PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 27 de octubre de 2020

 Sergio Ramírez

VICIOS VIRTUALES

Usted se puede pasar a vivir a un edificio de apartamentos en la ciudad del vicio, previo pago mediante su tarjeta de crédito, y en lugar de ciudadano se convierte en avatar. Así ocurre en la ciudad virtual del sitio Second Life, donde todo parece ser cierto bajo las reglas paralelas de los mundos que existen pero no se tocan, una ciudad de los sentidos que nace del pulso de los dedos. Y los avatares pueden allí hacer posibles sus peores fantasías: unos convertirse en adultos abusadores sexuales de niños y adolescentes, y otros, hacer el papel de niños y adolescentes abusados.

Un juego recíproco de perversión en el que un correcto caballero funcionario de banco puede volverse, dentro del gabinete donde tiene instalado su ordenador, en un niño víctima de los acosos de su padrastro, que bien puede ser una dama que regresa de su sesión de ejercicios aeróbicos, y se sienta frente al teclado aún antes de tomar la ducha. Un juego de máscaras, y de espejos, donde todo se vale. Sexo contra natura, sexo oral, golpes y flagelos, violaciones y estupros, todo entre pervertidos informáticos.

En Alemania, la fiscalía se ha decidido a perseguir a los culpables de este aquelarre múltiple, según leemos, pero el asunto es que se trata de aberraciones de la conciencia, en las que el cuerpo no interviene, a menos que el cuerpo virtual sea tomado como real. Travestís de mentira, mujeres maduras que se visten de colegialas, señores respetables transfigurados en niñas que aprietan su osito de peluche mientras esperan la llegada nocturna del abusador. La segunda vida en la ciudad imaginada de los pecados capitales.

[Publicado el 18/5/2007 a las 08:19]

Compartir:

Comentarios (4)

  • Me encanta este articulo

    Comentado por: hulk el 05/6/2015 a las 04:13

  • está visto y comprobado al parecer, que el ser humano lleva sus perversiones a cualquier mundo, sea este virtual o no. que las barbaridades de las noticias de todos los días se reproducen en ese otro mundo, solo que con el control de los que juegan, que eligen el rol que desean y que de pronto acá no les permiten. pues sí, la sana lógica diría que eso no es sano, que hay que estar un poco -o bastante- desequilibrado para pasar parte de su tiempo real inventando una vida irreal, que vaya usted a saber en qué o cómo los compensa. y al parecer, los roles bondadosos no les interesan, son muy poco atractivos. ¿será que están muy aburridos de su propia vida?.
    porque no es lo mismo Second life que entrar a un blog como este a opinar para estar de acuerdo o disentir respecto de algún tema que se plantea. no es lo mismo, definitivamente, aunque algunos se lo agarren como tribuna para darse a conocer, o como medio para burlarse u ofender a los demás, que estos personajes nunca faltan (¿o sobran?;). nada contra el sr. Larrosa por siacaso, que a veces me hace reír con sus cosas, y otras, cuando inserta esas notas larguísimas me pierde, porque no paso de la primera línea, más bien me dan ganas de fulminarlo. pero nada contra él, de verdad, nada! ;)

    Comentado por: lolichka el 18/5/2007 a las 22:06

  • Yo creo que hay que estar realmente un poco enfermo (o muy enfermo) para jugar ese tipo de juegos.

    Y al escribir esto me imagino a algunos de mis amigos jugadores empedernidos de juegos de vídeo diciéndome que ellos matan gente virtualmente y están muy sanos. Pero a veces dudo un poco de su equilibrio mental . . .

    Comentado por: Fátima el 18/5/2007 a las 17:50

  • Señor Sergio:
    No solo existe ese lugar virtual en donde personas de distintas esferas pueden vivir otra segunda vida. Yo mismo estoy viviendo esa aventura y he estado una semana en una carcel virtual con graves acusaciones que ya veremos como terminan y es tal el efecto que se ha apoderado de mi que casi no puedo dormir como si fuera un asunto real.Además tambien me siento cogido en estas web de las que ya no puedo prescindir y disfrutando de una forma inmisericorde molestando a los demás comentaristas con mi asquerosa web :::WWW.antoniolarrosa .com

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 18/5/2007 a las 12:41

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2020 | Fundación Formentor | Barceló Torre de Madrid. Plaza de España, 18 28008 Madrid (España) | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres