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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 25 de junio de 2019

 Blog de Sergio Ramírez

Papel pautado

Hace poco, revolviendo cosas y papeles, me hallé un casete de esos que ya cuesta reproducir, donde está grabada la función del jueves santo de 1952 en la iglesia parroquial de Masatepe. La hizo Remigio Sánchez, casado con mi prima María Josefa Ramírez.  Tenía una grabadora Philips de carretes, toda una novedad entonces, y es su voz la que se escucha por lo bajo, anunciando que la iglesia está llena a reventar, y que la orquesta Ramírez, cuya celebridad lamenta que no sea tanta como debería, va a comenzar a tocar.

La orquesta Ramírez estaba encabezada por mi abuelo Lisandro, violinista y compositor, parte de una dinastía de músicos fundada en Masaya por mi bisabuelo Alejandro, y que se prolongó en mis tíos, músicos todos e integrantes de la orquesta, en la que solo faltaba mi padre a quien había sido asignado el contrabajo, y que rechazó para dedicarse al comercio. De esa dinastía formaba parte también mis tíos abuelos Carlos Ramírez, compositor igual que mi abuelo, y Serapio Ramírez.

En esa función de jueves santo, al pie del altar mayor, está entonces mi abuelo Lisandro, vestido de dril blanco como siempre, la batuta en la mano, y están frente a sus atriles, mencionados por orden de edad, Francisco Luz, violinista, Alejandro, flautista, Alberto chelista, y Carlos José, el más versátil de todos ellos, que tocaba el armonio, el clarinete, y el saxofón; ese día toca el clarinete, y también, en algunos pasajes de la grabación, se escucha su voz de tenor que entona los laudes mientras a los músicos los envuelve una nube de incienso.

He logrado recuperar algunos de sus instrumentos: el violín de mi abuelo Lisandro, el chelo de mi tío Alberto, el clarinete de mi tío Carlos José. Son parte esencial de mi museo doméstico, instrumentos que viven dentro de mí, y dan vida a mi escritura. Lo mismo que la imagen de mi abuelo que vuelve cada tanto a mi memoria, inclinado sobre el papel pautado, componiendo, mientras tarareaba, o musitaba, la melodía que crecía en su cabeza. El componía con signos musicales, yo compongo con otros signos, que son las letras.

A los diez años padre me puso a estudiar solfeo con mi tío Alberto, a mí y a mi hermana Luisa, y no tardó en declararnos sordos a los dos, una sentencia lapidaria que me alivió del tormento de recibir aquellas clases a las dos de la tarde, pugnando en contra del sueño, una tarea heroica. Por la misma causa nunca aprendí mecanografía, porque pudo más en mí el sopor, y me quedé escribiendo con dos dedos.

El otro día contaba estaba anécdota del decreto de sordera a Carlos y a Luis Enrique Mejia, en un encuentro en la embajada de México, en el marco de Centroamérica Cuenta, y les decía que creo que hay dos clases de oído musical: el que reproduce, y allí sí que soy sordo a la hora de entonarme; y el oído que graba y reproduce, reconoce las melodías, y distingue los instrumentos. Ese sí lo tengo.

Porque sin ese oído no podría escribir. La prosa necesita de un ritmo y de una música. Y no puedo escribir en mis mañanas de encierro sagrado, si no escucho música; ahora mismo está sonando a mis espaldas la Novena Sinfonía en Mi Menor de Dvorak.

Como escritor siento que vengo de aquella orquesta Ramírez que se oye en la vieja grabación; vengo del acorde de esos instrumentos que se concertaban tanto para tocar la Misa de Gloria de Eslava, como para interpretar con brío valses en fiestas galantes, y aún serenatas si se daba el caso. Para mi abuelo y para mis tíos eran sus "toques".

Cuando tengo que hacer una comparecencia, presentar un libro, dar una charla literaria, le digo a mi mujer que voy a un toque. Gracias a aquellos artistas soy artista también.

[Publicado el 01/6/2016 a las 09:00]

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Foto autor

Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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