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Editado por La Oficina del Autor

viernes, 16 de mayo de 2008

Blog de Sergio Ramírez

V. La Diosa de la guerra

/upload/fotos/blogs_entradas/silda_wall_spitzer_med.jpgSilda Wall representa en el escenario el papel de la esposa  que pone la cabeza entre las fauces del monstruo que se prepara con gusto a devorarla. Si pudiera fingir que no se siente humillada, si pudiera borrar de su rostro los trazos del desvelo, y las huellas del llanto, sería mejor. No puede decir nada, nadie le pregunta nada. Su papel es estar allí, y aguantar, en nombre de la institución de la familia.

He averiguado como se llama, y también quién es, qué hace. Una abogada corporativa graduada en la escuela de leyes de Harvard, que se vanagloria de que su nombre es una derivación de Serilda, la diosa teutónica de la guerra. Pero no está aquí, bajo las luces, para pelear ninguna guerra. Ya la perdió de antemano.

Y el novelista se pregunta: ¿qué pasará con ella lejos del resplandor de los focos, lejos del cadalso? ¿Cómo vivirá esta mujer tras las bambalinas el episodio que de acuerdo a las leyes de la moral pública le toca cumplir en el escenario, como una actriz disciplinada? Si se hubiera negado a comparecer, y hubiera exigido en cambio quedarse en su casa, la vindicta pública se volvería contra ella, por atentar contra el edificio de la institución familiar, siendo ella, la esposa, el pilar maestro.

E imagínenla anunciado que se divorcia; entonces pasaría ella a ser la pecadora que merece lapidación.

[Publicado el 28/3/2008 a las 07:00]

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Comentarios (4)

  • Perdòn, estaba viendo la otra foto. Respecto de la controvertida solo me queda decir lo que se me cruzo por la cabeza ayer: Que "El rostro de la señora Spitzer" seria un buen titulo de novela. Pero insisto, ¿Que es la misteriosa cajita?.

    Comentado por: Namor Adenip el 28/3/2008 a las 15:42

  • Bonita foto.
    Lo veo sonriente, satisfecho. Un pequeño librero, que me imagino guarda celosamente la obra de Turguenev, un tablero, intacto, de ajedrez, un vasito medio lleno (¿O medio vacio?). Toda la foto dice mucho, muchisimo. Lo que no logro identificar es la cajita en medio del tablero. Cuenteme ¿De que se trata?

    Comentado por: Namor Adenip el 28/3/2008 a las 15:36

  • "pero ya no bajo la égida ni los errores del marido"

    Comentado por: HjV el 28/3/2008 a las 09:17

  • RETRATO DE FAMILIA

    La veo humillada pero altiva.

    Silda Wall compareció allí donde normalmente otras mujeres –con justificación- evitan presentarse. ¿Qué culpa tiene, después de todo, una persona por los errores de su compañero? Es decir, ella dio lucha, dio pelea. La guerrera no se escondió.

    Veo dolor y entereza en su rostro. Fidelidad, pero no infinita. Y una cierta solidaridad con quien debe -todavía- querer. Veo a alguien a quien las duras circunstancias han llamado a salir al frente y pararse al borde del precipicio. Y ella, guerrera, se ha atrevido, a pesar del precio a pagar; suma que es posible casi palparse con los dedos en las imágenes.

    El rostro de Spitzer, en cambio, es un patético -plástico, en sentido escultórico- ejemplo de la terrible marca que pueden moldear en una persona las enseñanzas dogmáticas de una represiva educación religiosa –él es judío- y que tiene en el llamado Cargo de Conciencia, en la vergüenza moral y el arrepentimiento, tanto sus más temibles armas como las más vulnerables.

    La fotografía en la que él esconde sus labios frunciendo la boca, es la imagen exacta de lo que debe estar sintiendo por dentro. No es una pose. (O merece un Óscar.)

    Por otra parte, disiento con lo último.

    Anunciando el divorcio, la Wall se convertiría en una heroína: la droga con la que recién muchas mujeres pueden atreverse a hacer su propia vida, sus propias cosas, lo que les dicta su propia mente, pero ya no bajo la égida del marido.

    http://hjorgev.wordpress.com/

    Comentado por: HjorgeV el 28/3/2008 a las 09:15

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/

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