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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de julio de 2019

 Blog de Sergio Ramírez

El pupulculo


Del vocabulario de mi infancia hay palabras que aún me divierten por su significado, aunque no se usen más en Nicaragua, o se utilicen poco, porque ya se sabe que la lengua es cambiante, y mientras inventa vocablos nuevos, manda a otros al botadero de los chunches viejos. Recuerdo, por ejemplo, el término pupuluco.

Recientemente, en un chat de amigos, uno de ellos usó esta palabra, ahora misteriosa para muchos, y otro, más joven, preguntó qué significaba y de dónde venía. Me pidieron a mí que aclarara, concediéndome las virtudes de académico, de las que no me ufano.

Pareciera que se tratara de una especie zoológica, el pupuluco, un animal huidizo como el cusuco, o dormilón como el cuyús. O de costumbres indefinidas, como el sisimico, que es un animal sobrenatural; pero más bien designa a otra fauna muy común, la de los constantes e indecisos, de esos que nunca dan el paso adelante.

Pupuluco, en su acepción original, es alguien que no se da entender bien, se enreda al hablar, o se expresa de manera incomprensible. La palabra es gráfica por sus sonidos, y ya oímos en ella la vacilación. 

Como tantas otras de las que usamos a diario, esta viene del náhuatl popoluca o popoloca: "el que habla como balbuceando", que los aztecas aplicaron a diferentes pueblos de otras lenguas; pero los popolucas, como tales, eran de ascendencia olmeca y habitaban en el sur de México; como no hablaban el náhuatl, la lengua de la corte y el comercio adoptada por los aztecas, los consideraban bárbaros.

También los chontales en Nicaragua eran considerados bárbaros por los náhuatles y chorotegas, y además de tratarlos de manera hostil, viendo siempre en ellos al extranjero, calificaron a su lengua como popoluca, por enredada.

De allí, por un cambio fonético, pasamos al pupuluco, que de su sentido original se extendió a todo aquel que, como ya dijimos, vacila en sus posiciones, y, por tanto, falto de decisión, se enreda al hablar por su falta de atrevimiento con la verdad.

Todo aquel que a la hora llegada no toma una posición clara, y se va por las ramas, es un pupuluco, aquel que no se sabe si va o viene, o en que pie está parado. "Te veo muy pupuluco, qué te pasa", era una expresión muy común.

También para el pupuluco hay otro nombre que ya no tiene origen indígena, sino que proviene de una de esas fabricaciones que se hacen en los laboratorios del idioma: siquisnoquis: sí y no al mismo tiempo, o ni sí ni no, la dualidad en todo su esplendor. O como dijo Rubén Darío de uno de los médicos que lo atendía, ya en su lecho de muerte, porque no se atrevía a dar nunca un criterio terminante: "una nulidad sonriente".

De los pupulucos y los siquisnoquis está empedrado el camino de la cobardía. No definirse es esconderse. El cabildo de León, cuando llegó a sus manos el acta de independencia de Centroamérica aprobada en Guatemala en 1821, no dijo ni sí ni no. Simplemente decidió esperar a que se aclararan los nublados del día, y así consta en el acta que firmaron, y que por eso pasó a llamarse "el acta de los nublados". Bien pudo llamarse "el acta siquisnoquis de los pupulucos".

De todo esto se deriva también la muy gráfica palabra gallo-gallina. Pupulucos, siquinosquis, gallo-gallinas; y yendo a los terrenos más generales del idioma, nos hallamos con aquellos que no son ni chicha ni limonada, todo lo cual viene a ser lo mismo. Los que escogen la neutralidad como una de manera de ser y no cometen nunca el pecado de tomar partido, y por eso mismo vacilan, farfullan y se enredan al hablar, como verdaderos pupulucos que son. Por ejemplo, los que adelantando en alto las palmas de las manos exclaman: "¡yo no me meto en política!". Y al no meterse, ya están tomando partido.

[Publicado el 26/2/2019 a las 16:00]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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