Un puerto de mar
Pasaia tiene una entrada de mar angosta, respondiendo así a la característica de un puerto natural, que supone para los barcos refugio, pero también amenaza puesto que hay evidente riesgo de embarrancar, ya que el calado no es profundo y en los márgenes hay numerosas rocas. De ahí que tanto a la salida como a la entrada a la imagen de los grandes cargos acompañe siempre la del llamado "práctico", una pequeña embarcación que les guía y que en ocasiones acude en su búsqueda hasta varias millas de la costa. Las primeras poblaciones que la tripulación de un barco contempla al adentrarse en el puerto son San Juan a la izquierda, y San Pedro a la derecha pero al final de estas la bahía se ensancha y tras San Pedro se despliegan por la derecha, Trincherpe, Pasajes Ancho, Rentería (en la que desemboca el río Oyarzun), cerrándose la bahía en Lezo, población desde la que se retorna a San Juan a lo largo de un embarcadero dónde se encuentran un gran muelle para la carga de vehículos de exportación, seguido de otros dónde se embarca chatarra y se descarga carbón para la central hidroeléctrica; vienen después los astilleros, operativos pese a la crisis del sector y finalmente- ya de nuevo en San Juan- un paisaje de pequeñas embarcaciones pesqueras, chipironeras muchas de ellas-
Los pueblos que rodean la bahía son muy diferentes entre sí. San Juan y San Pedro se remontan al siglo XVIII, mientras que Trincherpe surge como resultado de la inmigración marinera- principalmente gallega- a mediados del presente siglo; Rentería es una población esencialmente industrial duramente afectada por las sucesivas crisis y Lezo, a pesar de su origen también marinero, es hoy un núcleo de pequeña industria y agricultura. Lógicamente esta diversidad sociológica tiene traducción en el plano cultural y en particular lingüístico: mientras que en San Juan o Lezo se habla predominantemente Euskera, en Rentería se oye con mayor frecuencia el castellano y en Trincherpe no es difícil escuchar a personas que se expresan en lengua gallega.
Esta diversidad no impide que el marino o viajero que recae en cualquiera de las poblaciones mencionadas tenga una sensación de que cada una no es sino la concreción particular de un único lugar, común denominador que viene dado por la existencia misma del puerto. Compartir la rivera de una bahía que constituye todavía un puerto vivo supone indudablemente un rasgo de identidad importantísimo, el cual obviamente se diluiría, no ya si el puerto desapareciera, sino si fuera adulterado en su función, si-por ejemplo- los grandes cargos fueran reemplazados por cruceros, los pesqueros medianos por yates, las chipironeras por veleros de recreo, y los muelles dónde se despliegan las montañas de chatarra y de carbón por asépticos lugares de anclaje para embarcaciones de ocio. La trasformación espiritual de Pasaia sería ya total si- como desgraciadamente ha ocurrido en tantos y tantos lugares- la economía de la orilla centrada en el puerto pasará a ser una economía de servicios, con sectores enteros de la población viviendo del turismo. Este destino fue proyectado al parecer por más de un responsable político y económico, tomando incluso como pretexto necesidades imperiosas de renovación. La regeneración de la bahía sólo es tal si tiene como finalidad precisamente de prolongar la actividad tradicional del puerto, protegiendo la salud de la costa y con ello la persistencia de los bancos de pesca, garantizando- eventualmente con inversiones públicas- la actividad de los astilleros, y la competitividad de la actividad de carga. No hay regeneración si la reforma se hace al precio de sustituir la modalidad de actividad imperante por una economía volcada en la explotación del ocio.
En ciertos lugares, esta sustitución se ha realizado ya exhaustivamente. Paradigmático es el caso de Barcelona, dónde la actividad portuaria más tradicional ha sido desterrada a parajes de El Prat de LLobregat, mientras que el antiguo puerto sólo está prácticamente abierto a embarcaciones de recreo. Los cargos atracan en un paisaje sin moradores y los habitantes- en ese apagamiento del alma que es el entorno del llamado Maremagnum- sólo ven llegar por el mar seres ociosos. Esperemos que Pasaia escape a ese destino.
[Publicado el 13/11/2009 a las 09:00]
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En realidad Don Quijote y el Vizcaíno no son tan diferentes,genes por blasones,ellos son dos caballeros,su motivación nace de la misma fuente.Un hombre tan refractario a esas provincianeces como fue Don Miguel de Unamuno,en su Vida de Don Quijote y Sancho por un instante le salta la bicha.¿ Villano yo ?.Hay mas blasones en Vascongadas que en toda Castilla,replica.
No es racismo lo de poeta,es un ajuste de cuentas de alguien con mal perder.Que no es lo mismo que defender lo que legítimamente es de uno.
Comentado por: Maleas el 18/11/2009 a las 15:14
La hedionda patriotería falangista era bastante hedionda, si señor; la hedionda ideología comunista era mucho más hedionda, donde va a parar, la prueba en los cementerios.
Comentado por: fred el 17/11/2009 a las 11:47
Sr Maleas:
Es una pena que en Euskadi no se cultive el olivo. Si hubiera almazaras se podrían comer anchoas fritas con un delicioso sabor autóctono.
Comentado por: Dácil el 14/11/2009 a las 09:47
Esperando la regeneración de esta amplia bahia que es España y que incluye una esperanza de tantas almas agobiadas,hago desde un puerto sin mar de la sierra madrileña lo que solia hacer siempre y del modo más inmediato:desear ilusión para este fin de semana.
-LU,yo también me alegro de leerte.
SALUDOS. ANGEL.
Comentado por: ANGEL el 13/11/2009 a las 21:51
Me pregunto que resulta mas contaminante,ese barco carbonero o el crucero,tres mil personas comiendo y defecando en mitad de la ría.
Nunca he navegado por el Bidasoa a vela,la única forma civilizada de navegar,pero si he probado las anchoas de Pasajes de San Juan,creo que es la época ahora,frescas,fritas en aceite de oliva aún que sea de Jaén acompañadas de un tinto alavés,un instante de eternidad.
Comentado por: maleas el 13/11/2009 a las 18:37
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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