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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 16 de junio de 2019

 Blog de Sergio Ramírez

I. CORONAS Y LAUROS

            Gracias sean dadas a los lectores que han entrado en el tema de los ganadores y los perdedores, y me parece que la madeja da todavía para muchos agregados y reflexiones. Me encanta que Lorena haya traído a cuento la palabra gloria, que es el súmmum de la retórica en cuanto a las conquistas en la vida. Es lo que en la prosa decimonónica se llamaba laureles, o lauros, recordando las coronas que se colocaban en las sienes de los vencedores militares, coronas que luego pasaron a las sienes de los poetas, increíble distancia recorrida. ¡Clarines, laureles! Declama Rubén Darío desde las estrofas marciales de la Marcha Triunfal.

            En cuanto a los literatos y poetas, esto de la gloria inmarcesible puede venir a ser patético. Cuentan que en tiempos en que en España coronar a los poetas con laureles de utilería era una epidemia, preguntaron al ya anciano don Gaspar Núñez de Arce si era cierto que se iba a dejar coronar, pues en Sevilla se preparaba ya la ceremonia preñada de discursos donde se consumaría su consagración láurea. “¡Pero si yo no me dejo, pero me coronan!” respondió don Gaspar, impotente y desconsolado, como si lo llevaran al matadero, pero a lo mejor, quién que es no sufre los embates de la vanidad, hasta secretamente deseoso de sentir en su cabeza provecta la caricia de las hojas de laurel fabricadas de cartón y forradas en papel maché dorado…

[Publicado el 27/2/2007 a las 10:30]

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Comentarios (7)

  • Curiosamente, para cocinar, basta una hoja de la planta.

    Copio aquí fragmentos 'wikipédicos' (!):

    "En grandes cantidades llega a ser tóxica, y a veces se ha usado como droga [...]
    Además sobre el laurel existe un dicho antiguo de que 'el que planta un laurel nunca lo verá crecer"

    Pedagógico.

    HjV

    Comentado por: HjorgeV el 28/2/2007 a las 09:48

  • Me pregunto... estadísticamente hablando, quién tiene más probabilidades de ser "glorioso". Es decir, los máximos honores los reciben: los militares, los gobernantes, los artistas y los científicos. ¿Será que parte de lo que motiva a estas personas a tomar esos caminos en la vida es el deseo de ser gloriosos? ¿Todos los militares, gobernantes y artistas esperan recibir honores? ¿Todos deberíamos aspirar a esto? Lo que sí me atrevería a afirmar es que las personas que están dentro de los grupos antes enumerados tienden a esperar gloria más que los que nos dedicamos a otra cosa. Por ejemplo: Ama de casa, maestro de kinder, florista, etc. En fin, los laureles definitivamente, no son lo mío.

    Comentado por: Christian el 28/2/2007 a las 00:33

  • Lo realmente interesante es que esa gloria tan deseada vale más que la propia vida. ¿Es válido sufrir en vida para alcanzar la gloria después de muertos? ¿Es legítimo dar la vida por la gloria eterna reservada a los héroes míticos y a los santos? Muchos dirán que sí, querrán su lugar en la historia. Vivir ahí eternamente en los museos, en las plazas, en las páginas de los libros. ¿Cómo puede esa ambición superar al deseo mismo de vivir? Es algo que no logro entender.

    Comentado por: Bertha el 28/2/2007 a las 00:10

  • Todos diría yo, nos sentimos tentados alguna vez por esos laureles dorados. Deseamos los aplausos, las ovaciones. Desde chicos en el colegio, cuando la maestra coloca una estrellita (dorada) en la solapa de un compañero. Desde entoces aprendemos a querer la gloria, ahí empezamos a necesitarla. Comprendemos lo que significa para los demás y tomamos conciencia de su poder.

    Comentado por: Thamara el 27/2/2007 a las 19:09

  • VERDADERAMENTE QUE DE VERDAD los laureles han quedado como sinónimo de marca mayor. en la vida diaria decimos: "Se llevó todos los laureles", para querer decir que alguien recibió todos los reconocimientos, se quedó con todos los premios, se hizo notar más que nadie, por alguna causa que ahora va desde el descubrimiento científico hasta el vestido más bonitamente diseñado.
    eso de las hojas de laureles hechas en cartón y forradas con papel dorado, no deja de ser una ironía suya para aludir a los falsos valores que también suelen colar sus figuronas cabezas entre los destacados... hay que oponerse a eso. recuerdo ahora a Piero y una canción que habla de algo parecido: "Se creen que por esta poca plata y esta gloria barata habría escrito canciones...Mi padre al final tenía razón, decía que la pensiòn con todo era importante...mi madre no se había equivocado, decí: Un laureado pesa más que un cantante...". Y la canción sigue, y es simpatiquísima, se las recomiento. pero ahora no recuerdo el título.

    Comentado por: lolichka el 27/2/2007 a las 18:30

  • Berdaderamente creo que me quedé exhausto por el esfuerzo de intelecto que he hecho para el anterior comenterio pero ,bueno si no se me ocurre nada le diré que es muy original el blog de hoy. Tiene usted ideas que pueden sumir a cualquiera en el más inverosimil de los insondables mutismos, y eso lo digo porque escribir algo sobre cosas habituales puede hacer que muchos se sientan abocados a responder con sus agudos comentarios pero hacerlo sobre coronas de laurel y similares, a mi se me antoja que eso no está al alcance de cuaquiera

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 27/2/2007 a las 16:32

  • Seria bonito que perdurase la costumbre de coronar con laureles a las personas insignes, asi podriamos reconocerlas por la calle en el autobus o en misa aunque a misa no voy desde hace mucho tiempo, exactamente desde que vi una pelicula de Almodobar en que los sacerdotes eran unos descastados que se metian con los crios y con todo bicho viviente.Ahora despues le dedicaré otro comentario para que vea usted que aún hay personas sensibles que deberiamos ser coronadas aunque fuese con una corona eucalipto, así de paso respirariamos mejor .¿Berdad que no es mala idea?

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 27/2/2007 a las 16:23

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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