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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 16 de diciembre de 2019

 Blog de Sergio Ramírez

IV. SE CAYERON DEL CIELO LAS ESTRELLAS

Desde el triunfo de la revolución sandinista en 1979, Nicaragua dependía de los suministros militares del campo soviético para sobrevivir. Ahora Gorbachov consideraba a Nicaragua una carga pesada, y quería aliviarla, dispuesto a entenderse con Reagan aún sin la venia de Ortega. Había ya un agotamiento del servicio militar obligatorio como recurso para seguir alimentando al Ejército Sandinista, y seguían creciendo la inflación y el desabastecimiento; y mientras se mantenía el bloqueo de los Estados Unidos, las fuentes soviéticas  que incluían petróleo, materias primas, insumos agrícolas, empezaban a cerrarse. Ortega no podía ganar la guerra, pero tampoco podía permitirse perderla, de modo que la salida única que tenía era la salida política.

La salida de negociar, entrando por la puerta que le habrían los acuerdos de Esquipulas, lo que implicaba hacer sustanciales concesiones internas en Nicaragua, algo que equivalía a que se cayeran las estrellas. “Primero se caerán las estrellas antes que negociar con los contras”, era parte del discurso oficial.

Reformar la Constitución Política recién promulgada para adelantar las elecciones, reformar la ley electoral, dictar una amnistía general, dar paso a la participación de los contras en la vida política, permitir un proceso electoral abundantemente vigilado por observadores internacionales. Todas esas concesiones, a la postre no significaron otra cosa que la pérdida del poder por la vía electoral, como ocurrió en 1990, la mejor prueba de que los acuerdos de paz habían triunfado.

[Publicado el 31/8/2007 a las 11:16]

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Comentarios (8)

  • k interesantes tus relatos!!! ya ves ...m llamo gueba.m ha gustado muxo conocer tu blog,m gusta tambien tu forma de escribir, los temas k tratas. olé!!!

    Comentado por: gueba el 12/4/2008 a las 01:26

  • Lolichka: Eso es parte de la Creación, pues.

    Comentado por: Lota el 03/9/2007 a las 01:01

  • Anoche estaba leyendo la Biblia, como hago todas las noches, y encontré un pasaje que me recordó mucho al de Lot. Está en el libro JUECES 19. Por lo visto lo de ofrecer hijas vírgenes no fue una idea original de Lot sino que era costumbre de la época. Relata aquí como un cansado viajero y su concubina llegan al pueblo de Gueba y un viejo les ofrece asilo en su casa. A la noche, los vecinos vienen a reclamarle al extranjero y el viejo, obligado por los lazos sagrados de la hospitalidad, se niega en redondo, hasta el punto de llegar a ofrecerles a cambio a su hija virgen; a quien, ¿también era costumbre? éstos rechazan sin dejarse aplacar. Mala suerte, el visitante no era un ángel y mientras duerme - he deducido - el viejo coge a la concubina de este hombre y es a ella a quien finalmente entrega. Abusan de la dama toda la noche, pobre, y muere. Cuando el viajero despierta recoge a su fallecida concubina, la parte en doce trozos y la envía a las tribus de Israel para que sepan lo sucedido y se alcen buscando venganza, cosa que hacen sin tardar. Se desata una guerra y aniquilan al pueblo de Gueba dejando vivos tan sólo a unos 600 hombres a los que después deben buscar mujeres. No pueden entregar las de los vencedores porque lo han jurado y sería un deshonor, así que envían a los pocos supervivientes de Gueba a otro pueblo, que ha fallado a Dios en una celebración, a matar a todo aquello que no sean chicas vírgenes - una pensando que de ningún modo las querían. Aún así siguen siendo insuficientes, entonces les indican otro lugar donde hay fiestas y pueden robar doncellas cuando salgan a bailar. Robadas no es lo mismo que entregadas, y así se salva el honor.
    A pie de página se nos explica que esto era relatado para ejemplificar la anarquía en que se vivía y la necesidad de un rey.

    Comentado por: Piel el 02/9/2007 a las 16:02

  • qué importante todo lo que cuentas, Sergio. solo disculpa que me fije en un detalle de forma -el fondo es impecable- porque me sorprende. dices: "La salida de negociar, entrando por la puerta que le habrían los acuerdos de Esquipulas,...". ese HABRIAN es sin H, verdad?. no tiene nada que ver con el verbo haber. digo!. yo sé, ocurre hasta en las familias màs reputadas ;o)
    y dale a pedirte tus memorias! bueno, entiendo la fijaciòn de tus lectores, tienes muy buen material, no lo dejes perder.

