El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
IV. Un cerdo triste
Componente cultural infaltable, chispa del genio total americano, lo negro y lo mulato eran en el criterio europeo del tiempo que tocó a Rubén Darío, más bien parte capital del estigma. Y él mismo cargaba con ese estigma que había ayudado a crear.
Para los intelectuales españoles de finales del siglo diecinueve, que veían deshacerse para siempre al viejo imperio tras la pérdida de sus últimas posesiones en América a raíz de la guerra de 1898 contra Estados Unidos, negro, mulato e indio viene a ser la misma cosa exótica, la cosa americana lejana.
Es de sobra conocido que don Miguel de Unamuno le vio a Darío "ceñida la cabeza de raras plumas". Otros, recuerda Gastón Baquero, lo llamaban "negro mulato" en afán de mortificarlo; y en Luces de Bohemia, la pieza de Valle Inclán de la que Darío es personaje, Max Estrella, el ciego, lo llama "negro" en la quinta escena:
MAX: ¿Qué tierra pisamos?
DON LATINO: El Café Colón.
MAX: Mira si está Rubén. Suele ponerse enfrente de los músicos.
DON LATINO: Allá está como un cerdo triste.
MAX: Vamos a su lado, Latino. Muerto yo, el cetro de la poesía pasa a ese negro...
[Publicado el 25/1/2008 a las 08:15]
[Etiquetas: Rubén Darío]
@Lolichka:
¡Peras le pides al olmo!
Por mi parte, amo la España de la literatura; la de la conversación y la risa fácil; la España de la amistad y del arte; la de Picasso y Dalí, Goya y Velásquez; la de Cervantes y el Lazarillo de Tormes; la de Manrique, Quevedo y Bécquer; la de Salinas y Gamoneda; la de los pueblos sencillos del norte y del sur, este y oeste; la de sus excelentes museos; la del Mediterráneo y sus grandes cantantes y cantautores; la de sus grandes cineastas, actores y actrices; la de Almodóvar y Buñuel; la de sus grandes cocineros y gastrónomos; la andaluza con sus grandes ganas de vivir y gozar de la vida y su fantástica música; la España de los libros y sus librerías; la de Mendoza y Vila-Matas; la de Forges y El Roto; la de Savater, Lázaro Carreter y Haro Teglen; la de las arquitecturas de Barcelona y Madrid (mucho no conozco); la de El País y Babelia; en fin, la España culta, alegre y memoriosa.
Un saludo desde Colonia
http://hjorgev.wordpress.com/
Comentado por: HjV el 28/1/2008 a las 08:09
de acuerdo contigo HjV, al decir que difícil de asimilar (y tú observas que de "entender" puede ser un vocablo más cercano) me refiero precisamente a que no pueden ser lo mismo uno y otro, como quieren o querían vernos los españoles que vinieron a devastar nuestra América.
tienes razón al decir que el racismo es una de las herencias nefastas que nos legaron los españoles, para quienes fuimos una cantera de oro y plata, y encima, no lo reconocen tal cual. ahora, cuando es nuestra gente la que emigra a sus tierras, se permiten despreciarlos, y continuar con la cadena de discriminaciones que ya hace seis siglos comenzaron. es decir, aprendieron poco o nada los españoles de su relación con la llamada América hispana, y demuestran con frecuencia que no reconocen ninguna deuda, en el colmo del cinismo y la insensibilidad.
como en todo, hay excepciones, pero estas siguen siendo minoría, y de Madre Patria no hay nada, hasta madrastra aceptamos, y esto es porque la lengua nos une indisolublemente. una lengua hermosa de la que no cabe renegar, pero que todavía está plagada del discurso seudopaternalista, vertical, en el que nosotros los latinoamericanos siempre quedamos abajo.
no creo que haya español que ose sentirse ofendido de esto que decimos, pues si tienen un ápice de honestidad reconocerán que siguen con una deuda impaga, que aún tomará otro siglo, por lo menos -imagino yo- para medio equiparar, si es que estuvieran dispuestos políticamente a hacer una transformación digna, desde este mismo instante.
