008 a las 22:54

  • Es inaceptable el veto de un gran escritor como lo es Sergio Ramirez, que es fiel y consecuente con su obra y la magistralidad de otros autores a que sea veto su prologo del excelente proyecto que elaboro otro de los ya clasicos vivos, el mestro Cabellero Bonald. Como poeta me sumo a la protesta de muchos de mis colegas escritores que le exigimos al gobierno de Nicaragua la pronta solucion de este letigio, pues ningun gobierno es dueño del patrimonio cultural de una nacion.

    Comentado por: Jorge Enrique (Seattle, USA) el 15/12/2008 a las 22:13

  • Bien por Sergio Ramírez, que al ser vice presidente de Nicaragua en los años 80, no pensaba esta alma escritora y de libre pensamiento que existía opresión de su gobierno y de tantos males que siempre la oposición saca a relucir de la revolución de la cual es fue participe y por la cual le fue de gran relevancia para darse a conocer aun más como escritor, me extraña que el habiendo participado en un proceso revolucionario no se de cuenta de esta situación, así que por favor señor un poco de decoro con lo que dice.

    Comentado por: c_lacayo el 15/12/2008 a las 22:02

  • El instituto nicaraguense de cultura es dirigido por personas incapaces, que en lugar de promover a los autores nacionales como Carlos Martínez e incluso Sergio Ramírez, se basan en intereses absurdos de poder para tomar decisiones tan incoherentes como la de vetar este prólogo. Ya quisiera Luis Morales, el director de dicho instituto, o su subordinado cuyo nombre no recuerdo, tener la calidad literaria y el reconocimiento que posee Sergio no sólo en Nicaragua, sino en América Latina. Su pequeñez, servilismo e ignorancia los convierte en mandaderos de un poder ridículo. Sólo puedo decir pobres almas de cántaro, como me enseñó mi abuelita.

    Comentado por: Alicia el 15/12/2008 a las 20:48

  • En calidad de nicaraguense rechazo cualquier manipulacion de parte del prestigiosa diario español El Pais , de igual forma el personalismo y la estulticia con que Sergio trata de victimizarse , existen muchas subjetividades de parte del Escritor.

    Comentado por: Fèlix Dìaz el 15/12/2008 a las 20:15

  • Hablaremos de usted en Alenarte I.

    Comentado por: alenar el 15/12/2008 a las 19:18

  • España debe saber que en Nicaragua estamos de nuevo sufriendo una dictadura, y que hay una persecución contra medios de comunicación, artistas, escritores y todo aquel que se manifieste públicamente en contra de las arbitrariedades que Ortega esta cometiendo contra los ciudadanos nicaragüenses. Sergio Ramírez, Ernesto Cardenal, el padre Boshi y una lista larga de ciudadanos están siendo castigados y perseguidos por la maquinaria tiránica de Daniel Ortega, simplemente por que han tenido el coraje de decir la verdad.

    Comentado por: Alfonso Hernandez el 15/12/2008 a las 18:59

  • Es verdad es solo un Prologo. Unas palabras de introduccion a un logos. Un Pro, que alaba, adula, tira flores, enamora, e inenta seducir sino al logo, al autor del logo, mas aun el autor es el logo encarnada en su propia palabra. Pero un logo finito, mortal, poseido por la sensualidad, la materialidad y en definitiva mortal, recordado por los vivos por el logos, el fictum y la vanidad. Prosigo, no es un Pro al logo que a simple vista haga "Politica Partidaria", sino "POLITICA POETICA". y lo es porque, la politica es la ciencia del bien vivir en comunidad, en polis y solo en un segundo momento es ejercer un buen gobierno en la polis (ciudad y ante los ciudadadanos). Pero no hay vida humana sin comunion politica, sin relaciones politica y no necesariamente partidaria, porque la politica partidaria es solo una segmenacion interesada de la politica civica.Pero hemos dicho que este PRO es POLITICA POETICA, y lo es, porque por un lado, es un Pro-Ramiriano que introduce al lector del buen gusto a uno de los pilares de la poesia siglo veintiuno nicaraguense, un poeta y una poesia que constituye por si misma ya su propia presentacion. El Pro Ramiriano, solo hace tributo a algo o un algo que por si misma habla. Este pro ramiriano, le habla a la ciudad, le recuerda al ciudadano del logos, de la poieses, y por ello del autor, pero no solo eso, es un Pro que desvela mas alla del autor, al actor, al personaje, quien siendo el mismo, logos y fisicalidad, la fisicalidad yace depositada en un Ataud y un logos poetico que la hace honor a su creacion, sin poderese separar jamas su frio cuerpo impasible e insensible con una palabra literaria lograda a lo largo en que la materia psiquica viva aun podia cinselar la palabra en la palabra.- El Pro Ramiriano, no es en si misma el comunicacion oficial de prensa del MRS, ni la denuncia politica partidaria de sus propias aficiones politicas, sino una valoracion bondadosa de una persona que en su bondad dejo regalos de sabaduria poetica.- Jamas la palabra poetica y la poesia, el pro de un pro-logo, por el logos poetico, pudo ser realmente valorado sino por un poeta.- Las lecturas interesadas y partidarias son visiones falseadas, turbias y gris de lo que jamas se ha visto sino como penumbre.- Dr. Ramirez. Saludos a usted y memoria al Poeta en su Poesia, Jose Coronel Urtecho.-
    Aladielh,
    Querub

