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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 8 de abril de 2020

 Blog de Eduardo Gil Bera

Lecturas apresuradas

 

 

Llevamos incorporado de serie un software para leer caras y obtener de ellas información sensacional. En realidad, leer caras es un arte de hacer juicios temerarios, pero no por saberlo nos sustraemos a su influencia. Y también llevamos incorporado un software para poner caras, que a su vez es un arte que nos lleva toda la vida.

“Habla para que te vea”, dijo Sócrates a un joven que le presentaron para que examinara sus capacidades. Sin duda, creía que los rasgos del rostro y en especial los ojos se animan al hablar, de modo que los recursos y facultades mentales modulan la fisonomía, y es posible determinar el grado y capacidad de la inteligencia. A ese parecer se opone una objeción de tinte moral, porque a las cualidades morales las suponemos yacentes a un nivel más hondo que la mímica facial. Y aún con más fuerza se opone una observación elemental por el hecho de que el habla  conlleva siempre un grado de inevitable fascinación en el hecho de entenderla. Por eso, Schopenhauer prefería decir “no hables, para que te vea”.

La descarada aporía de las caras legibles ha conocido altibajos notables en la historia de la antropología criminal, ciencia temeraria como pocas. Un momento cumbre fue Lombroso. Hoy parece algo chusco, lo mismo que cuando recordamos que no hace muchas generaciones los barberos eran cirujanos, pero Lombroso fue reputado genio durante el siglo XIX y, particularmente en España,  a lo largo del primer cuarto del siglo XX. En el periódico valenciano El Pueblo, se anunciaba para el domingo 27 de febrero de 1910 un mitin anticlerical con la intervención de la flor y nata de los perorantes más radicales del momento: “Alejandro Lerroux, el bravo luchador en quien el pueblo confía; Rafael Salillas, el Lombroso español; el insigne novelista Pío Baroja, que recientemente se incorporó al partido que acaudilla Lerroux; y Ricardo Fuente, el cultísimo publicista”. 

Una de las actividades tradicionales de los lombrosianos españoles de hace cien años era pasearse radical y provocativamente en coche, el jueves  santo, por las calles y plazas que el ayuntamiento había declarado peatonales a causa de las procesiones. Así puede verse en una foto de Nuevo Mundo a Nougués, el secretario de Galdós, que se solía ocupar de leerle los discursos, y al diputado radical Soriano, felices en su coche cruzado en la calzada de la valenciana calle de la Reina por donde venía la procesión. Los lombrosianos también se convertían eventualmente en policías represores de las manifestaciones insultantes para la verdadera religión anticlerical, tal y como se predicaba en el diario El Pueblo.

Pero la especialidad más celebrada de los lombrosianos era la llamada fisiognómica. Peritaban una cabeza y le diagnosticaban fobias, filias, parentelas espirituales y otros achaques de manual. Era lo que, en la jerga lombrosiana, se llamaba calibrer la bosse. Por lo visto, a nadie se le ocurría que las doctrinas lombrosianas no eran más que variantes cabezonas de la quiromancia y la astrología.

Cesare Lombroso era de Verona y estudió medicina en Padua, Viena y París. Dirigió un manicomio y dio clases de medicina forense en Padua y Turín, donde se hizo con la cátedra de Antropología Criminal y publicó en 1876 su obra más famosa, L’uomo delincuente. Lombroso no creía en los crímenes,  que tenía por fenómenos aparentes, sino en el criminal, que según él era un hombre atávico. La tendencia al crimen era para él una forma de epilepsia, que en lugar de convulsión producía un impulso insuperable hacia la fechoría. Para probarlo, examinó cuatrocientos cráneos de criminales  difuntos y seis mil de vivos, de donde concluyó qué tipo de orejas, narices, ojos y frente correspondían al tipo del violador, qué movilidad de rostro, cejas y pilosidad tenía un ladrón, y qué pómulos y maxilares eran típicos del asesino. Para no dejarse nada, también publicó un recio libro sobre la criminalidad femenina, La donna delinquente, la prostituta e la donna normale. 

Entre los precursores de Lombroso estaban frenólogos como Lavater y Gall, que estudiaban las protuberancias craneanas donde localizaban las tendencias criminales. La frenología tuvo también en España su desenfreno y sus cultivadores, como el célebre Cubí, que pasó sus felices días revolviendo en las hueseras de los cementerios y fieramente enfrentado con la Iglesia.

