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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 4 de diciembre de 2020

 Blog de Eduardo Gil Bera

El desengaño y la felicidad

 

Cuando Unamuno dijo “que inventen ellos” replicaba a un supuesto  tópico de la época que en realidad es bastante anterior, porque ya en el siglo XVIII cundía la idea de que los españoles eran poco aptos para la inventiva. Con todo, visto de cerca, se trata de un cliché peculiar, porque es más fácil encontrar reacciones, como las de Unamuno, Cavanillas, Menéndez Pelayo o Feijóo, que exposiciones fehacientes o siquiera mínimamente articuladas de la dichosa inepcia española para los inventos. Apenas se encontrará más que una negación radical de la inteligencia española, la de Masson Morvilliers, un geógrafo gris que así pasó a la posteridad. Pero hay tantas vindicaciones, réplicas y apologías de la ciencia y la capacidad de invención de los españoles que uno tiende a pensar que, si no existe tal inepcia, sí que hay un complejo que seguramente viene del entrañable concepto del desengaño, uno de los motivos favoritos del Siglo de Oro.

Pero de atrás viene la cebada, y resulta que la acusación de falta de inventiva, que en términos literarios llamaríamos escasez de ficción, ya se le reprochaba a Lucano. Quizá algunos taxónomos puristas encuentren impropio incluir entre los literatos españoles a Lucano, pero si se les explica que fue un escritor cordobés que escogió la guerra civil como tema, no tendrán otra que reconocerle la españolidad literaria más à la page que se pueda pedir. 

Ahora bien, en vez del apasionante enfoque de la guerra tal y como debió ser, si hubiera sido como es debido, Lucano describe el horror de una guerra sin bando de buenos, y conducida por dos tipos nada atractivos, Julio César, que se ve ruin y vengativo, y Pompeyo, que aparece como inepto y repulsivo. Para colmo, no salen los dioses, que es como si en una novela de la guerra civil española no se mencionara la superioridad moral de los consabidos. Pero la vena hispana de Lucano se echa de ver en su elogio de los principios estoicos y republicanos que se condensa en su célebre “la causa de los ganadores gustó a los dioses, la de los vencidos, a Catón”, resumen severo del “tengo en mi tierra un solar de casas que, a estar ellas en pie y bien labradas valdrían más de doscientas veces mil maravedíes, según se podrían hacer grandes y buenas, y tengo un palomar que, a no estar derribado como está, daría cada año más de doscientos palominos.”

El propio Lucano, prohibido y condenado a muerte por Nerón, es el santo precursor de los mártires literarios republicanos, y en su latín, reputado como el mejor de la Edad de Plata, se registran muchos de los cambios fonéticos y gramaticales que luego se observan como primeras diferencias entre el latín y las lenguas romances.

No vale la pena insistir en la vacuidad del tópico de la inepcia hispana para la invención, pero los ilustres alegantes de ejemplos esclarecidos sí parecen creer en él. Esa peculiar fijación hispana por el desengaño está descrita por Cioran en La tentación de existir. Dice que tuvo la revelación en Valladolid, allá en la casa de Cervantes: “Una vieja de aspecto corriente contemplaba el retrato de Felipe III. ‘Un loco’, dije. Ella se volvió hacia mí: ‘Con él empezó nuestra decadencia’. Me encontraba en la médula del problema: ‘¡Nuestra decadencia!’ Así que, pensaba yo, la decadencia es en España un concepto corriente, nacional, un cliché, una divisa oficial. […] Charlatanes por desesperación, improvisadores de ilusión, viven en una especie de aspereza cantante, de tragedia poco seria, que los salva de la vulgaridad, la felicidad y el éxito.” 

Que las letras hispanas han tenido una marcada debilidad por el desengaño y el orgullo de desesperar ha sido un descubrimiento de los pesimistas oficiales europeos. Es gracioso que Schopenhauer, conocedor de los clásicos españoles, no se diera cuenta de que aquella era la literatura más pesimista que nunca había leído, y tuviera necesidad de sahumerios indostánicos y del empacho de todo un siglo de optimismo bobalicón, como fue el XVIII, para alumbrar, en aquella resaca, una sabiduría de pretendidos ribetes pesimistas que hubiera dado risa, por ingenua y obvia, al  Lazarillo de Tormes, catastro genial de solares vacíos y palomares derribados.

Ahora, la defensa más seria de la aptitud española para la invención la hizo Feijóo cuando dijo que “esto de inventar, por lo común es mera felicidad”.

 

 

 

[Publicado el 10/3/2011 a las 08:00]

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Comentarios (6)

  • Qué artículo más tramposo. ¿Qué coño tiene que ver la "invención" literaria con el asunto de la frase de Unamuno? - que por cierto, es una buena muestra de inventiva.

    Comentado por: gómez el 13/3/2011 a las 13:17

  • "Esto de inventar, es pura felicidad ."Hay que darle la razón a Feijóo.Para otros el estado perfecto de los seres humanos es el estado de creación.Ningun otro estado, de los mas óptimos que se puedan vivir, lo superan.

    Comentado por: Chabela el 12/3/2011 a las 13:53

  • Fred: Lo felicito.De tan alto nivel de vida gozan los españoles, que no les verá Ud. en el Metro.

    Comentado por: Nipon el 12/3/2011 a las 13:48

  • De todos modos, aquello que fue o pudo haber sido ya no es, y si es, es pasado. Esta mañana he ido en metro, y no me he tropezado con ningún español, y se supone que estaba en España. Solo he visto extranjeros, de todos los colores, rojos, verdes, amarillos y negros. Los españoles de ahora son muy raros, y hablan extrañas jerigonzas. De modo que creo que ya no es necesario preocuparse de los defectos o virtudes de los españoles, puesto que ya no existen. Muerto el perro, se acabó la rabia.

    Comentado por: Fred el 10/3/2011 a las 23:15

  • inventar es mera felicidad...

    Comentado por: ¡la última vez firmé como "Benjamín de la Cerda"! el 10/3/2011 a las 18:34

  • Bello texto lleno de lucidez sin queja. ¡Qué majestuosa melancolía la frase sobre el Lazarillo!

    Comentado por: pablito el 10/3/2011 a las 10:43

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Biografía

Eduardo Gil Bera (Tudela, 1957), es escritor. Ha publicado las novelas Cuando el mundo era mío (Alianza, 2012), Sobre la marcha, Os quiero a todos, Todo pasa, y Torralba. De sus ensayos, destacan El carro de heno, Paisaje con fisuras, Baroja o el miedo, Historia de las malas ideas y La sentencia de las armas. Su ensayo más reciente es Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero (Pretextos, 2012)

Bibliografía

1993 A este lado - ensayo - Editorial Pamiela, Pamplona.

1994 El carro de heno - ensayo - Premio Miguel de Unamuno. Editorial Pamiela, Pamplona.

Introducción, notas y apéndices a la edición facsímil de Diccionario de los nombres 

eúskaros de las plantas de José María de Lacoizqueta. Pamplona.

1996 Sobre la marcha - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

Prólogo para Obra Vasca de Julio Caro Baroja - Editorial LUR San Sebastián.

1997 Os quiero a todos - novela - Editorial Pre-Textos, Valencia.

1999 Paisaje con fisuras - Sobre literaturas antiguas, tratos y contratos humanos - ensayo  

Editorial Pre-Textos, Valencia.

2000 Todo pasa - novela - Editorial Siglo XXI, Madrid 

2001 Baroja o el miedo - biografía - Ediciones Península, Barcelona.

2002 Torralba - novela histórica - Premio Nacional de Novela Históricia Alfonso X el Sabio 

Ediciones Martínez Roca, Barcelona. 

Los días de enmedio - ensayo - Ediciones Destino, Barcelona 

El pensamiento estoico - ensayo - Edhasa, Barcelona.    

2003 Historia de las malas ideas - ensayo - Premio Euskadi de Literatura 2004,

Ediciones Destino, Barcelona 

2007 Sentencia de las armas - ensayo - Finalista I Premio Internacional de Ensayo. Círculo de Bellas Artes/ A. Machado Libros, Madrid.

2012 Ninguno es mi nombre. Sumario del caso Homero - ensayo - Pretextos.

2012 Cuando el mundo era mío - novela - Alianza Editorial.

2015 Esta canalla de literatura. Quince ensayos biográficos sobre Joseph Roth - Acantilado
 

 
 
 
 
 
 
 
 

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