Comentado por: lolichka el 27/1/2008 a las 22:32
¿Difícil de asimilar o entender? ¡Al contrario!
Justo acabo de dejar el siguiente comentario en la bitácora del señor Fogel.
(Pido disculpas si entre los lectores españoles existe alguno que se sienta directamente aludido, es decir, que tenga, por lo menos, unos 185 años de edad y haya estado involucrado directamente en lo que manifiesto.)
Entre los errores y omisiones más frecuentes que se cometen cuando se trata ese fenómeno llamado Latinoamérica, está el de creer que nuestros países son ‘independientes’ desde comienzos del siglo XIX.
La confusión proviene de creer que esa llamada independencia la alcanzaron las etnias que poblaban gran parte del continente americano antes de la invasión española que se sigue llamando vergonzosamente ‘conquista’.
¿Qué sucedió para que la Corona española se decidiera a rendirse y a soltar la presa que llevaba bien sujeta durante tres siglos? ¿Por qué no lo hizo uno o dos siglos atrás?
Existían/existieron varios factores y razones. Empero, considero a uno, como el primordial.
¡Se habían acabado el oro y la plata ‘superficiales’ que al comienzo se habían tenido que llevar como único cargamento de barcos enteros!
Barcos llenos de oro y plata que atrajeron pronto a los llamados piratas, que no eran otra cosa que emisarios, corsarios, de los demás países europeos ¡que no querían quedarse sin su parte del pastel metálico!
Cuando ya no había mucho para saquear y se tuvo que empezar a sacar el oro y la plata con verdadero esfuerzo de parte de quien lo organizaba (ya no solo con el esfuerzo y la sangre de los aborígenes), entonces el español se cansó.
Latinoamérica, como por arte de magia, dejó de ser interesante.
(Ahora vuelve a serlo y ya se ve cómo el imán atrae a los españoles, felizmente, bajo otras reglas de juego. Me refiero a los consorcios hispánicos.)
No es, pues, una casualidad que las fechas de nuestras llamadas independencias sean casi inmediatas a la desaparición de los últimos piratas.
¿Qué dejaron atrás los españoles en nombre de la Corona española y el Cristianismo?
Tres Siglos de Barbarie: genocidio, expoliación, rapiña, saqueo, robo, aniquilación de varias grandes culturas y de por lo menos dos grandes sistemas sociales que realmente funcionaban exitosamente como tales.
Además de un maligno racismo, una nueva religión y abusos en todos los niveles posible. Todo eso a lo largo de TRESCIENTOS AÑOS.
Para mí, lo peor que dejaron fue su sistema de vida, el colonial, y el racismo. Es decir, que el que tiene la sartén por el mango o las armas en la mano –estando desarmado el otro, casi siempre un indígena- tiene derecho a convertir en esclavo a quien pueda.
¿Al independizarse nuestros países, tomaron las riendas del nuevo futuro las etnias que habían sido esclavizadas durante esos tres siglos?
¡Por supuesto que no!
Fueron los criollos, los descendientes directos de los españoles pero nacidos en América los que, sintiéndose con los mismos derechos que los peninsulares, iniciaron los primeros intentos de esa llamada independencia y los que después se quedaron en los respectivos gobiernos.
No los cholos, ni los indios, quienes no habían tenido acceso a la educación ni al progreso a lo largo de 300 años y no sabían leer ni escribir.
(El primer presidente cholo del Perú, Toledo, llegó a serlo, nada menos que ¡casi DOS SIGLOS después de la llamada independencia de mi país! Y esto, sin tener en cuenta que se trata de un ‘cholo’ solo por su aspecto.)
Así, ha transcurrido el destino de nuestros países hasta no hace mucho. Recién ahora es posible ver que las clases gobernantes han ido “acholándose” (en varios sentidos) cada vez más: recién en los años 70 se intentó hacer una –catastrófica- Reforma Agraria en el Perú, por ejemplo. Muchos presidentes latinoamericanos el día de hoy no son de origen europeo.
