El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

martes, 14 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Apólogo de la presencia de un intruso

Supongamos que  un ruido no familiar me despierta en la noche. En la oscuridad de la habitación me embarga el temor de que un extraño se ha introducido en ella. Me esfuerzo en apartar la idea, pero recuerdo que, en razón del calor, he dejado abierto el balcón en la sala contigua, y que la calle se encuentra  a escasos metros. La presencia de un intruso no es pues imposible, no hay probabilidad cero de que así sea. Me hallo escindido entre dos horizontes muy diferentes, determinados por dos probabilidades:

 1) La probabilidad  de que no haya nadie, que me tranquiliza y me mueve a intentar conciliar de nuevo el sueño.

2) La probabilidad real de que haya un intruso, que me obliga a aventurar conjeturas que pueden tener enormes consecuencias, como la de ser agredido, o la de adelantarme yo mismo a la agresión, lo cual según como vayan las cosas puede incluso convertirme en algo tan inesperado en mí como un homicida, etcétera.

En suma: el avance  de dos conjeturas cuyo grado de probabilidad no es nulo conduce a una forma de desdoblamiento de la personalidad. Esta quiebra psíquica puede resultar más insoportable aun que la conjetura negativa, por lo cual para superarla me decido a...encender la luz, comprobando quizás felizmente que no hay nadie.

                                                          ***

Modificaré el apólogo que precede, introduciendo una premisa filosófica, que de momento pido al lector que postule, es decir, acepte sin reflexionar si es razonable o no:

Toda hipótesis que no tiene probabilidad cero, toda hipótesis que reúne condiciones de posibilidad, reúne también las condiciones de necesidad, o en otros términos: todo lo que es posible necesariamente se realiza.

 

Sometidos a esta premisa volvamos a la situación de mi despertar en la noche en plena oscuridad: la probabilidad  de que haya penetrado un intruso no es nula, por consiguiente el intruso está ahí; la probabilidad de que no haya penetrado el intruso no es nula, por consiguiente el intruso no está ahí. Situación pues ontológicamente bipolar la mía: soy a la vez aquel que debe conciliar el sueño para estar en condiciones de realizar su cotidiana tarea al día siguiente, y aquel para quien el sueño sería un disparate, aquel que tiene urgencia en alzarse y acaso esgrimir un arma.

 

¿Qué pasa ahora si enciendo la luz y compruebo que hay efectivamente un individuo al que- adelantándome a su agresión- reduzco? Obviamente yo soy esa personalidad temperamental, apta a adelantarse a una agresión y hasta complaciente en la pelea. ¿Qué se ha hecho pues de mi personalidad pacífica y quizás algo pusilánime, que tendía a descansar para estar en condiciones de rendir en el trabajo al día siguiente? Pues no tuvo ocasión de imponerse a la otra se diría clásicamente. Respuesta a rechazar de inmediato si seguimos fieles al postulado de que lo que tiene condiciones de posibilidad reúne también las condiciones de necesidad:

El yo conciliador tanto en lo referente al sueño como en las relaciones con los demás, ha tenido su espacio de realización plena, pues el hecho de encender la lámpara no ha hecho en absoluto colapsar la plácida situación en la que en el dormitorio  me encuentro solo, sino que meramente esa situación es contemplada por un yo diferente del que ahora está llamando a la policía.

Y ¿qué tiene en común este yo al que amenazan pleitos con el que se dispone a dormir placidamente? Pues el pasado, un pasado que llega hasta el momento en que la lámpara -al iluminar la habitación- les escindió. Yo, que espero a la policía, ignoro si el que quedó solo en la habitación está quizás impedido de dormirse por un síntoma alérgico, o si ha decidido aprovechar la circunstancia para levantarse y adelantar su trabajo; yo que espero a la policía vivo en otro mundo, un mundo ortogonal al suyo, un mundo sin comunidad de presente o de futuro con el suyo.

[Publicado el 23/12/2009 a las 09:00]

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Comentarios (7)

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    Comentado por: John Paul el 04/11/2011 a las 06:56

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    Comentado por: John Paul el 04/11/2011 a las 06:55

  • Buenas, Víctor

    ¿Has leído ya Troppo vero?

    Panchito es tan plasta como su padre. El hijo de Andrés no le aguanta y se lo quiere quitar de encima. Se lee en la página 614.

    Me ha gustado más el encuentro entre Andrés, Arcadi Espada y Ferlosio (páginas 703 a 710). Ferlosio aprecia de verdad a Andrés. ¿Es cierto que Pancho, después de leer esas páginas, ha amenazado a Arcadi? Yo creo que lo que le pasa a Pancho es que no se cree que si Espada no le ha hecho sitio en Factual es sólo porque es demasiado mayor.

