El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

miércoles, 30 de mayo de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

El verdadero paraíso

Respiramos un aire nuevo, precisamente porque es un aire que hemos respirado antes, ese aire más puro que los poetas han intentado en vano  hacer reinar en el paraíso, y que no podría dar esta sensación profunda de renovación si no hubiera sido respirado anteriormente, pues los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos (IV, 449)

[Publicado el 09/8/2010 a las 09:00]

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Comentarios (18)

  • Fé de erratas:
    "donde cualquier parecido con la realidad no tiene porqué ser mejor ni peor".

    Comentado por: Belcebúfalo el 09/8/2010 a las 17:40

  • Saludos

    Comentado por: Belcebúfalo el 09/8/2010 a las 17:32

  • El verdadero paraíso comienza por reconocer que el paraíso no existe y sobrevivir a la idea. El verdadero paraíso es constatar que este no existe pero sí un infierno, el de las ideas de perfección, armonía o calma imperturbable. Un mundo ilusiorio de envídia de uno mismo, de quien fue o de quien debería ser; un despegarse del propio ser y su suerte de la forma más mezquina posible, y todo porque el mundo de las ideas es de tal naturaleza, ideal, donde cualquier parecido con la realidad no tiene porqué ser mejor ni pero, sino divergente, dualista, desintegrador.
    Al modo kármico, la pescadilla se muerde la cola. Alienados de nosotros mismos...¿a qué podríamos aspirar salvo a un lugar como "el paraíso"?

    Comentado por: Belcebúfalo el 09/8/2010 a las 17:30

  • Tal vez me he excedido situando la experiencia de atemporalidad en la infancia, pero me pareció la época de nuestra vida en que más ligeros vamos de equipaje.
    En cuanto a los recuerdos yo creo que precisamente los más puros, los que nos dan una noción más inmediata de atemporalidad, son precisamente los que no fueron procesados por palabras, y que precisamente nuestro intento de procesamiento verbal e inteligente es lo que los desvirtúa, haciéndolos pasar de nuestra memoria límbica o emocional a nuestra memoria racional o inteligente.
    Pero no sé, son terrenos resbaladizos para la razón. Al final lo cuenta es la experiencia, la mía y la vuestra, todas igual de válidas.
    Un saludo.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 17:27

  • Bárbaro, creo que se ha explicado bien, lo que ocurre es que estamos en desacuerdo. A donde voy es a que no se puede recordar la infancia anterior a la propia palabra (terreno espinoso, de propias poco o nada) o a que es extremademente difícil, o a que si se recuerda aunque sea vagamanente, lo que no se tiene es noción clara del estado de uno en ese entonces primigénio. (Por eso estoy en desacuerdo con Freud en este particular, que no en otros, y con Pin en casi todos, para quien el hombre es una criatura de palabra; pues yo diría que si acaso es un engendro de estas). Desembarazarse sólo del pasado no es al fin la cuestión, sino soltar amarras también con el futuro, con las ilusiones de cualquier tiempo o estado por venir, despegarse de todo lo que no sea el momento presente. Eso es lo contrario a volver a ser niño, recuerde que como niños, desde que podemos verbalizarlo, soñamos continuamente con lo que seremos (otros diferentes, casi nunca en quien nos convertimos), dónde estaremos y con quien, Lo único que lo diferencia del anhelo adulto es la falta de angustia en la espera, (y eso con suerte, hay niños en los que ya aparece) o la mesura del cálculo de probabilidades...ese fatuo remedo de control de las cosas.
    Definitivamente, se trata de otra cosa.

    Comentado por: Belcebúfalo el 09/8/2010 a las 17:11

  • Creo que nuestras experiencias sensibles, al producirse inevitablemente en un entorno quedan impregnadas de él, pero no creo que sean su fruto. Mi recuerdo o recuperación de momentos sensibles algunas veces sobrepasan los de mi infancia y pueden llegar hasta la adolescencia. Quizás en estos casos lo que recupero son otros instantes que ya había recuperado con anterioridad. Aunque solamente estoy hablando desde mi experiencia personal.

    Comentado por: Mercier i Camier el 09/8/2010 a las 17:06

  • Sería interesante comprobar la evolución de nuestro cerebro, desde su formación hasta los primeros años de nuestra niñez, especialmente lo referente al desarrollo de la corteza cerebral.
    Nuevamente nos encontramos ante los reptiles y Dios.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 16:58

  • Si ese remontarnos a la sensibilidad de la niñez lo llevásemos más allá en el tiempo nos encontraríamos con el "sentimiento oceánico", con la percepción y sensación de pertenencia indisoluble a un Todo, que Freud en "El malestar de la cultura" sitúa en los primeros meses que transcurren tras nuestro nacimiento, sentimiento que, según Freud, está en el origen de toda experiencia religiosa.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 16:54

