La exigencia filosófica
La desaparición de la voluntad de escarbar en todos los aspectos del espíritu a los que me refería en el texto anterior (voluntad de no conformarse con un saber parcial o abstracto) es meramente la desaparición de la exigencia filosófica. Exigencia filosófica que yo tuve la suerte de ver encarnada hace varios decenios en Paris, cuando un estudiante de filosofía se sentía concernido a la vez por la antropología que describía las estructuras elementales del parentesco, la teoría matemática relativa a las singularidades topológicas que explicaban la emergencia de la forma, las tentativas de Lacan por formular en términos matemáticos y lingüísticos la estructura del inconsciente, la extracción por Monod de los corolarios filosóficos de sus descubrimientos en genética y obviamente la relectura por Pierre Aubenque de los textos de Aristóteles, apuntando a liberarlos de un velo de caspa académica que ocultaba su fascinante problemática.
Esta búsqueda de la intersección de los problemas marcaba entonces lo que cabía entender por filosofía y dio lugar a la aparición de centros destinados a apuntalar tal concepto. Concretamente dio lugar a la facultad de filosofía de Zorroaga, en el País Vasco, donde la enseñanza del griego y la lectura de textos de los clásicos se complementaba con conferencias y cursos de matemáticos, antropólogos y artistas, de tal manera que junto a un Pierre Aubenque o un Derrida, los alumnos podían escuchar al medalla Fields de matemáticas René Thom, a Eduardo Chillida o al antropólogo Caro Baroja...Todo ello queda ahora ciertamente muy lejos, y no se trata de una distancia meramente temporal, sino sobre todo de una distancia también espiritual. Se trata de que, por razones sociales perfectamente definidas, el espíritu ha tirado la toalla en la lucha contra la compartimentación de los saberes ya entonces imperante y con ello, de alguna manera ha renunciado a sí mismo.
[Publicado el 22/10/2010 a las 09:00]
Comentado por: al hilo el 28/10/2010 a las 09:18
Esa nostalgia la tenemos muchos; algunos hasta fuimos testigos de que las cosas pueden hacerse de otra manera.
Comentado por: Fran el 26/10/2010 a las 08:37
"por razones sociales perfectamente definidas"...las necesidades básicas nunca satisfechas, el hombre siempre sujeto a las necesidades de producción materialista... la fea burguesía...pero también la falta de valentía para asumir la libertad de un Diógenes, por ejemplo, unido al secuestro del conocimiento por el capital, sea este público o privado. Nuestros actuales intrumentos para el conocimiento resultan tan sofisticados y caros que requieren una finaciación enorme, financiación que sólo se da cuando se va a obtener una rentabilidad económica, fundamental principio del espíritu burgués. Para que esa rentabilidad sea posible es imprescindible la especialización y en última instancia el conocimiento, el espíritu, se somete a las exigencias de la producción material.
Ya no existen unos Médicis que hagan posible un conocimiento no condicionado a unos resultados inmediatos de rentabilidad social o económica.
Comentado por: Un bárbaro el 22/10/2010 a las 23:48
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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