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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 3 de agosto de 2020

 Blog de Eduardo Gil Bera

Sensacionalmente distinta

 

La verdad es una sensación, escribe Azúa. Y añade que la visión inmediata de que la solución dada a un problema matemático es verdadera no es distinta de la aprobación placentera del ebanista, el pintor o el músico, que rematan su obra. La reflexión está muy bien traída porque pone en problemático entredicho a las sensaciones que no dejan de ser nuestras guías ineludibles y preeminentes en el interminable equívoco entre lo bueno, lo bello y lo verdadero.

 Con todo, yo sostengo que hay para el hombre una sensación de la verdad distinta a todas las otras. Dar con la verdad que está ahí y que todos verán cuando se les muestre, sea como sea, bajo otro régimen o en otra dimensión estética, difiere esencialmente de la sensación narcisista y de sumo alivio  que produce el último toque feliz, ese momento dichoso en que uno  se despide, “ahora sí que no puedo hacer más por ti”, y deja la obra a merced del público y la nada. Porque, al cabo, uno sabe que en el mejor de los casos se trata de su personalidad, su verdad, que ahora quedará expuesta a la intemperie de aprobación, indiferencia o vituperio. La exaltación se abigarra con irisaciones de inseguridad, esperanza y desmesura. La plenitud llega a irradiar una aureola de impotencia. La necesidad de aprobación ajena se parece inesperadamente al miedo.

Con la verdad, es distinto. Cierto es que urge la compulsión de hacerla saber,  la más humana de las urgencias, pero la cuestión personal se reduce a un problema táctico, exclusivamente de organización, a un “veamos cómo digo esto para que se entienda”. La inseguridad limita su reino a las siempre necesarias precauciones para no explicarse tan espeso que aumente la dificultad para la aproximación y el entendimiento ajenos. En la visión de la verdad no hay último detalle, sino comprensión del conjunto. Los detalles tendrán que concordar, o no valdrán, y serán falsos e irrelevantes. No hay exaltación, sino confort repentino, algo parecido a cuando se enfoca una lente.

Durante años tuve cercado al sospechoso de la cuestión homérica. Es difícil interrogar a un sospechoso a tanta distancia, y yo mismo creía que nunca pasaría de las conjeturas. En el verano de 2008, el confuso océano de la cuestión se había reducido a un esfera, todavía con el centro en muchas partes, pero la circunferencia ya no estaba en todas. Una tarde de julio me fui a la siesta. Por si sirve a los especialistas, puntualizaré que había comido oveja, que según los entendidos infunde la virtud de la paciencia, justo la que yo no tengo. En el mejor sopor, con la élite de mis funciones dedicadas a la digestión, a punto de quedarme frito, entendí el epigrama dórico, no solo el significado, no solo el imperativo final, también con qué verbo de la Ilíada había que relacionarlo para hacer incontestable la exposición. Lo supe todo. El sospechoso ya no era un sujeto legendario y difícil de interrogar a a través de los milenios, sino un poeta que salva las distancias dejando por escrito su confesión con toda suerte de anotaciones e instrucciones para entenderla. También supe lo que tenía que escribir, cómo lo argumentaría, en qué dirección llevaría el crescendo, en qué orden vendrían los rittornelli y cómo administraría las pruebas. Ninguna exaltación, nada de levántate pamplonica. Me dormí igual. La certeza, con toda su exposición y consecuencias, ocupó mi mente el mismo lapso de tiempo y produjo la misma emoción que si me hubiera preguntado por el lado en que tenía la ventana. 

Se diría que una parte de mis entendederas se había dedicado por su cuenta, haciendo horas extraordinarias, a reflexionar y comparar, conjeturar y desechar, y presentaba el resultado sin hacer aparatos, como quien responde cuando le preguntan qué hora es. La verdad entonces se asimila de modo que parece que se sabía de siempre, y cuesta imaginar cómo pensaba uno cuando aún la ignoraba. Ahora mismo, al corregir las pruebas, me acuerdo de aquella hora meridiana y te puedo asegurar que la sensación de la verdad es distinta a las demás.

 

 

 

 

[Publicado el 23/9/2011 a las 05:35]

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Comentarios (4)

  • Egun on, Eduardo. Duela hilabete batzuk bidali nizun Homerori buruzko saio bat, orain dela urte asko helarazi nizunaren garapen bat. Bidaltzearekin batera igorri nizun mezu bat internet bidez, baina uste dut izurratuta daukadala eta ez zaizula iritxi (birritan saiatu naiz harrezkero), edo helbidea aldatu ote duzu? Barka iezadazu hemendik saiatzea. Lehenbizikoan erantzun zenidan, eta harritu egin nau zure seinalerik ez jasotzeak.

    Comentado por: Aspaldiko bat el 24/9/2011 a las 10:47

  • CONTINÚO. Dos caras, o sea, tanto puede ser fuente de gozo como de dolor. El cuestionamiento de la verdad se plantea comúnmente desde este segundo lado, y parece depender de la recepción de la que es objeto, midiéndose por lo general de acuerdo con la complacencia que procure: si duele, es índice de falsedad, y si complace de lo contrario. No hace falta ir muy lejos para comprobarlo. Sobra decir que, desde este punto de vista, poco suele faltar para que, invirtiendo los términos, se considere cierto lo que complace, y falso lo que duele, llegando a exigir dicha complacencia, a costa de exponerse quien no se somete a ella a padecer directamente, sin mediación alguna, una venganza ritualizada; y no escasean, desde luego, quienes sostienen toda su verdad en la extremada fidelidad con la que se preocupan de complacer a quien convenga hacerlo, y, ganada la avenencia, de someter a todo quisque a esa condición, por cualquier medio, que es como decir que se ha de valer como condimento en su salsa sea como sea, sea como patata, como pimiento, como aceite o como sal, que todo es comestible, y el gurmet así lo requiere, y se complace del gusto con el que disfrutan del refrigerio los comensales que le proporcinan los emolumentos. En ningún caso les parecerá a estos que pueda el gurmet andar sobrado, todo es poco, o mucho es cuanto a mi me parezca, que parecido es (aquí mismo se mencionó a un tal Pito Rodriguez que suele andar metido en estos menesteres, eximio presentador de banquetes filosófico-culturales).

    Comentado por: Leim el 24/9/2011 a las 10:41

  • Estoy impresionado. El primer comentario, el de "Chanel Handbags" es lo más sabio que he leído últimamente.

    Comentado por: La Verdad sea... Dicha el 24/9/2011 a las 09:35

  • Se me ocurre recordarte la frase hecha: la verdad duele. Parece como si, por el lado de quien la busca, o se le presenta,
    la verdad es portadora de cierto gozo, pero por el lado de quien la recibe puede presentar las dos caras. CONTINUARÉ

    Comentado por: Leim el 24/9/2011 a las 09:08

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Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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