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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 20 de octubre de 2020

 Sergio Ramírez

Acerca de la palabra cañambuco

La palabra cañambuco no aparece registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, pero en el Diccionario del Español de Nicaragua,  Francisco Arellano la refiere al varón que anda sin calzoncillos, y a la mujer que no lleva calzón, cabal significado que entre nosotros tiene esta extraña palabra, exclusiva del léxico nicaragüense, que suena tan ajena a lo que quiere decir. Parecería más bien el nombre de algún rifle antiguo de chispa, o el de una comida tradicional.  Pero no. Expresa la libertad con que las personas exponen sus partes pudendas al refresco benefactor del aire que se cuela por las botamangas de los pantalones y los ruedos de las enaguas, en clima tan caluroso como el nuestro.

¿De dónde viene vocablo tan particular, que para unos puede significar comodidad en el vestir, y para otros, más recatados, desvergüenza o impudicia?  He buscado afanosamente, y la única otra palabra casi igual que existe en español es calambuco, y parece ser que un pequeño cambio fonético la convierte en cañambuco. Calambuco  se usa en diversas partes del Caribe y México, y aún en España. En Cuba se aplica a las personas que hacen gala de una falsa o extremada devoción, calambuco o calambuca, o sea, santulones o santulonas que se hacen notar en sus preces, como los fariseos de que hablan las Escrituras. Nada tiene que ver, sin embargo, esta falsía de quien se golpea el pecho de rodillas haciendo alardes, con andar sin prenda interior alguna debajo de los pantalones o las faldas. Y el asunto se complica cuando hallamos que calambuco es un árbol resinoso, de la familia de las gutíferas, que produce una goma llamada calaba, o bálsamo de María.

En el sur de México, en Chiapas y Tabasco, calambuco es un calabazo o una jícara,  o una vasija tosca del tamaño de una media naranja grande, lo mismo que en el Caribe colombiano, donde también llega a llamarse así cualquier recipiente de barro, una olla por ejemplo, y lo mismo un cajón cuadrado hecho de tablas donde se chorrea la leche para sacarle la crema; y en otras regiones es la pichinga de metal para transportar la misma leche, o el bidón de plástico para gasolina o aceite.

De calambuco, dicen los ilustres académicos colombianos, ha salido el verbo encalambucarse, que significa enredarse o confundirse, como digamos, "ando con la cabeza encalambucada"; si aplicáramos este término en Nicaragua a los ateperetados, deberíamos decir "encañambucado". ¿Pero cómo salimos de paso tan difícil? Encañambucado de la cabeza, si tomamos en cuenta el sentido que le demos a cañambuco, querría decir más bien andar con la cabeza desnuda, sin gorra o sombrero, igual que, más debajo de la propia humanidad, sin calzoncillos o calzones.

Volviendo al litoral Caribe de Colombia, un catambuquito sería un diablito jodedor, mientras, para nosotros, significaría un diablito de nalgas peladas; y calambuca , en la lengua kikongo de Angola, pues éste parece ser un término de origen africano traído a América por los esclavos, es la mujer preferida o más amada, lo que daría pie a una exclamación amorosa como "quiero con toda mi alma a mi calambuca idolatrada"; ¿pero qué si dijéramos "quiero con toda mi alma a mi cañambuca idolatrada?". Habría que tener pruebas de que la aludida no lleva realmente nada por debajo.

En España, donde se da el nombre de  calambuco a un recipiente de latón para sacar agua del pozo o de las tinajas, abollado y maltrecho, o un bote o lata donde se da de comer a los cerdos, también se usa la palabra aludida para referirse a alguien de pésimos modales o educación, que no da ni los buenos días y anda empurrado por la vida. Un calambuco de estos, que además anduviera cañambuco, sería objeto de doble reprobación, pesado, y, además, sin calzoncillos.

[Publicado el 16/10/2013 a las 07:00]

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Biografía

Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar,  Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007), El cielo llora por mí (2009) y La fugitiva (2011). En 2014 ha sido galardonado con el Premio Internacional Carlos Fuentes a la Creación Literaria.

Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com y su página oficial en Facebook: www.facebook.com/escritorsergioramirez.

Foto Copyright: Daniel Mordzinski 

 

 


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