El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La suerte

"En razón de lo específico de su naturaleza, todos los humanes aspiran al conocimiento". Versión algo libre pero no sesgada, de una célebre frase de Aristóteles mil veces citada, y sobre la cual ahora pregunto: ¿realmente se trata de todos los humanos?  Recuerdo un día de invierno en París en mis años de estudiante. En realidad se trataba del año en el que se decidía mi futuro precisamente como estudiante. Mi principal preocupación  era entonces conseguir sobrevivir y mis incipientes  estudios de filosofía se alternaban con  horas de limpieza de oficinas, encuestas de opinión sobre asuntos tan excitantes como la eficacia de un fertilizante de plantas llamado Valmorin, y esporádicas visitas a un centro oficial ubicado en la  Rue de Valence en el cual- lejos aun los fantasmas del SIDA- sin ningún tipo de control compraban sangre  destinada a transfusiones. Completaban mis jornadas las horas de militancia política, en primer lugar la asistencia a las reuniones de célula en un sombrío local del barrio latino, separado por una estrecha pared del teatrillo dónde entonces se interpretaba una obra de Arrabal, lo que hacía que antiguos militantes comunistas  del campo de Mathausen y en aquellos años parisinos trabajadores de la Renault de Glignancourt, se hallaran familiarizados con textos, ya que no con imágenes, del llamado "Teatro Pánico". 

En el mes de noviembre tuve un examen parcial muy importante, intuyendo que del mismo dependía mi eventual inserción en el mundo del espíritu. Cuando comprobé que la nota era favorable me apresuré a organizar una reunión de celebración con Anne Desbordes, una de mis compañeras de facultad, profundamente devota de la filosofía alemana, pero sobre todo rigurosísima lectora de Nietzsche y de Heidegger. La celebración consistió en una noche de borrachera en  Les Halles, entonces núcleo de la vida popular de París, en cuyos bares- como en el barcelonés Amaya- se entremezclaban trabajadores, golfos, policías y putas. Anne Desbordes  no sólo era melómana,  sino  que tocaba el órgano, de tal manera que la noche  acabó en un anexo de L'Ecole Normale Supérieure, dónde había uno de esos instrumentos, más bien eclesiásticos.

Salí de allí al amanecer y lloviznaba. La noche que acababa de pasar me producía un sentimiento de privilegio. Era casi un milagro que Aristóteles, Nietzsche y la música de órgano hubieran llegado a ser ingredientes normales de una de mis borracheras. No sentí el frío hasta que, caminando sin dirección por el barrio latino, percibí a unos obreros magrebíes, trabajando en lo alto de un andamio. Me di cuenta entonces de que lo que caía era agua-nieve... y que aquellos hombres parecían  tener como destino  exclusivo el trabajar en lugares como aquel, esperando como máximo que las condiciones climáticas mejoraran, o al menos no empeoraran. Lejos quedaba la frase con la que Aristóteles arranca su Metafísica, lejos de aquel andamio en un noviembre brumoso; a sarcasmo podía allí sonar la afirmación según la cual inscrita está en la naturaleza de los seres humanos el deseo de ser lúcidos.

Tantos años después, leo que nos dirigimos hacia una situación social en la que el número crónico de  personas sin empleo se acercaría al treinta por ciento. En la Francia que acabo de evocar apenas alcanzaba el cinco por ciento. Los magrebíes que entonces  se exponían al agua-nieve treinta y cinco horas por semana, se sentirían hoy quizás afortunadas si se renovaran sus contratos en estas condiciones. La vida del espíritu queda aun más lejos...

Y sin embargo, ¿qué otra cosa podemos hacer sino apostar al pensamiento? Sólo este permite que se muestren en toda su ignominia las circunstancias sociales que parecen hacer del arte,  la filosofía y aun de la ciencia (al menos de la ciencia que se niega a ser mero instrumento  de una técnica a su vez al servicio de la economía) una especie de ocioso complemento de la vida seria. Me digo que sólo en la vida del espíritu subsiste algún rescoldo de dignidad y hasta de alegría, pero a la vez retorna como un fantasma la idea de que sólo circunstancias fortuitas, cargadas de buena suerte (aquel examen parisino que podía perfectamente  no haber superado) me han situado en disposición, sino de plantearme estos interrogantes, sí al menos de que tengan el peso decisivo que ahora en mi vida tienen.

[Publicado el 07/10/2009 a las 09:00]

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Comentarios (8)

  • Pongo un ejemplo: Imaginen a un hombre que tiene tres días sin probar bocado, me pregunto si tendrá deseos de tomar un libro de filosofía. Mirar el horizonte ycuestionarse, mirarhacia su pasado para buscar un equilibrio, buscara sexo......nada hombre tu yo y tu circunstancia...primero comes bocado y luego alimentas el espíritu, o vas al cine ....pero si cubrimos nuestros apetitos o necesidades básicas y no alimentamos nuestro ser nos creamos un hueco existencial que para muchos no está ahí y se llena de evasión, consumismo.... la filosofía y las artes es otro pan que se amasa para fortuna para unos y otros lo ayunan y otros tantos ignoran él hambre de saber.