  • "Nuestras mentes están distorsionadas, han sido moldeadas por la cultura en que vivimos, por las estructuras religiosas y económicas, por el alimento que ingerimos....le damos a la mente una determinada estructura, la condicionamos y este condicionamiento es una distorsión."
    "La mente debe vaciarse a sí misma de todo el pasado para que sea altamente sensible y no puede ser sensible si no se descarga de la carga del pasado."
    Krishnamurti.
    Bueno, Belcebúfalo, es otra manera de decir que volvamos a ser niños. Tal vez no supe explicarme adecuadamente. Ya sé que la vuelta a la niñez es imposible. Pero sí es posible intentar cultivar la sensibilidad que teníamos cuando éramos niños, cuando aún no llevábamos encima el peso del pasado, cuando aún nuestras mentes no estaban suficientemente modeladas por la cultura y las categorías mentales en que nos educaron.
    Se ha dicho a veces que la sabiduría consiste en olvidar lo aprendido.
    Dejad que los niños se acerquen a mí.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 16:33

  • Cualquier tiempo pasado fue pasado.
    O también: disponemos de un sistema de defensa personal capaz de convertir la realidad (que fue) en una mentira tolerable. No creo en los paraísos, ni siquiera en la felicidad. La realidad, la consonacia con ella por intolerable que sea la aceptación de esta, me parece la única opción posible.
    La infancia no puede ser mi hogar, soy otro. Los recuerdos amables de ese que se asombraba ante cualquier nimiedad porque no conocía nada no son mas que eso, recuerdos amables.

    (Ahora, un poco de Krishnamurti)
    "La meditación y el instante sin tiempo"

    Interlocutor: ¿Qué implica la meditación?

    Krishnamurti: Lo primero es vaciar la mente por completo de todo lo conocido; la segunda es una energía no dirigida ni controlada. A partir de ahí, la meditación también requiere la más elevada forma de orden, orden en el sentido de terminar por completo con el desorden generado por la contradicción y una estado de la mente que no sea lo individual. Debemos descartar del todo la idea de practicar un método, porque lo más importante es si la mente, que incluye el corazón, el cerebro y todo el organismo físico, puede vivir sin distorsión ni compulsión alguna y, por lo tanto, sin esfuerzo alguno. Por favor, hágase esa pregunta a sí mismo; todo esto es meditación.

    Nuestras mentes están distorsionadas, han sido moldeadas por la cultura en que vivimos, por las estructuras religiosas y económicas, por el alimento que ingerimos, etcétera; le damos a la mente una determinada estructura, la condicionamos y este condicionamiento es una distorsión. Únicamente cuando no hay distorsión la mente puede ver con claridad, con pureza, con inocencia y de manera completa. El primer paso es la capacidad de mirar, el arte de escuchar, de mirar sin distorsión alguna, lo cual significa que la mente debe estar en absoluta quietud, sin un solo movimiento. Ahora bien, ¿puede la mente que está en constante movimiento permanecer completa y absolutamente en silencio, sin ningún movimiento, sin método, sistema, práctica o control alguno?

    La mente debe vaciarse a sí misma de todo el pasado para que sea altamente sensible y no puede ser sensible si existe la carga del pasado; sólo una mente que ha comprendido todo esto es la que puede formular la pregunta, pero al formular la pregunta no obtiene una respuesta, porque no hay respuesta. La mente se ha vuelto altamente sensible, por tanto, sumamente inteligente y la inteligencia no tiene respuestas, en sí misma es la respuesta. El observador no tiene cabida porque la inteligencia es lo supremo.

    En ese momento la mente ha dejado de buscar, no desea experiencias más elevadas y, por consiguiente, no utiliza la capacidad de controlar. Vea la belleza de eso, señor, no controla porque es inteligente; sólo actúa y trabaja, por lo tanto, en el mismo acto de la inteligencia desaparece el estado dual; todo esto es meditación. Es como una nube que comienza en la cima de un cerro junto con unas cuantas nubecitas pequeñas y a medida que avanza cubre todo el cielo, el valle, las montañas, los ríos, los seres humanos, la tierra; lo cubre todo. Eso es la meditación, porque la meditación abarca todo el vivir, no sólo una parte.

    Únicamente entonces la mente puede permanecer en silencio, sin un solo movimiento, no por un instante, porque ese instante no tiene duración, no pertenece al tiempo. El tiempo solamente existe cuando está el observador que experimenta ese silencio y dice, “quiero tener más”. Por lo tanto, como ese instante de absoluto silencio e inmovilidad no pertenecer al tiempo, tampoco tiene pasado ni futuro, de manera que esa inmovilidad, esa quietud absoluta está más allá de todo pensamiento; y debido a que ese instante no tiene tiempo, es eterno. Una mente libre de toda distorsión es, de hecho, la verdadera mente religiosa, no así una mente que va al templo, que lee los libros sagrados o que repite rituales por hermosos que puedan ser, tampoco lo es una mente saturada de imágenes impuestas o propias. El vivir no está separado del aprender y en esto hay una gran belleza, porque después de todo, el amor es eso. El amor es compasión, pasión, pasión por todo; y cuando hay amor no existe el observador, no hay dualidad, la dualidad del 'yo' que ama a 'alguien', ni el 'alguien' que me ama a 'mí', sólo hay amor, no importa que sea a uno o a mil; sólo existe el amor.

