El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 16 de mayo de 2008
I. EL LORO DISECADO
¿Qué cosa es la felicidad?
Suele ser un nombre propio. Así se llama, Felicidad, la vieja criada sumisa que en el momento de su muerte ve volar aquel loro espectral relleno de aserrín en Un alma simple, el cuento de Flaubert. Felicité, Felícita, Felicidad. Toda su vida llamándose Felicidad, paradoja cruel y tan sencilla, y sus recuerdos felices siendo tan pocos sólo alcanzan a hablarle con ecos lejanos desde el fondo de los aposentos infinitos de la soledad.
¿Y qué es la soledad?
También un nombre propio. La felicidad vaciada, el cascarón desierto de risas dichosas y de los ruidos de feria que hace tiempo se apagaron en el corazón simple. Una madrugada levantaron campo los feriantes que van de un pueblo a otro y el baldío lleno de charcos irisados de manchas de aceite amaneció sin un alma, como tantas veces en nuestra desdichada infancia.
El loro disecado de Felicidad, la vieja criada, es un loro solitario. Al final siempre alza vuelo con alborotado ruido de alas y el aserrín que lo rellena escapa por las costuras y se riega en fina lluvia sobre nuestras cabezas.
[Publicado el 27/9/2007 a las 11:31]
Comentado por: HjV el 28/9/2007 a las 00:51
La soledad es la miel que recoge las cenizas que la evaporación del loro deja, tampoco. Menos. Apenas el sonido untado del loro flaubertiano al hacer puf. Humm. Lo pensaré. Lo pensaré.
Comentado por: Topogenario el 27/9/2007 a las 21:19
Justo me preguntaba por estos días si nuestra peor enemiga y amiga, a la vez, era la Soledad. Nos la pasamos defendiéndola -en mi caso es así-, cuidándola como una gran dama, bella y glamourosa, para, cuando nos encontramos con a solas con ella, descubrir que hemos perseguido un simple ideal que solo queremos tener en la vitrina.
Comentado por: HjorgeV el 27/9/2007 a las 16:54
Soledad también es la palabra prepronuciada antes del momento de la solitud. No me recuerdo una vez, claro, con los brazos abiertos en cruz -pero infecundables por la redención-, quizá rellenando mi habitáculo -el último, donde no se abría ningún zaguán, donde el hedor de la abuela había nacido con su muerte-, obvio, apenas tocado por la matematicalidad del silencio, no.
Y claro. Soledad también es la palabra prepronunciada antes del momento de la solitud. Pero no, si se hace palabra. Lenifica. Obvio. Sí. Soledad, hacer palabra, llenar de carne como el plástico aviva un maniquí, claro. Después entrecortar. Sí. Soledad, hacer palabra. Si toma cuerpo: en la ventera que despacha el pan crocante -más crocante-, o quien sirve la crema en el café, la sombrilla alistada para espadar la garúa en la tarde, y quien mama leche de azúcar en el seno materno, eso, propalabrismo. ¿Y qué es la soledad? Por supuesto, eso que uno paga por ver, de pie, obvio, en el espejo, al lado de uno, más huesuda, condescendiente, esa palabra, machucando el nombre propio con absoluta todopoderosidad, material como el lodo. Pero no. Entrecortar otra vez, material, no como el lodo, hasta que pierda sentido.
Obvio. Pero no. Soledad, si apenas es la mano mestiza que acaricia las guayaberas, donde luego plancho mi nombre, físico, pecador. Que después habito con la palabra prepronunciada. Esa. Otra. La que sigue. Obvio. La que sigue, por favor.
Comentado por: Topogenario el 27/9/2007 a las 15:26
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
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