“Que en el sur de los Tartesos…”
"Nosotros levantados contra los invasores/Godos, árabes, romanos que escupimos afuera, / Y contra esos mestizos de moros/ Y latinos llamados españoles"
"Chabacano Madrid, gusanera española /Yo eusko-íbero te escupo.../En nombre de la vida, libre, abierta activa,/ La vida del íbero, la vida de los vascos,/ La vida de verdad"
"Una es la verdad de Iberia; vario el Carnaval de España/Los disfraces, los pingajos, la Dignidad con piojos"
No traigo aquí estos versos para poner en entredicho el valor general de la obra, ni la radicalidad del compromiso de este autor. Se trata, ni más ni menos de alguien que recordó a una generación que la palabra veraz, cristalizada paradigmáticamente en forma de poesía, lejos de ser contingente ornato ("bello producto") propio de vidas marcadas por el ocio, es "lo más necesario", tiene en el pueblo su único depositario legítimo, y así es intrínsicamente "un arma" contra la brutalidad, la indigencia y la mentira:
"Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos."
Y no obstante, la misma técnica ("me siento un ingeniero del verso y un obrero") que servía la causa del imperativo moral de resistencia ante la ofensa, que clamaba por la restauración de la dignidad de un país ("que trabaja con otros a España en sus aceros."), es instrumentalizada por el polo sombrío de la personalidad del escritor para ofender profundamente a esa misma España, cuyo nombre en otro momento reivindica.
Y así, en lugar de obra poética surge un sintomático testimonio del cúmulo de prejuicios, inercias, abandonos y construcciones imaginarias de la realidad que, desgraciadamente, configuran en cada uno de nosotros el ego que confundimos con la personalidad:
"Los vascos combatimos. Los vascos golpeamos/ levantando la vida/ Los vascos somos serios. Serio es nuestro trabajo/ Seria es nuestra alegría. / Los vascos somos hombres de verdad, no chorlitos/que hacen sus monerías. /¡Que los pájaros canten! ¡Que en el Sur los tartesos/ se tumben panza arriba/creyéndose de vuelta de todo, acariciando /una melancolía!/ Nosotros somos otros, nosotros poseemos/ ferozmente la vida/ Nuestros cantos terrenos son cantos de trabajo, /victoria y alegría/ Cantándome a mi mismo, canto a mi viejo pueblo/ y el rayo me ilumina"
Cuando hace muchos años una alumna de la universidad de Dijon me descubrió esta faceta de alguien que yo identificaba a lo más noble de la resistencia de los vascos ante la barbarie franquista, lo más desolador fue pensar en el insoportable complejo por el cual versos como los citados fueron entremezclados con cantos de resistencia y merecieron el silencio cómplice de tantos luchadores anti-franquistas, versos tan ofensivos para los vascos como pretendían serlo para los españoles:
Pues a fin de mostrar su compromiso con la causa de un pueblo vasco ofendido en la exigencia de libertad (como lo eran entonces todos los de España), pero además mutilado por la dictadura en el ejercicio de la lengua de la que recibe nombre, el autor procedía a una tan tópica como indecente valorización jerarquizante de ese mismo pueblo (por cierto, no en ese Euskera que da sentido al término Eusko que reivindica). Jerarquía sustentada en conformidad a los únicos criterios entonces (¡y por desgracia aun más ahora!) operativos a la hora de jerarquizar a los seres humanos, a saber: su mayor o menor adecuación a una sociedad en la que valor equivale a propiedad, decoro equivale a impresión de buen balance y virtud a ascesis en pos de la primera, mas la imprescindible astucia para producir efectivamente la segunda.
Uno de los aspectos más sorprendentes en el tratamiento de los personajes en La Recherche proustiana es la imposibilidad en la que el lector se encuentra de dar de ellos una entera y definitiva caracterización moral. Pues al igual que el tiempo da cuenta de los sentimientos (... en este mundo, en el que todo se gasta, todo perece, hay algo que cae en ruina, que se destruye aún más completamente, dejando todavía menos vestigios que la belleza: es el dolor -IV, 270) destruye asimismo las convicciones. De ahí que nos veamos a menudo obligados a rectificar los juicios que hemos realizado sobre los demás, ya se trate de los seres que nos rodea, ya se trate de aquellos que siendo personajes de ficción han llegado a formar parte de nuestra vida espiritual. Así, convencidos de la ignominia de una de las principales protagonistas del relato, Madame Verdurin, nos vemos sin embargo sorprendidos por el hecho de que se comporta generosamente y de manera totalmente anónima con uno de sus conocidos (al que por otra parte había muchas veces maltratado), víctima de la ruina. Por el contrario, pintado Robert de Saint Loup como el personaje más entero y generoso de la Recherche, el propio Narrador se sorprende al escuchar la ignominiosa conversación que mantiene con un subordinado. Una de las claves de la Recherche proustiana reside en la exploración exhaustiva de ese universo de larvas en el que el imperativo moral hace argamasa con la ignominia y la exigencia de dignidad con la complacencia en los propios excrementos. Habrá ocasión de retomar el asunto.
[Publicado el 11/11/2009 a las 09:00]
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Barbarie taurina.
Es cierto,algunas barbaridades si se hacen,pero la tauromaquia en si no es una barbaridad,una barbaridad es por ejemplo el gasto armamentístico mundial o el trafico de cocaína.La tauromaquia tampoco es ni arte,el arte es ficción y la tauromaquia es verdad decía Mairena y tampoco es tortura,algo que solo puede ser referente al ser humano,y si la tauromaquia se ajusta a las reglas,ni siquiera maltrato animal,un sacrificio ritual que nos remite al origen y destino del ser humano.
Comentado por: maleas el 13/11/2009 a las 18:56
Hola, Ángel, qué gusto verte. Claro es que tenemos una tendencia horrible a creernos por encima. Yo soy más sensible que ese salvaje, yo soy más inteligente que ese idiota, mis ideas políticas son superiores a las de ese subnormal, yo sí que he sufrido, yo sí que sé lo que es la vida... etc, hasta el infinito.
Cuando en realidad "yo" sólo soy un hombre perdido entre millones, producto de una cultura y de unas ideas a las que me aferro para que el grupo no me segregue porque, si me quedo solo, me muero solo (enlazando con el post anterior de Víctor).
Comentado por: Lu el 12/11/2009 a las 14:41
Mal asunto el de hacer jerarquias de mayor valoración en virtud de unos criterios asumidos de forma univoca.En ese momento la caracterización moral de la que habla La Recherche...será cada vez menos definitiva y ciertamente muchas convicciones darán paso a actitudes de rectificación.
La obligación de conocernos mejor e ir aislando prejuicios,suposiciones e inercias.
Seria bueno que el imperativo categórico ahuyentase muchos de esos tonos desmedidos de ciertos egos y valores colectivos del que muchos se autoabastecen para prolamar no se sabe muy bien qué ciertas superioridades.
-Dejémonos de etiquetas y filosofias varias y vayamos a encuentros que se justifiquen dia a dia y configuren un testimonio creible.Y que perdure.
-Finalmente decir que yo no soy nada,pero que nada aficionado a los toros.Me parecen una pasada sanguinolenta,pero solo es mi opinión.Sin embargo ya estamos asistiendo al intento de manifestación parlamentaria contraria de una Comunidad que mucho me temo que pretende ir añadiendo más rasgos diferenciales como elemento de distanciación.Me temo que solo por ese motivo.En relación con lo del ego colectivo que expone el autor en el artículo de otra sociedad con pretensiones de superioridad de todo tipo,moral incluido por supuesto y el peligro que ello implica.
SALUDOS. ANGEL.
Comentado por: ANGEL el 11/11/2009 a las 19:50
En cuanto a la “barbarie” taurina, vaya por delante que si por mi fuera estaría extinguida, no porque yo esté ni en contra ni a favor sino porque, sencillamente, jamás he acudido a una corrida ni lo haré;no he aprendido a disfrutar de eso. Así que en ese aspecto soy de fiar, creo yo.
Pero despreciar a un poeta (o a cualquier hombre) porque le gusten los toros me parece ya una forma muy infantil y, además, innoble de segregación y, lo siento, no me gustan los panfletos.
Comentado por: Lu el 11/11/2009 a las 13:45
Claro, es que lo escrito permanece y las circunstancias pasan. Deberíamos cuidar, siempre que escribimos, de hacerlo de tal forma que el testimonio dejado pudiera ser leído y comprendido más allá del momento en el que lo hemos arrojado. Además, esto nos enseñaría a usar mucho más la inteligencia y a desprendernos de lo anecdótico, a ver la realidad humana con mucha más profundidad.
Yo creo que el compromiso de la poesía (de la Literatura) es enfrentar al hombre consigo mismo, desvelarle, desvelárnoslo; para hacer panfletos nunca faltan aficionados.
Comentado por: Lu el 11/11/2009 a las 13:34
Por cierto, a ese poeta no se le puede reprochar su lucha, ni su ideología, ni su humana simpatía, tan modosito él con su Amparitxu; lo malo es que era un poeta infame, de lo peor que nos ha tocado sufrir en este castizo país.
Comentado por: Garrick el 11/11/2009 a las 13:14
Cierto es, nada es blanco ni negro, todo se confunde. Conozco yo un filósofo riguroso, fino pensador que, sin embargo, no duda en proclamar su admiración por la barbarie taurina, un pensador que, siendo como es un ser de lenguaje y, por tanto, de pensamiento,se deja llevar por las pulsiones más antiguas, y se va tan feliz a ver una corrida de toros.En fin.
Comentado por: Garrick el 11/11/2009 a las 13:06
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
09/2/2012 22:24
Agradecería muchísimo si me...
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09/2/2012 13:00
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