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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 21 de agosto de 2019

 Blog de Sergio Ramírez

II. LA GUERRA FRÍA EN ESCENARIO TROPICAL

Los acuerdos que abrieron camino a la paz se firmaron en la ciudad de Esquipulas, en Guatemala, donde se encuentra situado el santuario del Cristo Negro que atrae romerías de promesantes desde toda Centroamérica. Y aunque tardaron en tomar cuerpo real, llegaron a cumplirse por fin, principalmente porque estaba de por medio la voluntad de los presidentes que los habían firmado.

Cada uno de ellos tenía sus propios motivos, sus propias contradicciones internas, sus propias limitantes, sus propias creencias ideológicas, pero fue una sola voluntad, en medio de un conflicto que estaba marcado de una u otra manera por los alineamientos de la guerra fría. Y esa voluntad tampoco coincidía en todo con los intereses hegemónicos que fuera de la región centroamericana tenían que ver con la guerra.  Nicaragua recibía armas y suministros militares del campo soviético, y el FMLN y la URNG tenían el apoyo militar de Nicaragua y Cuba; y los contras, todo el respaldo de la administración del presidente Ronald Reagan, que también apoyaba decididamente a los gobiernos y a los ejércitos de Honduras, El Salvador y Guatemala.

En la Unión Soviética, donde para el tiempo de la firma de los acuerdos ya había empezado la era de Gorbachov, nadie pensaba que la confrontación en Nicaragua pudiera tener una salida militar, y ellos mismos empezaban a urgir al gobierno sandinista para hallar una salida negociada; pero los halcones en Washington creían que los contras aún podían ganar la guerra, y buscaban y obtenían más recursos en el Congreso para financiarla.

[Publicado el 29/8/2007 a las 11:38]

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Comentarios (1)

  • II. Que días aquellos.

    "Disculpe don Sergio que este haciendo de este bloc, un discurso al alimón, pero lo considero necesario para que los lectores saquen conclusiones justas".
    Namor.

    Aquel sábado lo recuerdo muy bien, como si hubiese sido ayer. Después de la llamada de Don Temistocles Días del Valle, amigo intimo, hermano de sangre de mi tío Leo como cariñosamente le decíamos. Recuerdo la furia, la rabia que bullía de la boca de Padre, cuando escuchó la noticia inmediatamente rompió a llorar como un niño y a maldecir el casi recién instaurado gobierno de Rosuco (Roberto Suazo Córdova (Tegucigalpa, 1927) fue Presidente de Honduras desde el 27 de enero de 1982 hasta el 27 de enero de 1986). De aquella diatriba, recuerdo que acusaba sin cesar, al gobierno democrático instaurado en el país a través de elecciones libres, de alcahuete, cobarde, “que le tapaba el ojo al macho” y no se cuentas cosas más.
    Por aquellos días nuestra familia era una familia muy acomodada. Vivíamos en un caserón de tres plantas (donde ahora solo vive Madre bordando en lana los recuerdos que ha descosturado la memoria) con espacio suficiente en el parqueo para poder estacionar seis o siete autos, padre solo tenia dos.
    Durante el transcurso de la mañana de aquel sábado, comenzó a llegar un gentío de hombres de traje para ponerse al tanto del último secuestro perpetrado en la ciudad. Según me cuenta ahora Madre, Padre luego se controlo y comenzó a realizar una serie de llamadas ¿A quien? Le he preguntado. –Mire mijo, hay cosas que es mejor no decir nunca- es su perpetua respuesta.
    Los días se fueron muriendo uno tras otro y no había noticia alguna de mi Tío Leo. Por razones, que en aquellos días no entendí, mi hermano Ogirdor y yo perdimos la escuela durante dos semanas completas y durante ese tiempo era muy común ver aparcados fuera de la casa, misteriosos carros con ahumados vidrios. Padre tampoco fue a trabajar durante esas dos semanas y comenzaron a trabajar en la casa los hermanos Ramón (Monchito) y Narcizo (Chicho) Chaves, quienes desde entonces nos llevaban, a los cuatro hermanos,y traían a todas partes: A la escuela, al cine, a Plaza Miraflores, a jugar al Parque la Leona, al Cerro del Picacho, es decir, a todas partes. Madre decía que ellos eran mandaderos y que cualquier cosa que nosotros quisiéramos, ellos nos la traían, algún churro, un fresco.
    Un mes y medio después, aun sin rastro alguno de mi tío, estábamos en casa de mi abuela Hortensia en el Barrio Abajo de la ciudad. En la casa estaba todo mundo. Tíos, tías, primos, primas, hermanos, hermanas, amigos de la familia, Madre, y, como nadie tenia ánimos de cocinar, habían mandado a traer del cafetín “Mediterráneo” un estofado de cordero para 30 personas.
    Los hombres estaban en una pequeña habitación en la parte de atrás, platicando en susurros, comiendo, bebiendo, fumando. La línea telefónica, que se había reinstalado en ese pequeño cuarto, sonaba sin cesar. En medio de todo aquel desbarajuste mis hermanos, mis primos y yo jugábamos en la sala, mientras Madre y mi Tía Clelia (una señora hermosa, paralítica desde los 15 años) se multiplicaban para mantener el orden de aquella casa de locos. El olor a guiso de cordero, a ensaladas, a tabaco y licos llenaba toda la casa.
    Un cuarto para las nueve, el sonido de una explosión nos sobresalto a todos los chicos.
    Algo, afuera, en la calle, había sonado como si desde el cielo hubiesen caído, y se hubieren roto, un millón de vidrios.

    XX OO

    Comentado por: Namor Adenip el 29/8/2007 a las 17:29

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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