    Comentado por: lolichka el 02/9/2007 a las 01:32

  • Aparte de "Adiós muchachos", ¿cuando podremos leer sus memorias?
    Un saludo,
    Diego

    Comentado por: Diego Fernández el 31/8/2007 a las 20:54

  • Importante:

    El relato IV Que dias aquellos que pegue en este ultimo post, es uno solo, por razones de espacio fue publicado en dos partes.
    Ruego disculpas.
    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 31/8/2007 a las 17:21

  • Dentro de este grupo, a la que mas recuerdo es a mi Tía Hortensia que, aunque llevaba el mismo nombre de mi abuela, distaba mucho en parecérsele en algo. A este grupo, del que también formaban parte mi tía política Tita (Margarita), las hermanas Valenzuela, Wilma y Lourdes (La Negra), los hombres les habían apodado Las Cosacas, por su manera bruta y varonil de beber. Sin embargo, a pesar del apodo, en presencia de ellos, eran unas mujeres abstemias y devotas. A pesar de que de una forma u otra todos formabas un solo familión, la personalidad de las mujeres era mas heterogéneo que el de los Hombres, por ejemplo, mi tía Hortensia, era una mujer divorciada, egoísta y amargada que escondía los mejores juguetes de mi primo cuando nosotros llegábamos, dizque para que no los fuéramos a arruinar. Por otro lado, y exactamente en la zona desmilitarizada, estaba mi prima Luca, la mujer más bella que he conocido jamás y la primera mujer que vi completamente desnuda. Con sus pechos firmes de pezones erectos y rosados, su pubis de vellos ralos y finos, su cuerpo delgado y sensual, era una mujer que siendo muy joven para estar casada y muy vieja para sentarse a jugar con nosotros, vivía perpetuamente leyendo casi cualquier cosa que, por aquel entonces, le cayera en las manos. Gracias a ella yo supe desde muy temprana edad, que habían existido piratas malvados que, amotinados contra sus empleadores de alta mar, iban en busca de una isla donde, secretamente, yacía enterrado un tesoro. Fue gracias a ella, que supe que los hombres y las mujeres, desde tiempos inmemoriales, se enamoraban de tal manera el uno del otro, que ese amor se prolongaba incluso hasta las generaciones futuras. Gracias a ella supe que, en algún lugar del mundo, había gente tan indefensa e impotente que se sentía como un enorme escarabajo patas arriba. Aun el día de hoy, con sus cuarenta y pico de años es dueña todavía de una belleza especial y atrayente. Madre siempre dijo que ella es del tipo de mujer que uno mira y piensa: “No hay forma de que esta mujercita lave un calzón o siquiera prepare algún guiso”. Hoy día, hay una mujer muy parecida a ella en su juventud, es más, la primera vez que la vi, mientras fojeaba una revista de farándula, me dije: “¡Dios mío, por fin Luca capturó al príncipe europeo de sus sueños! Son como dos gotas de agua repartidas, cada una, en una tajada del mundo.” Algún día, con la colaboración de Luca, hice la prueba de tratar de distinguir entre ella, con una fotografía de cada una lado a lado, y Carolina Adriana Herrera, hija de la famosa diseñadora venezolana y para mi satisfacción, no lo logré. Luca era dulce como la miel, servil como un eunuco obsesivo, cariñosa como los gatos, solterona como las monjas, hermosa como Helena de Troya y según dicen, tan fogosa, vigorosa y accesible en la cama, como la mas complaciente dama de un aren. Recuerdo en especial sus pies, unos pies de Cenicienta cuya belleza y delicadeza hacían temblequear al mas discreto y misógino de los hombres que pasaron por la casa. Wilma, era la esposa de mi Tío Toño. Ordinaria como ninguna por derecho propio, poseía el repertorio mas completo de vulgaridades e indiscreciones, en presencia de las otras, del que yo jamás haya podido escuchar. Tosca, bruta y varonil por naturaleza, compensaba con amabilidades sofocantes lo que le faltaba de refinamiento y habilidades con el caldero. Aun el día de hoy, se corre el rumor de su adicción irrenunciable a la Marihuana. También, se corre el rumor que fue debido a estas maneras suyas de alucinar, que mi primo Renato (1985-1990) haya nacido con deficiencias mentales y motrices, algo que mi tío Toño, a pesar de seguir casados, nunca le perdonó. Ellos vivían en una casa en la primera avenida de Comayagüela con arquitectura colonial de enormes puertas y arcos, de balconeria de hierro puro, oxidado por el paso imperdonable del tiempo. La casa tenía un olor a moho y a humedad por lo que se había ganado el sobrenombre de El Castillo y era el punto de encuentro familiar todos los quinces de setiembre para ver las celebraciones y los desfiles de los colegios. El patio central de esa casa era amplio y decrepito como un anciano que se niega a morir. La vida en ella parecía pulular únicamente en dos o tres de las siete habitaciones. Estas, eran algunas de las mujeres de una familia en la que, aunque predominaba la voz masculina, las enrevesadas ideologías políticas, los desenfrenados apasionamientos por el fútbol y juegos de azar, y, los enamoramientos traidores de todos los hombres con mujeres extraviadas, eran ellas, en el fondo, con sus mañas y buenas maneras, las que llevaban a puerto seguro aquel buque bravo que transportaba toda una inmensa carga de destinos confusos.