La concepción totalizadora de estos antropólogos, que en su momento se consideró el colmo del progresismo, tuvo su más destacada inflorescencia en el nazismo. Se puede ver, por ejemplo, en las conclusiones lombrosianas de Maximoff, que investigó a los condenados en Siberia a trabajos forzados y encontró que los tártaros eran proclives a crímenes de sangre y violencia, mientras los judíos destacaban en delitos contra la propiedad. Entre 1885 y 1913, se celebraron hasta siete congresos internacionales de antropología criminal. Solo la guerra detuvo el vertiginoso crescendo de la ciencia lombrosiana. De forma paralela, se iba imponiendo la idea de la superioridad nórdica y anglosajona frente a los latinos y semitas. Un antropólogo criminalista español, Bernaldo de Quirós, no sólo encontraba mayor criminalidad en los paises cálidos, sino que trazó una línea de Lisboa a Barcelona y decretó la mayor proporción criminal del sur frente al norte, a causa del mayor cruce de razas y el predominio semítico.

Hay una lamentable ironía en el hecho de que la antropología criminal fuera una de las “ciencias” que acabó por confluir en uno de los mayores crímenes de la historia. Pero, en sus tiempos mozos, la fisiognomía procedía de tesis aristotélicas y estoicas, y enlazaba con la cuestión siempre por resolver de los futuros contingentes.

Los aficionados recordarán al dieciochesco marqués de Laplace y su calculadora, en la que bastaba introducir todos los datos presentes y pasados del universo para que el artefacto determinara fatalmente el verdadero futuro. La calculadora de Laplace leía en la cara del universo los crímenes y virtudes del porvenir. Que el futuro no puede ser verdad ni mentira puede parecer evidente a primera vista, pero es algo que siempre ha costado entender.

Pedro Rivo, que enseñaba teología en Lovaina en el siglo XVI, sostenía que las proposiciones de las sagradas escrituras con el verbo en futuro (por ejemplo, “parirás un hijo, y le pondrás por nombre Jesús,” de Lucas, 1, 31) todavía no eran verdaderas. Por lo tanto, decía, o en los artículos de fe sobre futuro no hay verdad presente, o es preciso dictaminar que su significado no puede ser impedido por Dios. El papa Sixto IV hizo condenar las doctrinas de Rivo por escandalosas y desviadas, y el teólogo tuvo que retractarse por escrito.

El propio Aristóteles debatió en De Interpretatione el tema de los futuros contingentes y su susceptibilidad de ser previamente leídos. Como ejemplo, proponía “mañana se librará una batalla naval”, que a primera vista solo puede ser verdad o mentira, excluyendo cualquier posibilidad tercera. Los estudiosos aún no se han puesto de acuerdo sobre cuál era en detalle la argumentación de Aristóteles, que termina por sostener que proposiciones como esa no son verdad ni mentira, mientras no haya comprobación de hecho.

Las consecuencias del litigio sobre los futuros contingentes son importantes en religión. Sobre todo en religiones como la judía, donde hay un pacto vinculante en el dios y su pueblo. Si el pacto es realmente vinculante y no puede sino ser cumplido por el dios, este se convierte en un ser sobrante e inoperante, que conoce el futuro y no puede cambiarlo. Para arreglarlo, la ley prohibía a los judíos toda suerte de adivinación y predicción.

Pero estamos hechos para leer caras y signos de inminencia, nos puede la obsesión de que las cosas tienen sentido, así que vivimos encarados al futuro y al pasado, a la ansiedad y al recuerdo, y nuestro presente consiste en lecturas apresuradas.

 

[Publicado el 24/7/2011 a las 06:07]

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Comentarios (2)

  • El grupo Prisa empieza a no gustarme...lo encuantro hace un tiempo poco transpatente para los que lo seguimos en sus diversas manifestaciones durante años.... Eliminan a personas de programas o prensa de años sin dar expliaciones a sus seguidores de años; hacen editoriales totalmente pro pardistas y tendenciosas (Cebrian, se te cruzaron los cables )...presentan a individuos servilmente...!..!SE HAN POSICIONADO CLARAMENTE CON EL PODER !!....Bueno, yo los entiendo, y a los que se ganan la vida como periodistas, escritores.etc, dentro de él,( a vds. los deste blog tambien), pero ya no comparto sus intereses, ni en la mayoria de los caos sus decisiones y opiniones......!!Bon voyage a todos!!.. por eso quiero decir publicamente que conmigo no cuente mas. Otros vendran.Sé que me voy encerrando , pero la vida es asi... !CHAO!

    Comentado por: yo no leo despacio... el 29/7/2011 a las 15:02

  • Conocí un hombre que adivinaba mediante unos cartones tan gastados,que ningún símbolo era apreciable en ninguna de sus dos caras.Un buen día dejo de ejercer su oficio.Alguien le preguntó cual era el motivo."Llevado por un sentimiento de piedad,dije a una mujer que anhelaba ser madre, que,desde ese día,así que pasaran cuatro meses,iba a concebir" .Así se cumplió. Desde entonces paso los dias de modo de no alterar los planes del Universo " .

    Comentado por: Chabela el 26/7/2011 a las 20:06

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Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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