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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 10 de abril de 2020

 Blog de Eduardo Gil Bera

Reminiscencias de un asado

 

El otro domingo, a media mañana, visité el puente de Salamanca, cuando los naturales lo recorrían de paseo antes de almorzarse un asado. Admiré el hermoso monumento que soporta el más denso tráfico de sabios del mundo, devoré el asado, y me sumí en ascéticas y encantadoras meditaciones, ¿quién inventó la libertad de pensamiento y el libre mercado? El origen del feliz hallazgo radicó en este puente de Salamanca, junto al lugar donde el ciego le pegó a Lazarillo la gran calabazada que le hizo dejar la simpleza y lo maleó para siempre, en el elegante tablero por donde pasearon, discutieron y meditaron, a la hora del recreo, aquellos ingenios que trajeron la libertad al campo de batalla científico y económico. Eso sucedió allá por el último cuartillo del siglo XVI, cuando en Salamanca campaban pensadores adiestrados en la técnica razonadora de Aristóteles y Tomás de Aquino, esforzados en aplicar argumentaciones estrictamente lógicas a los nuevos descubrimientos y al humanismo emergente, y proclamando por primera vez el derecho del hombre a la dignidad, la libertad de expresión, de propiedad y de conciencia.

Paseantes por el puente de Salamanca fueron Martín de Azpilcueta, que meditó sobre el origen y naturaleza del poder político y los precios,  Diego de Covarrubias, que avanzó la primera teoría sobre el valor subjetivo de los bienes, Juan de Mariana, que sopesó la licitud del tiranicidio y la intervención gubernamental en los precios, Francisco de Vitoria, que cuestionó la aceptabilidad moral del margen de ganancia y concibió la libertad de mercado como componente esencial del orden natural, Jerónimo Castillo de Bovadilla, que estableció el principio de libre competencia como corrector elemental de los precios, Luis de Molina, que valoró la capacidad motivadora de la propiedad privada. Todos ellos fundaron la economía moderna siglos antes que los teóricos del lassez faire, Adam Smith, la Escuela de Manchester y el resto de advenedizos. Joseph Schumpeter, que escribió una desaforada historia del análisis económico, saludó con suma pleitesía a los escolásticos salmantinos y reconoció que fueron los fundadores de la ciencia económica. Y hoy mismo, Karen Horn, que dirige el Instituto de la Economía alemana en Colonia, es una acreditada valedora de la Escuela de Salamanca.

Uno de mis paseantes salmantinos favoritos es Tomás de Mercado, que trazó las líneas básicas del concepto de banco central. En el siglo XVI, cualquiera podía abrir un banco con un capital relativamente limitado, y hasta podían fundarse varios al arrimo de una feria importante, donde se establecían líneas de descuento que muchas veces se resolvían con que el banquero se alzaba dejando a los clientes quebrados. Mercado vio que las imaginaciones del cliente que se encuentra a leguas de la feria, la del banquero que calcula la rentabilidad de asentar libranzas en vez de acumular monedas, y la de los feriantes que no pagan ni cobran efectivo hasta una vez pasada la feria, se dedicaban a una carrera de desconfianza mutua mientras fingían darse crédito. Demostró por primera vez que todo era imaginación y que el monopolio del proceso era crucial, de modo que preconizó la creación del banco central que conjuga la desconfianza a tres bandas de quien deposita dinero, quien lo recibe pero no lo guarda, y quien lo pide prestado. Así se permite la licencia visionaria de que el dinero, que todos tienen por concreto, esté en tres sitios a la vez. 

Mercado no solo adelantó el concepto de inflación, también fue el primero en negar la legitimidad de la trata de negros, que entonces se regía por el derecho prehistórico de los vencedores sobre los vencidos. En 1575, describió por primera vez los horrores de los traslados de esclavos, donde se registraba una mortalidad del 60%, en el viaje de Cabo Verde a América. Para hacerse una idea de lo avanzado de su posición, cabe recordar que en 1711 el gobierno inglés avaló la creación de la South Sea Company, dedicada al tráfico de esclavos negros cazados en África, y que incitó a los inversores ingleses, gente refinada y culta que consumía píldoras de momia egipcia para asegurar su longevidad, a lanzarse a una especulación cuya índole burbujeante no entendían, y que terminó con un desastre semejante al de Law en Francia.

También Antonio Escobar fue un miembro epigonal de aquella pléyade de salmantinos paseantes. Él y su colega Tomás Sánchez conmovieron al mundo con sus teorías casuistas que vinculaban la culpa y su probabilidad con la oferta y la demanda. Escandalizados por sus teorías, Pascal y Voltaire se hicieron los indignados defendiendo el lugar común, y atacaron a estos moralistas avanzados, que sublimaban deseos y culpabilidades trescientos años antes que Freud.