    Comentado por: CARLOS DIAZ el 02/11/2009 a las 05:06

  • Donde dice: "perpetuar el desperdicio de recursos".

    Debe decir: "perpetuar el saqueo y falsificación de recursos".

    Donde no dice nada, es porque es demasiado evidente.

    Comentado por: Mercedes el 09/10/2009 a las 13:27

  • Bisiesta y la historia de un exámen, me hicieron recordar muchas cosas. Para evitar la cantidad de lecturas que me sugiere una historia compleja pero simplificada, voy a destacar simplemente dos, por un lado una historia que contaba Galeano: pintaron un banquito en una unidad militar y le pusieron guardia, en principio hasta que se secara la pintura. Años después continuaba la guardia en el banquito. Lo ponía como ejemplo de la burocracia, seguro que una cabeza de mujer bajo guardia generaría más costes e infracciones, pero todavía la inteligencia de la mujer no se entiende como una necesidad vital, los propios hombres se encargan de transformarla en complemento, acostumbrados como están al dominio también en las ideas y en la formulación de los interrogantes, (aunque se les demuestre que hacer bien una pregunta no es casualidad), y ni qué decir en los cánones que se imponen de composición y de belleza, algo así como la mujer a imagen y semejanza de sus propias fabulaciones y no de la capacidad de la mujer de ser ella misma. Hay muchas mujeres que se “adaptan” a esas condiciones y entre los unos y las otras, se perpetúa la desigualdad. Desigualdad de un derecho básico que tenemos como seres humanos, a ser aceptados como el resultado de nuestra propia experiencia y diferencia, mientras éstas se manifiesten pacíficamente.

    La suerte de los exámenes de Filosofía a veces puede ser muy variada: “Muchas veces se me cayeron los trozos. Muchas veces los recogí, eran fragmentos de mi pensamiento, de mi vida, trocitos que tuve que juntar, unir, intentar poner en un orden y otros que he perdido para siempre, porque la memoria no lo es todo.

    - Rejuntaba, mientras se me caían otros trozos.”

    Claro que cuando te los encuentras desparramados los reconoces, y como en la historia de la burocracia del banquito custodiado, es fácil deducir que lo que permite perpetuar el desperdicio de recursos es algo más complejo, y que justamente eso, no es precisamente un problema de suerte.

    Comentado por: Mercedes Beroiz el 09/10/2009 a las 08:33

  • Bella historia, sí, milagrosa conjunción, yo tuve una amiga filósofa en mis tiempos de estudiante, así que me acompañaban todos ellos como fantasmas semi-presentes, o testigos callados y revoloteantes sobre la mente de mi amiga, en borracheras y en no borracheras. Me gustó mucho el texto anterior, si hubiese comentado habría sido un suspiro, que es lo que se me escapó a su final. ¿Cómo se escribe eso? Sshh mm sssssfff, si alguien encuentra la cacofonía se agradecería como soplo de recurso literario para otra ocasión.
    En cuanto a la idea, cierto es que a veces uno se pregunta.

    Comentado por: Bisiesta el 08/10/2009 a las 19:23

  • Una cosa es borrachera y otra ebriedad,ya lo sospechaba pero terminó de explicármelo Ángel Gonzalez.
    Ebrio entra Baco en la India,borracho Queipo en Madrid

    Comentado por: Maleas el 08/10/2009 a las 11:33

  • Clignancourt, pues gracias por sus memorias. Ayer llovía mucho en París por la noche, màs bien una tormenta tropical con relàmpagos. Suerte que tuvo usted, yo llegué a Madrid harà dieciocho años y mi primer trabajo fue hacer encuestas por teléfono desde un ordenador, luego la lista es larga...y todavía debo buscarme la vida, ahora en París. Los magrebíes siguen sobre los andamios, hace dos días los fotografié en el Boulevard du Temple restaurando una fachada, simpàticos, luego de las fotos tiraban besos como las estrellas de cine. Ha tenido usted suerte de una vida tranquila después de sus aventuras parisinas.

    Comentado por: reportera desde la porte de Clignancourt el 08/10/2009 a las 10:32

  • No se preocupe, hombre. Ese sentimiento de culpa que le acompaña es muy normal en gente de doble educación cristiana y marxista. Nada grave, se puede vivir perfectamente con ello. Tómese una copa y váyase a los toros, que tanto le gustan, allí el sufrimiento lo padecen únicamente unos animales, poca cosa.

    Comentado por: Garrick el 07/10/2009 a las 20:58

  • Usted nunca habla de la miseria política que le rodea. (Que le rodea de verdad; me refiero a la política catalana.) Eso es filosofía. Lo demás son pompas de jabón.

    Comentado por: cansado el 07/10/2009 a las 14:04

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

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