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El blog literario latinoamericano

martes, 14 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Resurrección y metáfora (II)

El grano de trigo que al caer en tierra no muere,  perdura estérilmente, mas si muere será portador de fruto" (San Juan, XII, 22)

La verdadera vida, la vida al fin descubierta e iluminada, la única vida plenamente vivida es la literatura. ( À la Recherche du temps perdu ...IV, 474)

Ha de crecer la hierba y han de morir los niños  (Victor Hugo)

Indicaba que la utilización por Proust de la palabra  metáfora va más allá de lo que ésta designa estrictamente en lingüística. Metáfora en la Recherche es en cierto modo todo aquello que engloba el término tropo, es decir, toda modalidad que permita vincular una palabra (o conjunto de palabras) expresiva  de una vivencia a una palabra expresiva de una vivencia diferente pero que guarda alguna relación con la primera. De ahí que  sinécdoque o metonimia (en las múltiples acepciones de ambos ) sean también términos útiles a la hora de designar los procedimientos mediante los que cabría explicar las singulares vivencias del Narrador. Lo importante es en efecto  que Marcel Proust atribuye a su metáfora ese poder de hacer que los productos de la imaginación aun no siendo actuales tengan la acuidad de lo que sí lo es, aun siendo ideales escapen a la astenia propia de la abstracción (IV, 451), ello ocurre simplemente por el hecho, ya descrito de que el lazo que constituye la metáfora trasplanta a lo imaginario la densidad e inevitabilidad de lo que sí está presente. Para entender que este poder permita escapar al tiempo basta con que demos a este término el sentido ordinario en el que la vivencia pasada es incompatible con la vivencia presente:    

 «La verdad sólo emergerá cuando el escritor, tomando dos objetos diferentes, establecerá su relación, análoga en el mundo del arte a lo que la relación única de la ley causal es el mundo de la ciencia, y los encerrará en los anillos  de un bello estilo; asimismo cuando, al igual hace la vida, vinculando una cualidad común a dos sensaciones, extraerá su esencia común, reuniéndolas y sustrayéndolas a las contingencias del tiempo, en una metáfora" (IV, 468).

Una precisión: La concepción de la imaginación que sustenta estos párrafos, a saber, su intrínsica vinculación con lo ausente, deja abierta la puerta tanto a que su contenido sea el pasado como simplemente lo alejado en el espacio o lo que pueda advenir. Sin embargo hay razones para privilegiar el pasado en la medida en que sólo con fragmentos de lo ya vivido (o de lo que aun presente está de hecho convirtiéndose en pasado) se forjan las imágenes de aquello a lo que cabe acceder, es decir de lo designado por la palabra futuro.

El mecanismo de hacer que tenga acuidad lo que es sólo producto de la imaginación está en el texto citado explícitamente vinculado a la tarea de la  escritura.  Me atrevería sin embargo a precisar que se trata e la dimensión inevitablemente poética de toda obra literaria en el sentido cabal del término, dimensión omnipresente a lo largo de la Recherche  y que con un poco de trabajo cabe incluso extraer del conjunto de la obra, independizarla de la tarea narrativa.

Me atrevo a decir que esta modalidad del lenguaje ajena toda instrumentalización del mismo y generadora de profunda dicha es para todo hombre la originaria y aquello que está operando cabe vez que tenemos la fortuna de sentir que la presencia efectiva es en efecto ocasión de que la imaginación se libere de la astenia, cada vez por ejemplo que el ser en nuestros brazos es efectivamente amado. Me atrevo a decir que no hay amor sin metáfora, no hay amor sin retorno al origen, sin reencuentro con la plena acuidad de la palabra.

La inevitabilidad para todo humano de insertarse en el juego de lo que Proust denomina metáfora, y el hecho de que hacer fructificar las posibilidades de la metáfora sea la esencia de la literatura explica está radical afirmación de la Recherche según  la cual la verdadera vida  es la literatura. Nuestra vida cabalmente humana se inició mediante inmersión en el juego de las metáforas y habiendo sacrificado tal origen en un mundo de representaciones dónde fructifican las malas hierbas de la costumbre, el amor propio, las pasiones condicionadas por la imitación y la inteligencia abstracta, la buena suerte de retornar a la literatura es efectivamente una resurrección.

La tarea que Marcel Proust se impone es la exploración del  mecanismo que posibilita ese singular  retorno de lo que, en el tiempo físico, está irreversiblemente perdido. Se trata sin duda de describir, mas no  de describir lo preexistente al lenguaje (de tal forma que el lenguaje sería extrínseco a la naturaleza de lo descrito) sino aquello que nunca fue, de hecho, indisociable de los mecanismos del propio lenguaje. De hecho la metáfora no efectúa milagro alguno, porque el milagro consistiría en hacer revivir con el espíritu lo que tiene realidad empírica, y la metáfora  no da vida sino a lo que desde siempre se plegó a sus propias leyes. Sólo aquello que hemos vivido  desde el origen como trabado en un juego de metáforas, como reducido a material de las mismas, aquello que nos afectó ya entonces en lo que nos marca como humanos, puede ser recuperado en toda su acuidad mediante un expediente lingüístico.

Los paisajes y los seres humanos que dan cuerpo a la obra,  nada valen por si mismos fuera del papel que en ella juegan. En realidad todo ello  es  a la obra tan sólo lo que el contenido esquemático presente en el óvulo es al grano llamado a desplegarse y madurar.

"esta vida, los recuerdos de sus tristezas, de sus alegrías, constituían una reserva análoga a este álbum recogido en el óvulo de las plantas, y en el cual éste extrae su alimento para transformarse en grano, en ese tiempo en el que se sabe todavía que el embrión de la planta se desarrolla, siendo como es lugar de fenómenos químicos y respiratorios secretos y muy activos" (IV, 478)

Y no sólo pueden morir los intérpretes, sino que también ha de hacerlo el yo convencional (con todos los recuerdos conscientes que lo alimentan) del Narrador,  al igual-nos dice- que la muerte del grano es el precio del desarrollado de la planta, recordando así la tremenda verdad de los versículos de San Juan:  "El grano de trigo que al caer en tierra no muere,  perdura estérilmente, mas si muere será portador de fruto"

[Publicado el 28/10/2009 a las 09:00]

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Comentarios (2)

  • Hola.

    Acabo de leer el pasaje donde citas: La verdad sólo emergerá cuando el escritor...

    Me gustaría saber en que sección del volumen respectivo está, a ver si la busco, pues la leí hace mucho y deseo releerlo. Es probable que la edición sea otra, por tanto te agradecería mucho la información que me puedas dar.
    Muchas gracias, Victor, me gusta mucho lo que has escrito sobre la obra.

    Comentado por: Fernando Serrano el 14/11/2009 a las 02:47

  • "Una brizna de tiempo en estado puro". Se puede ver la vida, en contra de las percepciones con que nos bombardean de vivir el momento, sólo existe el ahora y todo eso, visión lineal; como un conjunto en el que el presente es ¿? ¿el momento de análisis, cambiante, de todos los recuerdos? ¿Qué es el presente? El pasado también es presente si sigue almacenado en nuestra mente y se concibe la vida de forma subjetiva, como nuestras percepciones y sentimientos. La memoria. El tiempo borra la memoria y la memoria anula al tiempo, ¿son opuestos? ¿tienen una misma esencia?. Tal vez reduciendo la vida a cambios constantes, la memoria es cambio, el tiempo también.

    Comentado por: Bisiesta el 29/10/2009 a las 21:42

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

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