Pero no hay que engañarse: el que un gobernante no sea de origen europeo, no significa que la realidad haya cambiado mucho para la gran masa poblacional. A casi dos siglos de nuestra independencia de la corona española las cosas no han cambiado mucho.
Es algo que se puede ver físicamente en casi todos nuestros países: la pobreza y la ausencia de educación tienen un color de piel y rasgos fisonómicos muy definidos.
No puede ser casualidad, entonces. (Hitler hubiera tenido su propia explicación.)
Ahora que es posible para grandes sectores de la población latinoamericana (los descendientes de las etnias aplastadas por los españoles de entonces) elegir a sus gobernantes, a pesar de seguir en clara y múltiple desventaja tecnológica, económica y cultural, y lo hacen inclinándose por representantes de sus propias etnias, ¡Europa y EEUU se asombran de que el puesto presidencial les quede grande a estos últimos! (Para decirlo benignamente.)
La misma Europa y los mismos EEUU que tuvieron SIGLOS ENTEROS para practicar sus formas de vida y gobierno entre la gente de su propia etnia y su propia cultura; aplastando o asesinando a las de las demás; equivocándose y aprendiendo; aparte de tener casi todas las ventajas (África y Latinoamérica) para conseguirlo y de ensayarlo en campo ajeno.
La Europa invasora, esclavista, pirata, saqueadora, colonialista, misionera, fascista, franquista, nazi, ventajista y asesina de hasta no hace mucho (sigue siendo ventajista, hoy porque el elector lo exige), ahora mira su progreso y su ‘avance’ (pisar sobre las cabezas de otros indefensos y olvidarlo cómodamente no puede llamarse verdadero avance o progreso), pero le falla la memoria para reconocer cómo es que le ha sido posible ir recolectando grandes y más ventajas a costa de África y Latinoamérica hasta llegar adonde está el día de hoy.
Si hay alguna enseñanza clara, práctica y no revanchista, a extraer de nuestra historia y de la de EEUU, es que el racismo, convertido en arma económica y de explotación, es la peor lacra humana de todos los tiempos en cualquier latitud.
Y la más difícil de erradicar.
La otra enseñanza es de Perogrullo: practicar con grandes ventajas en campo, cuerpo, propiedad, bolsillo y sangre ajenos, y aprovecharse de las nuevas ventajas obtenidas para obtener aún más y hacer más indefenso al esclavo u oprimido (postrándolo masivamente en la ignorancia, por ejemplo), siempre es más fácil que tener que empezar de cero.
Latinoamérica avanza así, pues, lenta y frustrantemente; pero lo hace, no solo gracias a sus propios esfuerzos y a pesar de las duras y ventajosas (casi siempre en un mismo sentido, ya saben cuál) reglas de juego internacionales que no inventaron ni impusieron nuestros países.
Lo hace, a A PESAR de esa Gran Burrada y crimen contra la humanidad que fue la colonia española y que le ha costado a países como el Perú, el mío, más de un retraso de 300 años.
Lo curioso es ver que no se aprovecha la gran cultura europea para entenderlo.
http://hjorgev.wordpress.com/
Comentado por: HjV el 26/1/2008 a las 22:48
difícil asimilar para los latinoamericanos aquello de que lo negro, mulato o indio eran una misma cosa exótica para los españoles del siglo 19. no obstante, a don Miguel de Unamuno se le disculpa todo, y más si supo apreciar el genio poético del gran Rubén Darío.
pensar que entre todas esas claras parcelas raciales hay nítidas diferencias, afianzadas cada vez más, que no pueden ser lo mismo el indio con el mulato, aunque este último esté próximo al negro. las diferencias son de varios tipos, culturales para empezar. pero sí es cierto que en cambio la marginalidad/discriminación es un elemento común entre ellos, aún hoy en día.
Luces de Bohemia, hermosa obra, ya bastante representada en el teatro. siempre hermosa, vigente. como toda la literatura buena.
Comentado por: lolichka el 26/1/2008 a las 00:39
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
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