    Comentado por: Namor Adenip el 31/8/2007 a las 17:19

  • IV. Que días aquellos.

    La actitud de las mujeres que por esos días formaban parte de la familia, es otra de las cosas que llevo tatuadas en el alma. Al contrario de los hombres, ellas, eran silenciosas, sumisas, serviles y devotas a sus maridos o hijos. El tácitamente aceptado como lugar de encuentro, en cualquiera de las casas que servían de su punto de reunión, fue siempre la cocina. Por eso es que, todas las casas de la familia, de las pocas que aun el día de hoy conservan su arquitectura original, cuentan con enormes cocinas, dotadas de grandes mesones de madera o frío mármol en las que, las mujeres comían a toda prisa para estar siempre a disposición de los hombres y los chicos cuando la hora oficial de la comida llegaba. Por eso es que, aun el día de hoy, en la mía o en cualquier casa, me encanta comer en la cocina, salvo, que el momento exija lo contrario. En la cocina, tenia lugar la mayor parte de la actividad social de las mujeres, que salían de allí solo para hacer de sirvientas abnegadas y luego volvían a su lugar de origen para retomar lo inconcluso. Dentro del grupo de las mujeres las había grandes cocineras como Madre, mi abuela Hortensia, mi Tía Claudina, mi prima Luca o mi Nana de toda la vida: Ana (La Gorda). Ellas eran las encargadas de consentir el gusto voraz de los hombres, quienes por su parte se limitaban a sugerir lo que querían de comer. Uno de los platillos que guardo en la memoria es La Gallina en Chicha que preparaba mi abuela. Era una delicia probar aquellas carnes blancas que, de lo tierna y jugosa que era, se desprendía del hueso y se disolvía en la boca como algodón de azúcar, dejando un nimio sabor a pollo y jugo de fruta fermentado. Otro platillo memorable, y que era continuamente solicitado por los hombres, era el Fricasse de Pollo, que no es mas que un guiso en salsa de tomates, de pollo desmenuzado, alcaparras, aceitunas, jamón serrano picado, pimentones verdes y cebollas. La salsa, el verdadero truco del plato, es una combinación especial de tomates, sal, pimiento, hierbas aromáticas y un toque de Brandy. Cuando todo esto comenzaba a hervir ¡Dios mío! Era un aroma indescriptible. Los platos generalmente se servían en grandes cantidades y con las mismas guarniciones de siempre: Arroz Piquetero (arroz, con pasas, maíz y guisantes), ensaladas verdes, algún caldo de pollo como entrada y abundante pan. La Directora de la orquesta gastronomita era mi Tia Clelia. Ella, era una mujer de inconfundibles rasgos mediterráneos y dulcisimas maneras. Iba de un lugar a otro de la casa en su silla de ruedas como un bebe en su andador. A mi, me consentía desde que llegaba a su casa con todo tipo de golosinas preparadas por ella misma, alborotos, Ciruelas en Miel, Mermelada de Membrillo o Espumias. Un día me subió a su regazo y me dijo viéndome fríamente a los ojos: -Usted va a ser abogado como su papá y va a ir a Harvard, no se preocupe que de eso me encargo yo.- Sentenció. No le ajusto la vida, ni tomo medidas post-mortem para cumplir con su promesa educativa, así que, ya en mi adolescencia y por mi cuenta, tuve que cumplirle el deseo. Era ella, soltera irremediable, quien comenzaba a ejecutar las solicitudes alimenticias de los hombres. Era ella, quien elaboraba la lista del mercado. Era ella, la que surtía, con sus viajes al exterior, el bar con suficiente licor como para que en ninguna de las reuniones semanales de la familia, hiciera falta un buen vino, un aromático coñac o un maltoso Whisky. En esas reuniones, Madre ocupaba un lugar secundario. A expensas de las ordenes de mi Tia Clelia, ella se limitaba a hacer lo que se le indicaba y solo cuando era nuestra hora de comer, retomaba ese aire de capataz enojòn y nos hacia tragarnos hasta la ultima miga de pan. Ana comenzó a trabajar con la familia desde que Padre y Madre se casaron. Reclutada por Madre de una casa vecina en sus últimos días de soltería, Ana de pronto se convirtió en el brazo derecho de Madre. Gorda hasta más no poder, rápidamente fue instruida por Madre y mi Abuela sobre las mejores maneras de llevar el orden de una casa y de los hijos venideros, en ausencia de los patrones. Poco instruida, era una mocosa de 14 años que detestaba la escuela secundaria y amaba los paseos sin rumbo con sus amigas de estudio. Fue ella quien nos cuidó hasta que cada uno de los cuatro hermanos se fue enamorando de la vida independiente por gusto propio o por mandamiento de los padres, y nos fuimos casando y emigrando de la casa familiar, unos antes que otros. También estaban las mujeres de tocador, es decir, las que no hacían más que estarse en la cocina conversando y conversando, sin hacer nada más que lavar los trastos sucios después de que había comido el último comensal.


    Comentado por: Namor Adenip el 31/8/2007 a las 17:18

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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