El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 5 de julio de 2008
IV. TODO ES SEGÚN EL COLOR…
Hablando de ganadores y perdedores, uno de los personajes de The Little Miss Sunshine, Frank, el suicida, le explica a su sobrino Dwayne, quien ya nunca será piloto de aviones jet, que uno de los grandes perdedores de la historia de la literatura fue, precisamente, Marcel Proust, el escritor en el que él mismo se ha especializado. Un genio. Enfermizo solitario, despreciado por homosexual, y asmático al punto de no poder salir de su recámara forrada de corcho, escribió una saga de la sociedad francesa que le tocó vivir, crónica maestra sobre la decadencia, En busca del tiempo perdido. Siete gruesos volúmenes de los que todos hablan y muy pocos leen, aunque todo el mundo sepa el cuento de que una magdalena en una taza de té de tilo puede despertar de un golpe la memoria de la infancia.
La lista puede hacerse grande. Frank Kafka, que pidió a su amigo Max Brod, antes de morir en 1924, que quemara todos sus manuscritos, decepcionado de la literatura, y convencido de que nada de lo suyo valía la pena. Otro genio imprescindible. Su amigo, gracias al cielo, no le hizo caso, más porque lo creía un santo con una filosofía moral que heredar. Imaginen el mundo sin la palabra kafkiano, que muchos que la usan ignoran de donde sale. Y recuerden el dicho sagaz de que en América Latina, Kafka no sería más que un escritor de costumbres.
Pondremos, si quieren, más nombres en esta lista.
[Publicado el 23/2/2007 a las 10:30]
Comentado por: ma. de los angeles el 28/1/2008 a las 23:55
sus manuscritos. Gracias a su “deslealtad”, comprendemos el mundo kafkiano en el que vivimos. ¿K nos heredó sus sueños y pesadillas? ¿K nos encerró en la Torre de Babel? ¿K fue un artista del trapecio sin red? ¿K comprendió
Comentado por: yuritcy leticia el 28/1/2008 a las 23:50
Cualquiera puede ser un incomprendio y si no pasen al blog de Felix Arzua y lean su último tema relacionado con los dos futbolistas que se abrazaron despues de enfrentarse, lean y a la mitad de aproximadamente de los comentarios encontraran aun escritor maldito de esos,lean y lo descubriran.
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 24/2/2007 a las 22:42
Por supuesto que podemos seguir agregando nombres a la lista. Nombres e hitorias que sirvan de consuelo a quienes no han logrado alcanzar la anciada gloria en vida, a quienes sueña con el reconocimiento póstumo y el legado que dejarán a la humanidad (aún no reconocido). Sueñan con las traducciones de sus libros a todos los idiomas de la tierra, con la eternidad... con vivir en la memoria de los hombres siempre y por siempre.
En fin... estamos quedando en lo mismo. ¿Por qué son los demás? ¿Por qué es la sociedad la que tiene que reconocer quién es ganador y quién es perdedor ya sea antes o después de muerto? ¿Por qué el reconocimiento y la fama alimentan tanto al ego? ¿Por que nos hacen creer que eso es ser un ganador?
No importa de quien hablemos. Si es de Donald Trum (él sabe que es un perdedor) de filósofos, escritores o pensadores incomprendidos. Lo que realmente importa es cómo se vieron ellos a ellos mismos durante su vida. Nada más, nada más porque ya se fueron, ya están muertos. Si fueron infelices,todos los méritos y los honores que se les hagan, pierden cualquier sentido. Vivirán en la memoria de quienes les conocieron y los quisieron. Luego permanecerán en aquellos que encuentren en sus vidas y su obra una inspiración, una enigma que resolver o una historia que contar. ¿A quién le importa realmente si son ganadores o perdedores? ¿A caso la partida, el reto de el aprendiz continúa aún después de muertos?
Liberémonos de eso. Quienes saben vivir, también saben que no existen ganadores ni perdedores. Los que clasifican así a las personas ya perdieron.
Comentado por: Lorena el 24/2/2007 a las 00:28
fascinantes biografías las de Proust y Kafka. sí, ¿cómo concebir el siglo 20, el actual mismo, sin Kafka? no se me ocurre. ya podríamos añadir al alcohólico edgar allan poe, a varios de esos poetas malditos franceses dedicados al humo, y algunitos más.
veamos una historia cercana. recientemente leí el conmovedor libro El profesor, de Frank McCourt, el autor de Las cenizas de Ángela. un irlandés norteamericano que ganó el premio Pulitzer a los 66 años con un relato autobiográfico de su tristísima infancia en su paupérrimo pueblo Limerick, en Irlanda. cuando los gringos lo leyeron, preguntaron dónde estaba este hombre que recién asombra con su historia. él dijo: enseñando en las escuelas públicas secundarias de NY, por 30 años, recién me jubilo. era el peor empleo el suyo, se hacía cargo de las clases que nadie quería, era maltratado por alumnos y colegas. hoy sus libros están traducidos a 30 idiomas.
si uno lee El profesor, dirá que este tipo era un perdedor crónico, un derrotado empedernido. nada se podría haber esperado de él (de hecho, su primera esposa lo dejó, por eso mismo). pero entonces, ¿quiénes son realmente perdedores? ¿cómo sopesar eso?. o los ganadores, en el caso de la buena literatura, ¿seremos siempre los lectores de cualquier tiempo? ¿es eso injusto con los autores que fueron despreciados en su momento? tanto que preguntarse alrededor de este tema. gracias por ponerlo en el tapete de la conversación cibernética, virtual, Sergio.
Comentado por: lolichka el 23/2/2007 a las 16:46
El día que nació Franz Kafka estaban cerradas todas las puertas de su ciudad natal: Praga. A partir del 3 de julio de 1883, hace sólo 123 años, el mundo comenzó a ser kafkiano. Andaba en bicicleta, reía, atravesaba el río Moldava sin tiempo, de espaldas sobre su bote, hacía dieta, obtuvo un doctorado en abogacía, era judío y escribía en alemán. Escribió sobre la muralla china, un escarabajo, castillo, América, varios diarios sobre sus amores, una carta a su papá, y muchas otras historias. Se especializó en la rama de los seguros, pero nunca aseguró su vida, ni futuro literario. Por el contrario, a su amigo Max Brod le encargó quemar sus manuscritos. Gracias a su “deslealtad”, comprendemos el mundo kafkiano en el que vivimos. ¿K nos heredó sus sueños y pesadillas? ¿K nos encerró en la Torre de Babel? ¿K fue un artista del trapecio sin red? ¿K comprendió finalmente que su destino era ser kafkiano? Quizás fue un puente con el futuro y él nunca existió.
Comentado por: rolando gabrielli el 23/2/2007 a las 14:38
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
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