En este puente y la ciudad altiva de excelentes asados, se argumentaron las primeras ideas morales sobre la libertad e igualdad naturales de todos los hombres. Hoy parecen conceptos obvios, pero hizo falta que estos ingenios los construyeran con audacia y agudeza admirables. También un buen asado parece algo natural y consabido.

 

 

[Publicado el 29/6/2011 a las 09:27]

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Comentarios (7)

  • Pablito: Al único santo que tengo devoción es Guillermo de Ockham. Ah! Cierto,no pudo serlo porque tanto él como Juan XXII se llamaban mutuamente herejes!

    Comentado por: Hyla arbórea el 13/7/2011 a las 21:33

  • !Oh hombre¡ Mosca que a veces
    repudias las heces, y osas
    volar triparriba.

    Comentado por: El Mismo el 06/7/2011 a las 10:32

  • Recuerdo haber leído en una novela de Lawrence Durrel, que formaba parte del "Quinteto de Avignon", algo relativo a este tema que me sorprendió mucho, y por eso lanzo el recuerdo a la red, para que quede atrapada en este vínculo gordiano. Tiro porque me toca, y tiro por la tangente.
    Queda el quid aludido en el artículo: Freud afirmó que el inconsciente identifica dinero y escrementos. La clave está en la cosa enfermiza del narcisismo desbocado: dinero y escrementos son dos formas sustitutivas o denegadoras de la inflación psicológica, de modo que tanto el sujeto que farda de chalet sabático como el que deja un maloliente chorongo en el parquet del mismo tras desvalijarlo, se conducen espoleados por idéntico requerimiento, a saber, dejar pública constancia de sí mismos en su prístina libertad. Sólo menciono los extremos, porque el abanico entero despliega tal muestrario que las modalidades llegan a abarcar aspectos insospechados. Leonardo de Vinci intuía ya algo de esto, cuando lamentaba que lo más común en la naturaleza humana se muestra en lo único que deja normalmente a su paso: unas letrinas bien repletas.
    Pues bien, uno de los personajes de la novela le afeaba a Freud haber hecho esa afirmación de forma tan tajante, alegando que si algún parangón merece hacerse digno del real valor oro debería ser el semen. Por ello aconsejaba de paso al sexo receptivo cuidar muy mucho del mismo, "como si fuese calderilla" --aconsejaba, produrando de paso cuidar del sexo donador en toda su envergadura. Claro que quien argüía así era un árabe, todo hay que decirlo. Sea como fuere, quizás no le faltaba razón, porque también podría la circunstancia explicar otra cuestión: a nadie se le ocurre pensar que la causa de la pérdida de calidad seminal, que se traduce en la infertilidad, pueda ser efecto de esa falta de cuidado; parece que afecta con especial contundencia al hombre blanco europeo, nórdico o norteamericano. No lo sé con exacitud, yo únicamente propongo la hipótesis, con todo respeto, aunque parezca hacerlo sin vergüenzas.
    La diferencia no es sólo simbólica, es también significativa dentro de la economía esa de la moralidad y de la culpa: las mierdas todas son igual de asquerosas (aunque pirra a las moscas, que se acercan a ellas como varones y féminas a esencia de flores: ambas son fomas de la descomposición), los sémenes parece que no. Aristóteles hacía la prueba de la diferencia observando su capacidad de flotación en el agua.

    Comentado por: Miel de Cazcarrias el 05/7/2011 a las 15:31

  • Pues desarrollar el ius gentium, la ley internacional y el concepto de igualdad entre los pueblos no me parece obrar el mal, aun potenciando la teoría del comercio.

    Comentado por: pablito el 03/7/2011 a las 21:50

  • Pablito:Ya ve Ud. ni siquiera los sacerdotes,frailes, obispos y teólogos católicos de aquellos siglos se dedicaban a obrar el Bien. Especulaban sobre la obtención del capital y las ganancias.

    Comentado por: Hyla arbórea el 01/7/2011 a las 22:29

  • Pues sí. Todos esos españoles que adelantaron las ideas sobre libertad, justicia, economía, derecho, derecho internacional, etc., del pensamiento contemporáneo fueron sacerdotes, frailes, obispos y teólogos católicos. Todos.

    Comentado por: pablito el 30/6/2011 a las 17:13

  • ideas morales Obvias ?

    Comentado por: juan andres el 30/6/2011 a las 15:50

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Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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