    Comentado por: aladielh el 15/12/2008 a las 18:47

  • Vean el caso de Cuba, alli hay censura virtual pues el Internet esta bloqueado para los cubanos excepto para los dirigentes, escritores ovejas que no diran nada al exterior por la cuenta a Internet que les "regalo" el gobierno. La otra es la censura impresa con tres diarios del gobierno tambien y censura para no publicar a muchos ecsritores cubanos como Pedro Juan Gutierrez, etc.

    Es bueno que Sergio Ramirez defienda el derecho a no permitir aquello en Nicaragua. Fue el Instituto Nicaragüense de Cultura quien veto el prologo por orden del gobierno o por orden de esos escritores del FSLN (detras esta Rosario Murillo haciendose la mosquita muerta en todo esto) que es lo mismo. Hay que denunciar eso porque para alla va Ortega queriendose quedar indefinitivamente en el poder como Chavez.

    Comentado por: Roberto Torres el 15/12/2008 a las 18:41

  • No hay censura sino autopropaganda del autor

    Comentado por: manuel el 15/12/2008 a las 17:48

  • He leído el prólogo. Me gustó, pero no encuentro el por qué de la censura (Si hay un por qué para censurar). De todos modos: ¿qué clase de gobierno revolucionario es ese que ignora que la revolución se encuentra en internet, donde todos podemos ser guerrilleros por un día? Un saludo y ánimo.

    Comentado por: Esteban el 15/12/2008 a las 17:42

  • El escándalo de la censura a Sergio Ramírez está hinchado hasta reventar. Lo que no es más que un acto de enemitad hacia su persona de parte de los propietario de los derechos de la obra de Carlos Martínez Rivas se presenta como un caso gravísimo de censura. ¿Cómo se van a calificar entonces a los verdaderos casos de censura grave? ¿De genocidios? Las maneras y la actitud del Instituto Nicaragüense de Cultura son discutibles y criticables, pero todo este circo montado en torno al asunto apesta a intereses políticos por todos lados, empezando por el del propio Ramírez. Exagerar los problemas hasta lo ridículo no va a ayudarle en su combate contra la actual dirección sandinista, al contrario, esta apoteosis de victimismo resulta irritante para cualquier observador imparcial. Y anunciar la publicación del prólogo en su blog como si ese fuera el único espacio posible para hacerlo es tomar al lector informado por tonto. Qué bueno que lo publique y qué bueno que además el prólogo sea tan interesante. Es una pena que la intrasigencia de Instituto Nicaragüense de Cultura impida que esté en el libro. Pero señores dejen de manipular tanto, que da hasta vergüenza.

    Comentado por: Bernal el 15/12/2008 a las 17:12

  • Me alegra que pueda difundir el prólogo.
    Se podría hacer la publicación de los poemas de C.M.Rivas a continuación por internet. Si es un caso de venganza personal, bien puede ser burlada. Si no está tan clara la pertenencia legal de los derechos de autor, podrían atreverse a publicarlo.

    Comentado por: amalia el 15/12/2008 a las 16:32

  • Qué absurdo que pudieran pensar que en estos tiempos de internet, algo pueda vetarse, censurarse, ocultarse.
    Gracias por compartirlo.

    Comentado por: Jacinta el 15/12/2008 a las 16:28

  • Sigo mal el texto pero volveré para leerlo despacio,no conozco el contexto y eso lo hace más difícil, pero quería solidarizarme con usted y saludarlo

    Comentado por: claras del alba el 15/12/2008 a las 06:24

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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