El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 17 de mayo de 2008
V. La edad felíz de Gucci y Vuitton

Recuerdo que en tiempos de la revolución sandinista en Nicaragua, se creó toda una filosofía alrededor de los lujos a que los dirigentes revolucionarios teníamos derecho, por razones de seguridad, lo que al final llevó a la ruina moral. Transportarse en un Mercedes de los confiscados a los funcionarios de la elite de Somoza y a los altos militares, era por razones de seguridad. No se podía ir a los cines como cualquier ciudadano por razones de seguridad, entonces había que tener uno en casa, en tiempos que aquello era una rareza, ya que hoy abundan los home theaters a precios módicos. Lo mismo no se podía ir a bañarse a una piscina pública por razones de seguridad, entonces había que construirse una. Los dirigentes populares terminamos rodeados de muros.
De allí se pasa a los trajes, las corbatas y a los zapatos, que ya no tienen nada que ver con la seguridad. El ministro del Interior de Venezuela, Pedro Carreño, le han preguntado hace poco por qué usaba corbatas Louis Vuitton y zapatos Gucci, a lo que respondió: "no es contradictorio porque yo quisiera que Venezuela produjera todo eso para entonces yo comprar todo lo que se produce aquí y no importar el 95 por ciento de lo que consumimos".
¿Qué les parece la respuesta? Bueno, es una idea de sociedad socialista que un día todos calcen zapatos Gucci y luzcan corbatas Vuitton. Mientras tanto, los únicos que podrán hacerlo son los que predican el advenimiento de esa edad feliz, que puede durar no pocos siglos en hacerse real.
[Publicado el 27/12/2007 a las 09:30]
Zapatos para todos...¿Seguro que querrían llevar Guccis si los lleváramos todos? En Navidad, sobre todo, la distancia entre los que se preocupan de la marca de sus zapatos y los que no duermen pensando qué comerán sus hijos al día siguiente se hace inasumible.
Comentado por: Soledad el 29/12/2007 a las 22:34
Seguramente usted mejor que muchos, por haberlo vivido tan de cerca, sabe lo difícil que es colocar ese deseo tan humano de disfrutar de lo "bueno" y de poseer lo "bonito" bajo control. Poco importa si lo bueno o lo bonito logra serlo porque la publicidad de la cual todos, sin excepción, somos recipientes por no decir víctimas, y no por el valor intrínsico de la cosa o por el valor de la aportación que hace esa cosa al bienestar social. Además, que tentador y seductor es el poder. Dicen, porque nunca lo he tenido, que cuando se tiene, no únicamente es necesario demostrar que se tiene, para mantenerlo, si no que se quiere demostrar que se tiene porque me eleva sobre los demás porque me diviniza, porque me saca del eterno anonimato que martiriza a muchos. Es ese el lugar que ocupan todos los adornos y objetos que por su costo elevado, son de consumo restringido. Accesible únicamente a los que tienen los medios para adquirirlos.
Los que acceden al poder en los países en cambio o en los países que dicen querer el cambio, no son hombres distintos y mucho menos "nuevos". Son igual al resto de nosotros, tal vez más ilustrados o más esforzados cuando lo son, pero iguales en su humanidad, iguales en sus deseos, pasiones y debilidades.
Todos hijos y participantes en el mundo de "tanto vales como tienes". Un mundo no tan nuevo como muchos dicen y que ha tiempo, siglos, utiliza las posesiones y los ornamentos que no son accesibles a todos como símbolos de poder y al fin y al cabo, de ser y valer.
No creo es correcto decir que queremos un zapato Gucci para todos, tampoco un Mercedes. Por atractivo que suene. Por tentador que resulte. Por propagandísticamente efectivo que nos parezca. No es necesario y tampoco conveniente ambientalmente. Si necesitamos techos, comida, acceso a la salud, a la educación, y paz para todos. Ese es el proyecto de la humanidad, el de siempre. Basta con zapatos adecuados para su función y cómodos. Lo demás, todo lo demás es construcción de imagen del poder. Pero suena todo tan idealista, y tan comunista, que tanto la idea como la propuesta resultan inaceptable. Por aquí si hay tela que cortar.
Comentado por: curiosa el 27/12/2007 a las 13:14
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
16/5/2008 18:03
Es muy cierto esa intimidad es...
Publicado por: Ray
16/5/2008 08:51
Publicado por: Rafael
15/5/2008 22:02
Creo que no se trata de alabar...
Publicado por: Alejandro
15/5/2008 15:52
Por honestidad intelectual no...
Publicado por: Nàmor Adenip
15/5/2008 00:37
Publicado por: rolando gabrielli
15/5/2008 00:36
Publicado por: Fran
14/5/2008 22:34
Publicado por: Norberto Fuentes
14/5/2008 21:53
Publicado por: rolando gabrielli
14/5/2008 20:55
Publicado por: rolando gabrielli
14/5/2008 20:44
Antes de hacer la maleta: En...
Publicado por: Cubana
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres