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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 5 de agosto de 2020

 Sergio Ramírez

La conspiración de leer

Al tratar de iniciar a alguien en la lectura, lo peor es anteponer entre el lector y el libro algún aburrido propósito pedagógico. Un libro sólo es capaz de enseñar si primero gusta. Sino hace reír, sino conmueve, toda enseñanza, toda filosofía, se volverán inútiles, pues nadie llega a la última página de un libro fastidioso; y cuando se abandona la lectura al apenas empezar, es como si ese libro nunca hubiera sido escrito para quien llegó a tenerlo entre sus manos. 

Al hablar de la enseñanza de la literatura, Jorge Luis Borges cita una frase del doctor Johnson, el sabio británico de las letras que vivió en el siglo dieciocho: "la idea de la lectura obligatoria es una idea absurda: tanto valdría de hablar de felicidad obligatoria".

No hay felicidad obligatoria, pero la lectura depara felicidad; cuando un libro nos atrapa, y llegamos a un punto en que nos sobrecogen el asombro y la admiración, estos sentimientos se transforman en dicha. No podemos sacar gozo del castigo, y un libro impuesto viene a ser un castigo. "Si el relato no los lleva al deseo de saber qué ocurrió después, déjenlo de lado", agrega el doctor Johnson.

La Odisea, El Quijote, La Biblia, o La Divina Comedia. Son obras clásicas, y a muchos esa palabra los pone en alerta. A los clásicos, por definición se les considera soporíferos. Al contrario. Un clásico es una promesa de dicha que siempre estará allí.

Las novelas no son sobre períodos de la historia, espacios geográficos, teorías filosóficas, ni asuntos religiosos. Tratan sobre seres como nosotros, sus ambiciones, su idealismo, su perversidad, sus heroísmos y debilidades, la maldad y la nobleza, la generosidad y los celos, y nos muestran cómo estos atributos, siempre en tensión y contradicción, se dan dentro de los mismos individuos.

El padre avaro y despiadado que se disputa a la misma mujer con su propio hijo, llega hasta nosotros en toda su plenitud en las páginas de Los hermanos Karamazov porque somos capaces de reconocerlo tal como lo retrata Dostoievski;  existió,  sigue existiendo, así como los muertos de Rulfo que hablan debajo de las tumbas en Pedro Páramo nos son familiares porque lo que cuentan son ambiciones mal cumplidas y pasiones de amor que carcomen hasta en la muerte.

No hay que creer a quienes nos dicen que sólo debemos aceptar lecturas edificantes, porque así nunca seríamos lectores adictos. Cuántos buenos lectores se han perdido por causa de las imposiciones escolares, que mandan leer libros indigeribles, o que por falta de método son presentados como tales. Y cuántos buenos lectores, y a lo mejor escritores, se han ganado gracias a los libros prohibidos por la escuela, por el hogar, por la religión, porque lo que la imposición no consigue, lo consigue la curiosidad por lo prohibido. Y los censores son, sin excepción, personas amargadas y hostiles al espíritu de libertad que campea en los libros.

Y quien no aprende nunca a leer, quien no se vuelve desde temprano un vicioso de los libros, no sabe de lo que se pierde. Se expondrá a llevar una vida mutilada y a lo mejor, amarga, igual que la de los censores, lejos de los espejismos y los fragores de la imaginación.

¿Cómo crearse ese vicio?  Empezando por un cuento de los hermanos Grimm, luego yendo a uno de Chejov, o de Rulfo, antes de llegar por fin a una novela de Faulkner, o al Ulises de Joyce, ya no se diga. O yendo primero a los capítulos y pasajes más divertidos de El Quijote, a alguno de los cuentos de Las Mil y una noches.

Para que un niño o un adolescente adquieran el vicio de la lectura, antes deben adquirirlo los padres y los maestros, con espíritu cómplice, lejos de la severidad de quien encarga una tarea. Ser parte de la conspiración de leer, comportarse como cabecillas de una hermandad de iniciados. Abrirles una puerta al paraíso, donde espera la manzana dorada entre las frondas del árbol del bien y el mal.

[Publicado el 26/2/2014 a las 08:00]

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Comentarios (1)

  • Es bueno tener el hábito de leer , ya que se tienen una mejor cultura, se tiene una mente hábil, se piensa con rapidez, hace crecer nuestra imaginación, se hace una comunión entre nuestra mente y un texto trasmisor, se pueden tener mejores conversaciones, en fin tiene grandes beneficios para estas personas, desgraciadamente en México se lee muy poco ,las personas mayores que tenemos contacto con la niñez debemos de despertar al niño el interés por los libros, para que en un futuro no muy lejano nuestra niñez tenga un gran porcentaje creciente de niños leyendo, al día de hoy se hacen campañas para tener la cultura de leer aunque sea 20 minutos al día, ahora bien, debemos de encausar a nuestra niñez a que empiecen a leer pero algo que les guste definitivamente, que les llame la atención, ya que si no le gusta, quizá por lo mismo se vayan a fastidiar y renuncien al hábito de la lectura, que sería muy grave, cuando se es pequeño, lo que también tenemos que hacer es tener paciencia con los niños para enseñarles a leer.
    En mi caso empecé a tener el habito de la lectura ya mayor, pero como les he explicado anteriormente, empecé con un libro que me gusta y que era fácil de digerir, ya posteriormente leí libros un poquito más difíciles de leer, conforme va uno teniendo el hábito de la lectura, va uno enriqueciendo su vocabulario, que lo hace a uno expresar sus ideas claramente, y concretando, se tiene muchos beneficios al tener el habito de la lectura.

    Comentado por: Arturo Cadena González el 24/4/2014 a las 23:43

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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