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viernes, 8 de agosto de 2008

Blog de Sergio Ramírez

IV. NOMBRES DE LA MELANCOLÍA: ALEJANDRÍA QUE SE MARCHA

             Igual que los perfumes, que solamente pueden nombrarse dándoles una referencia: olor a rosa, a sándalo, a cuero viejo, a sudor, a hojas secas, a aguas estancadas, porque huyen de toda explicación por falta de sustancia, así mismo el hüzün que el propio Pamuk siente por su ciudad necesita de enumeraciones para intentar explicarlo, y lo hace, una larga lista de apuntes de la memoria, que es como buscar descomponer en sus elementos esenciales un paisaje urbano con todo y sus gentes, y convertirlo en una tabla de referencias, algo a través de lo que puede lograrse una aproximación, pero nunca aprehender su totalidad.

            Cada uno de nosotros tiene su propio hüzün, su saudade, su cabanga, por una ciudad que es propia, y siempre buscamos descodificar ese sentimiento en la mente. Puede estar frente a nosotros la ciudad amada, disolverse cada tarde en el crepúsculo, o vivir en un depósito privilegiado de la memoria. Y siempre jugaremos a desentrañarla, como quien repasa una vieja colección de tarjetas postales que nunca dejará de crecer, sino con la muerte.

            La ciudad, nuestra ciudad, que cada día entra más en el pasado, nuestro propio pasado, y la vemos así alejarse en el horizonte, tragada cada vez más por la niebla, y entonces, hacemos nuestra lista: gritos perdidos de niños que juegan en el patio de una escuela, el graffiti en una pared, la estela de un avión que cruza el cielo con rumbo desconocido, las luces que se encienden en la marquesina del cine de la esquina, los autobuses atestados de gente que regresa a sus hogares, un ensayo de piano o de clarinete tras una ventana, el ulular lejano de una sirena en medio de la noche, el llanto desconsolado de un borracho solitario, los pasos de una pareja que se aleja acera abajo.

            Los dioses siempre te abandonan a tu propia memoria, como en el poema de Cavafis:

             Dile por fin adiós a Alejandría que se marcha,
            y sobre todo no te engañes y no vayas
            a decir que fue un sueño, que se confundió tu oído…

[Publicado el 19/2/2007 a las 10:30]

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Comentarios (1)

  • la palabra cabanga es una novedad para mí. No he estado en Nicaragua pero sí en Costa Rica (muy poco tiempo) y no recuerdo haberla escuchado.gracias por ese aporte. he empezado la lectura de Estambul, y desde el principio me ha capturado (sólo lo interrumpí para leer El profesor, de Frank McCourt, ese irlandés interesante que ganó el Pulitzer a los 66 años, cuando por fin tuvo tiempo de escribir, ya jubilado de dar clases por 30 años en escuelas secundarias de NY, pero bueno este no es el tema). Huzum, saudade, cabanga, nostalgia, melancolía, todo eso que se siente cuando se ha perdido o se está perdiendo algo, alguien, es una emoción humanísima.
    Y ese poema de Kavafis es precioso, va con el otro suyo de la Ciudad: "Te dices: me iré a otra ciudad, una mucho más linda de lo que esta pudo ser o anhelar". bueno, no son las frases exactas, pero tienen relación ambos poemas, y con la cabanga, la saudade, huzum, cuántas palabras más habrá en tantos idiomas para tratar de nombrar aquello casi indescifrable.

    Comentado por: lolichka el 19/2/2007 a las 18:56

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006),  El reino animal, cuentos (2006), y Tambor olvidado, ensayos (2007). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/

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