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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

jueves, 4 de junio de 2020

 Sergio Ramírez

Resistes certámenes, tarjetas, concursos…

Los años pasan y Rubén Darío sigue envuelto en un inefable halo de cursilería. Cuando murió hace cien años, sus funerales fueron una verdadera puesta en escena elaborada por manos candorosas, que no dudo querían sinceramente rendirle el mejor de los homenajes, despreciando toda sobriedad. Fue velado en el paraninfo de la Universidad por varias noches, y cada vez se le vestía de manera diferente: de peplo griego coronado de mirtos, de uniforme diplomático, de frac de gala, como el maniquí de una tienda de elegancias.

Cuando un repasa las fotografías que entonces tomó el maestro Cisneros, puede contemplar el desfile del cadáver de uno a otro lugar en León, del municipio a la catedral, de la catedral de vuelta al paraninfo, hasta la procesión final el día en que fue sepultado al pie de la estatua de San Pablo, mientras tanto el cerebro que le había sido extraído seguía siendo objeto de una oscura disputa.

Ningún tribuno, abogado, político o poeta le ahorró un discurso en las esquinas, en lo alto de las aceras, o subido a una silla, y la peaña funeraria, donde Rubén yacía al descubierto, avanzaba precedida por carrozas cargadas de canéforas, bacantes que regaban flores marchando en cuadrillas, una musa y sus tres gracias adelante, la guardia militar de honor enviada por el gobierno de Adolfo Diaz, en plena intervención militar extranjera, los representantes de los poderes del estado vestidos de rigurosa etiqueta en el calor de infierno, y los gremios profesionales y de artesanos marchando con sus estandartes a la cabeza.

Poco o nada ha cambiado desde entonces. El lenguaje del decreto presidencial, declarando este año de 2016 como el "del sol que alumbra las nuevas victorias", y firmado "en el país del sol", nos recuerda esta pertinacia, con su lenguaje ditirámbico y exaltado. Y otra vez la celebración "municipal y espesa", la elección de la musa dariana como un certamen de pasarela, los concursos, las recitaciones, las danzas folclóricas; todo lo que despreció en su Letanía de Nuestro Señor don Quijote, si saber que terminaría siéndole aplicado a él mismo:

 

¡Tú, para quien pocas fueron las victorias
antiguas y para quien clásicas glorias
serían apenas de ley y razón,
soportas elogios, memorias, discursos,
resistes certámenes, tarjetas, concursos,
y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!

Mientras tanto su poesía sigue lejos del verdadero conocimiento público. Las ediciones de sus libros son escasas y esporádicas, y no existe una pedagogía dariana, clara y sencilla, para explicarlo ante los jóvenes y enseñarles a distinguir la paja del centeno en su poesía, que no se limita a La Sonatina, Los motivos del Lobo, y A Margarita Debayle. Abrir al conocimiento sus cuentos, que fueron también renovadores, y a sus crónicas de prensa, que revolucionaron el periodismo.

Aún no se empieza con la tarea de la edición de sus obras completas, que debería ser una inversión del estado, igual que en Cuba se editaron las de José Martí, como fruto del trabajo de un equipo de especialistas.  Pero al menos debería empezarse con una colección de sus libros de amplia circulación y precio modesto, que lo haga entrar en cada hogar y quedarse a vivir allí, como un huésped con quien la familia puede conversar en amena tertulia cada día.

[Publicado el 17/2/2016 a las 08:00]

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Comentarios (1)

  • Tienes toda la razón.

    Comentado por: Jesús Ferrero el 17/2/2016 a las 12:26

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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