El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 16 de mayo de 2008
III. EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS
A cualquiera le puede parecer bochornoso el acto de Lot, un viejo beato dispuesto a salvar a dos desconocidos a los que había invitado a pasar la noche bajo su techo, a costillas de la virtud de sus propias hijas. Pero esos dos desconocidos no eran otros que enviados celestiales, que lo buscaban a él precisamente por justo. Llegaban a anunciarle que se salvaría él, y se salvaría toda su familia, su mujer, sus hijos, sus yernos. Los únicos entre miles que se librarían de perecer calcinados apenas amaneciera.
¿Y que pasaba si entregaba a aquellos dos mancebos a la codicia sexual de los corrompidos sodomitas? ¿Qué pasaba si los ponía en la calle, cerraba tras ellos las puertas, y los dejaba en manos de la turba que estaba afuera reclamándolos a gritos? Hubiera ocurrido un linchamiento del que los dos varones se hubieran seguramente librado, porque para eso eran divinos, como lo demostraron al dejar ciegos a los hechores. Pero se habrían convencido seguramente de que Lot, al entregarlos, no era digno de ser salvado, y lo habrían condenado también a la lluvia de fuego y azufre junto con toda su familia.
Estaba, pues en la desesperada, el pobre Lot. Y digamos en abono suyo que su conducta, decidido a entregar a sus hijas a una turba de violadores, entra en la lógica, ya en boga desde entonces, de que el fin justifica los medios.
[Publicado el 24/8/2007 a las 09:30]
Estos sacrificios son vulgares, están en todas las religiones. Las pruebas de fe o fidelidad son un acoso continuo como en la política. Y de un examen de fe a otro sólo varía la trama porque el mensaje es: no hay escape. ¡Bah!
Comentado por: juan sobalvarro el 27/8/2007 a las 04:43
¿y cómo sigue la historia? cómo es eso de que la mujer de Lot se convirtió en estatua de sal? porque este capítulo es de esta serie, cierto? o me estoy confundiendo? Hay, cerca del Mar Muerto -o Mar Salado, como lo llaman con más propiedad los israelitas, puesto que eso es por su alto grado de salinidad, y de paso el lugar más bajo del planeta- una especie de estatua, que es un bloque de sal, que dice la leyenda es la mujer de Lot, que por cierto ni su nombre recuerdo. yo que anduve cerca de ese sitio, la verdad, no me fijé mucho en eso, de distraída que andaba en mejores curiosidades. aunque soy creyente católica, tiendo a ser anti dogma, y quiero creer que Dios acepta que soy -o procuro serlo a diario- una mujer de buena voluntad. eso también me lleva a ver estas historias con un cierto grado de cuestionamiento y de mansedumbre al mismo tiempo. digamos que sin soberbia, pero tampoco puedo evitar el análisis. por tanto, entiendo bien los planteamientos de Piel y de HJorge, ambos con grados de validez (uy, disculpen, no me tomen como juez de nada, no lo soy ni lo pretendo;)
Comentado por: lolichka el 26/8/2007 a las 21:39
Comentado por: HjorgeV el 26/8/2007 a las 02:14
Lo que pasa es que Lot era más sabio que Salomón, sabía que ofreciendo a sus hijas éstas no corrían ningún peligro, no las iban a querer. Así quedaba bien con los ángeles y con los vecinos. Con sus hijas está por ver, tal vez les dio primero alguna clase de explicación, aunque si eran buenas como parece ser puesto que también iban a ser salvadas, no le discutirían nada al padre lo mismo que él no le discutía a Dios. Hay unas teorías que dicen que si nos dan a elegir entre dos opciones y luego nos retiran una, queremos la que nos han quitado aunque valga menos objetivamente. A ojos divinos, pues, Lot demostró ser el elegido con razón. Un hombre inteligente y emocionalmente controlado. Para mi análisis yo parto de la base de que ese hombre, siendo justo y humano, amaba a sus hijas. Ofrecerlas no debió ser fácil pero amaba tanto a su dios - y por eso era valorado - que se postraba a todos sus designios. Quién era él para cuestionarle. Sólo estaba ahí para adorarle y para servirle, y los personas bajo su responsabilidad, igual.
En cuanto a lo de la ceguera, en fin, los designios de dios son, como bien sabía Lot inescrutables. Si los iba a ¿calcinar? al día siguiente. Tal vez esperaba aún que se arrepintieran?
El que no cree también está jodido y sin esperanzas de salvación, me parece.
Hay que ver cómo han cambiado los tiempos y los valores morales! Eso de la obediencia ya no se lleva nada de nada, en general. Bien.
Comentado por: piel el 24/8/2007 a las 16:29
Vamos a ver (eso de no tener religión lo mete a uno en estos líos; los creyentes obedecen y creen, y punto):
1. enviados celestiales, que lo buscaban a él precisamente por justo
2. Llegaban a anunciarle que se salvaría él, y se salvaría toda su familia
Según 1 y 2, ya estaba claro que se trataba de un hombre justo. Ya se había tomado la decisión en base a ciertos criterios definitivos. (La alternativa sería que llegaron con cierta duda. Pero entonces 1 y 2 serían falsos.)
Lo cual significa que no podría:
3. entregar a los mancebos, ni
4. ponerlos en la calle
Sin embargo, Lot, a mi entender, destroza todo el juicio de los ángeles y quien estaba detrás de ello, ofreciendo a sus hijas. Algo nada justo. Ergo, los ángeles estaban mal informados o el que los envió no era justo.
Finalmente, si eran divinos y pudieron solucionar de una forma bastante pintoresca el problema, ¿cómo es que no demostraron antes también ser divinos evitando la existencia de personas como los atacantes?
Esos son los misterios de la religión. Y por eso existen cientos y cientos de libros de teología escritos, siendo tan sencillo el asunto.
El que cree, está jodido, porque tiene que tragarse un cuento tras otro. Y, ¡silencio!, sino se les molesta su dios. ¡Ja!
Comentado por: HjorgeV el 24/8/2007 a las 14:08
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
16/5/2008 18:03
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