    Cuando hay amor, uno no puede actuar mal, haga lo que haga, pero nosotros tratamos de hacer las cosas sin amor ?viajar a la Luna, los maravillosos descubrimientos científicos? y, por lo tanto, todo termina mal. El amor sólo puede existir cuando no está el observador, es decir, cuando la mente no está dividida en sí misma como uno que observa y lo observado, sólo entonces existe esa cualidad del amor; si la tiene, eso es lo Supremo.

    Extracto de un diálogo en Nueva Dehli, 1956

    Comentado por: Belcebúfalo el 09/8/2010 a las 15:37

  • Y también sí. Un paraíso perdido es el del tiempo de la no razón. Pero.. somos hombres...

    Comentado por: Lu el 09/8/2010 a las 15:01

  • Se cruzaron nuestro comen, Bárbaro.

    Comentado por: Lu el 09/8/2010 a las 14:59

  • Sin duda sí al último comen de Bárbaro. A los otros tb pero, el último es el que más me ha gustado pues está en línea perfecta con el mío. Uno ama lo que conoció. Y desea regresar siempre a los primeros momentos amables. Voy a hacer de abogada del diablo. ¿Somos, entonces, un producto de nuestro entorno?

    En cuanto a la inteligencia racional y la sensible. Las dos son imprescindibles.

    Comentado por: Lu el 09/8/2010 a las 14:58

  • ¿Por qué los paraísos perdidos suelen estar casi siempre ubicados en la infancia? Porque cuando somos niños, nuestras emociones, nuestra sensibilidad, predominan sobre nuestra razón, nuestra cultura, nuestros prejuicios. Es por ello que nuestra memoria emocional encuentra en los recuerdos infantiles la mayoría de esos chispazos de eternidad, porque parten de experiencias que en su día no fueron procesadas por la razón, por las categorías mentales y lógicas que más tarde aprendemos, porque permanecen puros y primigenios, no contaminados por la memoria inteligente.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 14:54

  • Hay una memoria inteligente y una memoria emocional o límbica. La primera está formada por los razonamientes surgidos tras la experiencia, la segunda es una memoria "olvidada" precisamente porque procede de experiencias tan primarias y sutiles (olor, sabor) que no fueron analizadas y procesadas por nuestra razón, y son las que al fín y a la postre quedan intactas en nuestra memoria emocional y las que nos dan acceso inmediato a los paraísos perdidos, anulando el tiempo y haciéndonos de alguna manera eternos.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 14:27

  • Estoy de acuerdo Mercier i Camier. El hombre siempre ha sabido que su inteligencia no sólo no era suficiente para recuperar los paraísos perdidos, sino que a menudo era un obstáculo insalvable. Ese "abrir nuestra sensibilidad" desconectándonos de los prejuicios de la razón, de las limitaciones biológicas intrínsecas de la inteligencia humana, es la propuesta de todas las religiones (que no teologías) de la humanidad, desde la trascendencia oriental hasta el misticismo cristiano o musulmán. No creo que haya un sólo camino sino muchos y cada cual debe encontrar el suyo, huyendo de dogmatismos y estando siempre atento a la voz de la sensibilidad. Al fín y al cabo la felicidad ha sido definida como compatibilizar nuestras emociones y racionalidades en la conciencia, pues queramos o no queramos somos seres racionales, emocionales y conscientes.

    Comentado por: Un bárbaro el 09/8/2010 a las 14:04

  • Sí. Un lugar sólo es paraíso en el recuerdo. Dice más o menos ...podemos recordar porque es un aire que hemos respirado antes. Eso da muestra de como el hombre se fabrica (o lo fabrica el entorno) en sus primeros momentos...

    Comentado por: Lu el 09/8/2010 a las 13:13

  • Respiramos un aire nuevo, Es “nuevo” y por lo tanto nada tiene que ver con una “repetición” de una experiencia que podamos recordar; precisamente porque es un aire que hemos respirado antes nuestra consciencia ha debido de olvidarlo, dejándonos solamente su anhelo, y sin embargo gracias a nuestra sensibilidad no cerrada ni reprimida podemos respirar este nuevo aire.
    Había escrito Proust: “Cada día le doy menos importancia a la inteligencia y más a la sensibilidad”.

    Comentado por: Mercier i Camier el 09/8/2010 a las 11:54

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía


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