PRISA utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia de navegación y realizar tareas de analítica. Al continuar con tu navegación entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

Cerrar

El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 21 de julio de 2017

 Blog de Sergio Ramírez

Ni envejecen ni mueren

Nunca me pierdo las tiras cómicas en los periódicos, costumbre de toda la vida. Antes de empezar a leer libros de letra corrida, me fasciné con las revistas de historietas donde los personajes eran obra de la mano de un dibujante, y lo que decían aparecía escrito dentro de globitos.

Y no sólo eso. Además de las historietas cómicas, provengo de las narraciones dramatizadas en la radio, y del cine. Todos ellas son maneras de contar, y así aprendí a apreciarlas. La palabra, mi instrumento de expresión, se vería excitada por esos otros instrumentos que aparentemente le son ajenos: la imagen fija, pero cambiante, de los dibujos de los comics; la imagen en movimiento del cine; y la voz sin imagen de la radio.

Cuando a un escritor se le pregunta por los primeros libros que leyó, generalmente comienza citando Sandokán, de Emilio Salgari, o La Isla del tesoro, de Stevenson. Pero yo no leí esos libros de niño, sino que los oí, interpretados por las voces del Cuadro Dramático de Radio Mundial.

Las revistas de historietas eran para mí como para don Quijote los libros de caballería, y cuando en el día no me alcanzaba para leer las que me prestaban, o alquilaba en los pequeños negocios donde se exhibían en cuerdas, sostenidas por prensadores de ropa, me las llevaba a la cama.

Los personajes, vestidos de manera estrafalaria, porque sus atuendos eran circenses, tenían súper poderes como Amadís de Gaula o Belianís de Grecia, y una doble identidad bajo la máscara, como en las novelas decimonónicas. El Capitán Marvel, Supermán, La Mujer Maravilla, El Fantasma, Linterna Verde, Mandrake el Mago. Y todos tenían un compañero, o escudero, su Sancho Panza.

En este catálogo de superhéroes, el principal era para mí el Capitán Marvel, una historieta que venía de Argentina. Vestía enteramente de rojo con un rayo en el pecho, y una capa bordada de domador de leones. El humilde voceador de periódicos, que se apoyaba en una muleta al caminar, se transformaba prestamente en el Capitán Marvel al pronunciar el nombre del mago SHAZAM, un anciano que le había otorgado sus poderes sobrenaturales como un acto de consagración mística, para defender el bien y la justicia.

El misterio de la doble identidad, como en las novelas de Dumas, estaba de por medio. El niño tullido, capaz de convertirse en héroe poderoso. El Fantasma, el duende que camina, enfundado en su sobretodo y de lentes oscuros, cuando no de antifaz y traje ceñido, dueño del anillo de la calavera heredado generación tras generación de Fantasmas, con el que marcaba la quijada de sus enemigos en duelos a puñetazos.

Pero hay algo más en las historietas que se aparta de las reglas del espacio temporal de las narraciones escritas, donde los personajes de los relatos tienen siempre una vida finita. Nacen, crecen, envejecen, mueren, porque siguen la lógica de la vida a la que la invención busca imitar.

En las historietas cómicas, en cambio, los personajes son inmortales. No envejecen nunca, ni mueren, porque la saga de sus aventuras y por tanto de sus vidas, se vuelve infinita, ya que pertenecen a una secuencia inacabable que no deja de repetirse. Mueren los dibujantes y guionistas, pero serán repuestos por otros que representarán a sus personajes con las mismas edades de siempre, en un ambiente siempre contemporáneo, como los antiguos pintores representaban las escenas de la pasión de Cristo en las ciudades donde ellos mismos vivían, con los castillos medioevales de fondo.

Y cuando en un museo admiro el retablo de un altar, donde cuadro tras cuadro se cuenta una historia bíblica y el texto de lo que dicen los santos y profetas sale en cintas de su boca, no dejo de pensar en las historietas de mi infancia y de mi vida.

 

[Publicado el 05/7/2017 a las 10:00]

Compartir:

Comentarios (0)

No hay comentarios

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

 


Bibliografía

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2017 | c/ Méndez Núñez, 17 - 28014 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres