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El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Boulevard voltaire

El París al que llegué siendo aun casi adolescente era una ciudad faro. Imagen de vitalidad política y cultural y  paradigma de  unas  libertades todo lo formales que se quisiera pero consideradas preciosas por los que carecían de ellas. Recuerdo la presencia en muchos lugares de enormes carteles con la imagen de Franco y un texto firmado por relevantes nombres de la ciencia y el arte que decía: "Que se lo lleve el diablo y con él a todo su execrable régimen vergüenza de Europa".

Vergüenza abstracta para Europa, pero vergüenza muy concreta para los centenares de miles de  españoles  que (en Paris como en  ciudades fabriles de Bélgica, Alemania o  Suiza) vivían un esencial desarraigo,  pasando  de ser considerados como amenaza potencial  para las conquistas  laborales duramente conseguidas, a ser objeto de paternalista conmiseración por, además de pobres, llevar el estigma de haber crecido en la opresión  y la barbarie. Pues  haber nacido, o  al menos vivido,  en democracia era además de un privilegio un signo de distinción [1]

Me instalo de nuevo en París muchos decenios después, y el azar hace que lo haga en el Boulevard dedicado a ese Voltaire paradigma de  la Francia de la laicidad  y el  librepensamiento. Un París dónde  la imagen tristemente pintoresca del clochard ha sido reemplazada por sombrías figuras que hurgando en las poubelles y apostados a la salida de las tiendas y los teatros, encarnan la nueva mendicidad,  hija de la  generalizada ley que, de Praga a Lisboa, marca  el destino a todos los que van quedando en los arcenes del sistema y de la vida; todos aquellos a los  que El Capital (como el Señor de la parábola de los tres talentos) considera "siervos ruines y perezosos" que no han sabido poner a su servicio las muchas  o pocas capacidades de que fueron dotados.

El  París que encuentro ha multiplicado el número de  "soupes populaires", y al igual que  en  otras urbes europeas, el incremento exponencial de solitarios y desclasados   incrementa asimismo la paranoia y la desconfianza. Y no obstante hay en París como un rescoldo de resistencia, un rescoldo de ideario republicano, que se traduce concretamente en las dificultades que el gobierno francés ha tenido ( y a mi juicio va a seguir teniendo) para erigir en norma las exigencias tiránicas del mercado. Resistencia que algunos ( cronistas españoles con cierta frecuencia)  consideran precisamente como signo de la decadencia de Francia y de su impotencia para seguir contando entre los poderosos del mundo.  En  cualquier caso  Francia es el país dónde la extensión de los valores  lepenistas ( compartidos por gente   no vinculada   directamente al partido del matón)  abrió el espacio de la nueva intolerancia europea... y a la vez es  el país que más parece resistir a la misma. Vivir hoy en París implica asumir esta contradicción y luchar porque se resuelva en el sentido compatible con la dignidad.

En este  día en que escribo, símbolo del tantas veces grisáceo  y áspero noviembre parisino, las  imagenes de  soledad  y  renuncia  apagan el espíritu. Pero en el Boulevard Voltaire ondean aun banderas rojas  y en un bistro contiguo a la boca del metro ha llegado un vino primeur de Gascogne. Quizás no todo ello es figura del pasado. 



[1]          Ya he tenido ocasión de señalar  que los hijos de zonas rurales de España que en lugar de emigrar al extranjero lo hacían  a Cataluña o el País Vasco eran objeto de una marginación suplementaria en razón de que  el régimen intentaba servirse de ellos para diluir la lengua y cultura locales, lo que hacía que en ocasiones fueran considerados como enemigos objetivos de las mismas por los propios resistentes nacionalistas. Eran los terribles tiempos en los que la palabra "coreano" y "charnego" sintetizaban tanto el desprecio al hijo del subdesarrollo como al representante de la   identidad española que - ya entonces- alejaba de Europa, esa Europa a la que uno sí  pertenecía. Sabido es que, en Catalunya sólo los comunistas del PSUC luchaban consecuentemente contra esta injusticia, e intentaban aunar la causa general de los trabajadores y la de las libertades culturales y lingüísticas. Temo que la desaparición de los   idearios  liberadores que el PSUC encarnaba se hallan llevado también  por delante este anhelo de confraternización.

 

[Publicado el 18/11/2010 a las 17:00]

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Comentarios (2)

  • De los inmigrantes de ahora nadie se acuerda que tambien vienen de un regimen no solo miserable en lo economico, sino en lo político. Y lo peor no es que la gente capte eso, sino que no existe un mínimo paternalismo siquiera, ni tampoco incomprensión, sino muchas veces la antítesis de lo que debería ser, el odio.

    Comentado por: gustavo el 27/11/2010 a las 21:33

  • En mi pueblo también nos decían Manchurrianos, pero estuvo bien porque nos recordaban desde lo real quiénes éramos.

    Comentado por: Franfernandez el 18/11/2010 a las 20:26

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


Enlaces

Información sobre el X Congreso Internacional de Ontología aquí.

 

 

 

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