    Yo no creo que Pancho Ortuño sea un transtornado. Pero fue ignominioso que se hiciera pasar por Quico Rivas mientras éste agonizaba de cáncer. Y lo peor es que lo hizo para atribuir a Rivas su propio odio y su propia envidia hacia Andrés.

    Un saludín.

    Comentado por: El amigo X el 29/12/2009 a las 20:02

  • Yo le plantearía a ese yo (o esos dos yoes) una situación alternativa no menos ambigua pero sí quizás más comprometida éticamente:

    Cuando está tumbado en su cama, a punto de quedarse dormido, le parece oír un grito de socorro en la calle, bajo su ventana. No sabe si es una broma entre amigos o si realmente hay alguien en situación de peligro, ni siquiera sabe si ha oído bien o mal... Podría ser cualquier cosa.
    ¿Cómo reacciona? ¿Se molesta en levantarse y asomarse a la ventana para cerciorarse de la situación? ¿Se quita el pijama y se viste y baja a la calle armado con el bate de beisbol de su hijo? ¿Cierra los ojos y sigue durmiendo plácidamente, que mañana hay que levantarse para ir a trabajar?

    PD: Me gustaron, como siempre, sus paseos por la Recherche, pero siempre se agradece el retorno a la filosofía.

    Comentado por: conde-duque el 29/12/2009 a las 16:00

  • Me parece que noy tal escisión,ni quiebra psiquica alguna.Ante dos horizontes diferentes hay reflexión,valoración y decisión final que traerá una determinada consecuencia que,dependiendo del suceso u horizonte,dará paso al azar que domina la ilusión.
    -Así tenemos que en el inmediato pasado la sensación bipolar no es tal.Es algo compartido.Después de la conjetura,el yo conciliador y pusilánime según las posibilidades PUEDE convertirse en un yo diferente por pura adaptación y envuelto como decia antes en el azar.
    -En cuanto a la postulación propuesta,creo que toda hipótesis reúne condiciones de posibilidad.Pero no todo lo que es posible necesariamente se realiza.
    SALUDOS.

    Comentado por: ANGEL el 29/12/2009 a las 08:31

  • Esta quiebra psíquica puede resultar más insoportable aun que la conjetura negativa...

    Cada uno optó un único punto de vista, puesto que todos son posibles y obligados, la escisión a ambos les pareció necesaria. Eso tienen en común: la cortedad de miras, y eso los separa y como consecuencia no lo tienen en común, no lo comparten. De esa manera solo compartirían el pasado, el lugar en el que ambos tenían presentes los dos puntos de vista.
    Pero no es así, el pusilánime acompañó al atrevido y no actuación no se percibió porque no fue necesario, la acción del atrevido fue eficaz posiblemente asesorado por el más reflexivo que le ayudó a acercarse en las mejores circunstancias y a reducir al intruso y no abrirle irremediablemente la cabeza con el bronce de la herencia. Mientras, en el otro escenario, el atrevido no paraba de incordiar al pusilánime que terminó levantándose a cerrar la ventana o durmiéndose una vez que los ruidos cesaron el tiempo suficiente. No creo que nos partamos en dos, vamos juntos a todas partes aunque la dirección del movimiento parezca e incluso sea cosa solo de uno ocasionalmente. Cada decisión abrió un camino, pero ambos tomaron la decisión y cada uno cambió cuando la decisión fue tomada por uno u otro con resultado in/satisfactorio. Por eso los mundos ortogonales pero, en los primeros pasos, muy próximos, tocándose antes de divergir definitivamente. Este planteamiento del Sr. Pin me recuerda la romántica teoría de cuerdas.

    Comentado por: remulo el 28/12/2009 a las 00:26

  • Funciona como ficción.
    Como propuesta de acceso al mundo de la(s) personalidad(es) propia(s) mi caso, casi análogo, tuvo una solución directa: Al levantarme, el yo asediado por la duda se hizo cargo del pusilánime, que viajó sin pagar apenas peaje al mundo de la fricción real. La acción tiene de refrescante el que descansa de la reflexión, así que no hay dos "yo" que actúen. Aunque sea posible tal ilusión, tal conversación interna cuando se pondera la decisión de actuar o se sopesa al acto cometido; es imposible sumergirse en una acción vital contemplándola/se desde fuera.

    Comentado por: Romeo Romo Rema el 23/12/2009 a las 16:59

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

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