En qué sentido la filosofía ha de usar las disciplinas
El escrito de José Lazaro que evocaba en la entrega anterior, incluye una simpática referencia personal acompañada de una advertencia (sin duda destinada también a sí mismo):
"Nadie más favorable que yo a la transdisciplinariedad (he conseguido que me paguen por hablar de historia, literatura y filosofía en una facultad de medicina). Pero tenemos que pensar muy bien las condiciones de posibilidad para que un proyecto como los que a nosotros nos gustan adquiera la suficiente solidez y consistencia para que sea capaz de resistir a las críticas "a lo Sokal" que sin duda recibirá (en el mejor de los casos: en el peor no recibirá ni siquiera críticas). En el fondo, ya hasta el pueblo español lo ha dicho siempre con aquello de lo que se abarca y lo que se aprieta."
Se recordará que estas consideraciones sobre los peligros de una filosofía que aspira a servise de varias disciplinas pero que se quedaría en lo superficial de cada una de ellas se inscribía en un epistolario a tres bandas, en el que Javier Echeverría abogaba por una actitud filosófica que fuera más allá de la relectura devota de textos considerados sagrados. De alguna manera Javier planteaba la cuestión de si permanecer fiel a la filosofía no implicaba precisamente abandonar la facultad-panteón de filosofía, cosa que él ha hecho (lo cual no es asunto baladí si se recuerda que tras su fundación por Ramón Valls, Javier contribuyó como nadie a que se asentara la facultad de filosofía en un Pais Vasco entonces auténticamente conmocionado por la violencia).
Lo cierto es que yo también he tomado distancia frente a la la facultad de filosofía,y espero que no para cambiar de manera de afrontar la vida, sino precisamente para no hacerlo. El intento de trabajar directamente con científicos, concretamente con físicos en mi caso, va por ese lado. La orteguiana barbarie del especialismo tiene paradójica traducción en las mismas facultades de filosofía. Es muy sencillo: si has de escarbar en la filosofía medieval (tan fascinante por otro lado) y ponerte al nivel de los eruditos, necesitas la vida por entero. Y si no haces tal cosa, te expulsarán-al menos simbolicamente-de la academia. Por eso quizás sea cierto que la facultad de filosofía es a veces incompatible con la exigencia filosófica.
Pero abogar por la necesidad de abrir el espíritu a ámbitos sin los cuales la filosofía se ahoga en un aire viciado, obliga a tener aun más presentes las consideraciones de josé Lázaro sobre la necesidad de no lanzarse inprudentemente al pantano, o charca de ranas, de lo interdisciplinar. No se trata en absoluto de barnizar la especialización filosófica con una capa de conocimiento superficial de disciplinas científicas. Tomando el ejemplo, aquí tantas veces considerad de la Mecánica Cuántica: se trata de acceder realmente al meollo del problema, a partir del cual la cuestión ontológica sale de inmediato. Tecnicamente ello implica estar casi a la altura del científico en el tremendo asunto del formalismo matemático. ¿Dónde puede el filósofo dejar de seguirle? Pues inmediatamente despues, cuando (tal es su oficio) el físico tiene la obligación de escarbar en el universo experimental que recubre tal formalismo. Seguir ahí sería consagrar la vida a ello...y dejar de interesarse por las implicaciones filosóficas de la disciplina. Mi tesis es que el primer paso puede darse pese a las dificultades técnicas. No se trata de yuxtaponer disciplinas sino de usar el meollo teórico de una disciplina u otra.[Publicado el 04/11/2010 a las 09:00]
Por aquí no que tocamos a Dios, por eso ya no hacemos Filosofía, porque nos cargamos a Dios.
Pero por allí tampoco que también tocamos a los dogmas que hacen a Dios, bueno tampoco haremos psicología, por allí tampoco que a Dios no le gusta, ¡tampoco repensaremos la ética!. Por ese lado ¡tampoco!. Bueno ya que la Inquisición del XXI colocó su representante en el papado tampoco haremos física, ni genética, ni ....
- Eso, hagan geografía.
Comentado por: Algunos problemas asociados el 05/11/2010 a las 20:08
El problema es que en ese universo experimental donde se adentra el físico es precisamente donde la ciencia busca y a veces encuentra la CERTEZA y donde el filósofo no le sigue pues supondría consagrar toda su vida a eso, cayendo en la especialización que se quería superar.
Tal vez por este "abandono" del filósofo en la búsqueda de la certeza científica es por lo que se ha calificado al pensamiento filosófico como impreciso, incompleto y sujeto a la incertidumbre del Todo frente al conocimiento científico que sería preciso, completo y cierto de las Partes.
Los hombres vulgares de Ciencia y Negocios Prácticos, precisamente porque carecen de las ventajas de un pensamiento filosófico y siguen sujetos al estrecho mundo de sus intereses y prejuicios, suelen calificar a la Filosofía como inútil, inocente y superflua. No han comprendido ni la finalidad de la vida ni la función de la Filosofía.
La filosofía no sólo es liberadora por lo que conoce sino por cómo lo conoce: críticamente y con una interrogación permanente. Mediante la filosofía se aspira a la superación del hombre instintivo, aquel hombre encerrado en el círculo de sus intereses privados (de su saber especializado) sin que el resto del mundo entre en su consideración. Un hombre pequeño y mezquino que se cree el ombligo del mundo.
La filosofía debe ser estudiada, no por las respuestas concretas a los problemas que plantea sino por el valor de los problemas mismos que toma en consideración. Ensancha los límites del yo planteando problemas cotidianos y vitales de una manera amplia, antidogmática, crítica, racional y liberadora.
Popper decía: "...me inclino a pensar que los descubrimientos científicos son imposibles sin FE en ideas de carácter especulativo y a veces inclusive bastante vaporosas, fe que carece de toda justificación desde el ángulo científico y que es, a este tenor, metafísica."
Comentado por: Un bárbaro el 04/11/2010 a las 19:06
Lo interdisciplinar fue criticado por Althusser en su Curso de filosofía para científicos. Se hablaba también allí de la filosofía espontánea de los científicos, las más de las veces absolutamente rudimentaria. El problema es el de la posibilidad misma del tránsito entre disciplinas, que parece exigir una cierta unidad más allá de lo particular de las disciplinas. La unidad de la ciencia (o ciencias) es una tesis prácticamente abandonada por todo el mundo; debemos volvernos preilustrados (Leibniz, Descartes) para sostenerla. ¿Es eso posible?
Comentado por: Fran el 04/11/2010 a las 12:43
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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