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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 5 de agosto de 2020

 Sergio Ramírez

Bocados de cardenal y papa.

En su Epístola a Juana Lugones, Rubén Darío recuerda con sabrosa nostalgia en estos versos su vida de sibarita errante por el mundo:

¡Y he vivido tan mal, y tan bien, cómo y tánto!
¡Y tan buen comedor guardo bajo mi manto!
¡Y tan buen bebedor tengo bajo mi capa!
¡Y he gustado bocados de cardenal y papa!...

Y ya de regreso a Nicaragua para morir, en uno de sus últimas entrevistas a la prensa en diciembre de 1915, dice: "En ocasiones he gozado tanto como tal vez no lo han logrado los millonarios de mi tierra. He comido como príncipe, he vestido con mucho lujo, he tenido historias en el mundo de las supremas elegancias. Me he relacionado con los más altos personajes. He sentido con frecuencia el aletazo de la gloria. He derrochado dinero, que gané en abundancia. ¿Qué me queda por desear? Nada. ¡Que venga la muerte!"

Al recordar él mismo que gustó bocados de cardenal y papa, vamos de cabeza a la famosa, errónea y ya manida frase bocatto di cardinale, puesto que en italiano bocado es boccone; pero que, de todas maneras, evoca lo más delicado y exquisito que alguien puede llevarse a la boca.

Y en el imaginario popular de las cocinas existe también el bocado del Papa, que aún sobrevive en Nicaragua, un manjar de arroz, de color rosado, que se recubre con torta de mantequilla, y se sirve o vende en rebanadas, como se vendía en las calles de León cuando él era niño. Y  existe también el Pío Nono andaluz, parientes ambos, un irresistible bizcocho cubierto con una crujiente capa de crema, del que da referencia Leopoldo Alas (Clarín) en La Regenta, denominado así en homenaje al papa decimonónico Giovanni Maria Mastai Ferretti.

No pocos historiadores del arte de los fogones suponen que semejantes delicadezas, bautizadas de tal manera, salieron de las cocina de los conventos donde las monjas se afanaban en días festivos para halagar el paladar de canónigos y obispos de mejillas carnosas y sonrosadas, con lo que se conformaban, ya que no podían sentar siempre en sus mesas a los cardenales del sacro colegio, y jamás ni nunca al Papa, tan lejano en Roma; es lo que ocurriría con la cocina poblana en México, en cuya creación metieron sus sabias manos las monjas de clausura. 

Y aún se lleva a la mesa, también en Nicaragua, tras los almuerzos suculentos de domingo, un postre que se llama Pío Quinto, hecho con marquesote -una torta de maíz remojada en miel y aguardiente-  bañado de atolillo de maicena y huevos, y adornado con uvas y ciruelas pasas; un homenaje, también sin duda conventual, al papa Antonio Michele Ghiselieri, que fue fraile dominico y comisario General de la Inquisición Romana antes de subir al trono de San Pedro, y elevado a los altares por Clemente XI en 1712.

El cocinero personal de Pío V fue Bartolomeo Scappi, autor del tratado culinario Arte del cuscinare, y quien llevaba a la mesa pontifical platos tan refinados como lenguas fritas de aves, erizos de mar al horno, y tortillas de huevo revueltas con sangre de cerdo. Es explicable entonces que la fama de sibarita de aquel Pontífice haya traspasado los mares para heredar su nombre a una torta nicaragüense, tan memorable al paladar, y que Rubén no debió dejar de degustar.

Cuando el poeta dice que se ha dado todos los gustos, y ya puede venir la muerte, no puedo olvidar que en Nicaragua, cuando un plato desborda toda medida de lo exquisito, se le alaba diciendo: "¡Está de muerte!".  Y si no es suficiente la alabanza, se dice entonces: "¡Está de muerte lenta!" Lo mismo que un orgasmo.

[Publicado el 31/12/2014 a las 08:00]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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