El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La mirada de Proust

En los años que siguieron a la Gran Guerra, y hasta su muerte en 1922, la  actividad social de Marcel Proust es intensa: hace numerosos viajes a la localidad normanda de Cabourg, recorre paisajes de Francia en automóvil, visita ciudades y acude a exposiciones en las que puede nutrir su enorme interés por el arte religioso, relee a Baudelaire y Gerard de Nerval (concretamente Sylvie donde el poeta desarrolla el tema de la síntesis por el sueño de pasado y presente) lee a Dostoievski y entabla relación con nuevos escritores. No amenazado de movilización, en razón de su enfermedad crónica, vive sin embargo con profunda conciencia de la calamidad el París de una guerra en la que caen algunos de sus mejores amigos. En la ciudad cercada, frecuenta en la noche un oscuro hotel, una suerte de lupanar, que observa con minuciosidad de entomólogo, sin que sea posible asegurar que sólo le movió esta preocupación analítica. Finalizada la guerra lucha por abrirse paso en la vida literaria, concretamente intentando encontrar un editor. Asiste a la opera, interesándose por los Ballets Russes. En 1919 recibe el Premio Goncourt y un año más tarde la Legión de Honor. En 1922, último año de su vida, frecuenta aun el Ritz, dónde un día de mayo tiene un encuentro con Joyce. Y desde luego durante esos años no faltarán las visitas a galerías, conciertos, conferencias y... salones mundanos, esos salones con los que está tan familiarizado todo lector de la Recherche

Y sin embargo no deja de ser cierto, como suele escribirse, y como aquí mismo he sugerido múltiples veces, que Marcel Proust era en esos años un hombre que vivía recluido, recluido en cualquier circunstancia. Varios de sus interlocutores señalaban la palidez de su rostro, su aspecto cansino y sus silencios, pero esto no es excesivamente importante en una persona de salud delicada.  A propósito del evocado episodio de la visita al lupanar en noche bélica, Paul Morand escribe: "Proust à quel raouts allez-vous donc la nuit / pour en revenir avec des yeux si las et si lucides" (Proust, ¿ a qué  encuentros acudes en la noche, para retornar con ojos tan cansados y tan lúcidos?)[1].

Y en efecto, la mirada de Proust es en todas partes la mirada de alguien que observa desde un lugar oculto, y que sólo tolera un ocupante. Un lugar no exactamente distanciado, sino comprometido con lo que de verdad está en juego más allá de las apariencias y las convenciones. Compromiso con la pasión y con el vicio del observado, y hasta compromiso con su muerte. El mismo Paul Morand en su Meditación por un amor difunto, en 1925, nos habla de sus visitas a la habitación tapizada de corcho en la que el escritor se ahogaba por el asma, entre humos pestilentes: "Hablábamos de la soledad humana. El creía que ésta era absoluta y encerraba en su libro, como en un sarcófago, su corazón de mónada".

Hay una foto de Marcel Proust tomada en mayo de 1921, cuando está a punto de cumplir cincuenta años. La imagen recorta los hombros y el pecho a  unos centímetros  del nudo de la corbata, sobre un cuello blanco alzado que cubre hasta el mentón. La cabeza parece ligeramente inclinada hacia atrás y bajo el bigote, más poblado que en otras imágenes, la boca  ligeramente entreabierta prolonga en un esbozo de sonrisa una serenidad y entereza que fluye por los pómulos blanquecinos y sorprendentemente tersos, brotando desde la cavidad en la que los ojos, efectivamente cansados y lúcidos, son ante todo ojos de niño feliz, ojos que han tenido la fortuna de  encontrar la verdad antes que la muerte.      

Marcel Proust muere el 18 de noviembre de 1922, pero al parecer meses atrás había ya escrito fin tras la última frase de la obra, esa frase que cierra la palabra emblemática Tiempo. He leído en varios lugares que habría entonces declarado que ya podía morir. Se ha escrito también que su muerte  se precipitó en razón de haber rechazado cuidarse tras una bronquitis, cogida unas semanas atrás al salir de una de esas soirées que carecían ya de utilidad para la obra...aunque quien sabe: Celeste Albaret- su asistenta hasta el último momento- señala que el día mismo de su muerte estuvo hasta  pasadas las tres de la mañana retocando alguna frase de sus "paperoles". Hay indicios de que fue precisamente la última:

"No dejaría de describir a los hombres (aunque ello les asemejara a seres monstruosos) como ocupando un lugar tan considerable, contrariamente al tan limitado que les está reservado en el espacio, un lugar prolongado sin medida- dado que tocan simultáneamente, como gigantes sumergidos en los años, épocas muy distanciadas, entre las cuales tantos días se han intercalado-en el Tiempo" (1048)



 1. "¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas/Y que el amor es causa de tanto daño?"

Vale la pena transcribir en su lengua original el poema entero:

« Ombre/Née de la fumée de vos fumigations/ Le visage et la voix/Mangés/Par l'usage de la nuit/Céleste,/Avec sa vigueur, douce, me trempe dans le jus noir/De votre chambre/Qui sent le bouchon tiède et la cheminée morte./Derrière l'écran des cahiers,/Sous la lampe blonde et poisseuse comme une confiture,/Votre visage gît sous un traversin de craie./Vous me tendez des mains gantées de filoselle;/Silencieusement votre barbe repousse/Au fond de vos joues./Je dis :/- vous avez l'air d'aller fort bien./Vous répondez :/- Cher ami, j'ai failli mourir trois fois dans la journée./Vos fenêtres à tout jamais fermées/Vous refusent au boulevard Haussmann/Rempli à pleins bords,/Comme une auge brillante,/Du fracas de tôle des tramways./Peut-être n'avez-vous jamais vu le soleil ?/Mais vous l'avez reconstitué, comme Lemoine, si véridique,/Que vos arbres fruitiers dans la nuit/Ont donné les fleurs./Votre nuit n'est pas notre nuit :/C'est plein des lueurs planches/Des catleyas  et des robes d'Odette,/Cristaux des flûtes, des lustres/Et des jabots tuyautés du général de Froberville./Votre voix, blanche  aussi, trace une phrase si longue/Qu'on dirait qu'elle plie, alors que comme un malade/Sommeillant qui se plaint,/
Vous dites : qu'on vous a fait un énorme chagrin.
/Proust, à quels raouts  allez-vous donc la nuit/Pour en revenir avec des yeux si las et si lucides ?/Quelles frayeurs à nous interdites avez-vous connues/Pour en revenir si indulgent et si bon ?/Et sachant les travaux des âmes/Et ce qui se passe dans les maisons,/Et que l'amour fait si mal ?/Étaient-ce de si terribles veilles que vous y laissâtes/Cette rose fraicheur/Du portrait de Jacques-Émile Blanche ?/Et que vous voici, ce soir,/Pétri de la pâleur docile des cires/Mais heureux que l'on croie à votre agonie douce/De dandy gris perle et noir ? » (Paul Morand 1915)

 

Sombra/Nacida del humo de tus fumigaciones/El rostro y la voz/Roídos /Por el uso de la noche/Celeste,/Tan llena de vigor, me sumerge, con dulzura, en el zumo negro/De tu habitación/Que transpira el corcho tibio/Y la chimenea muerta./Tras el muro de tus cuadernos,/Tras la lámpara rubia y empalagosa como una mermelada,/Tu rostro yace bajo un velo de tiza./Me tiendes tus manos en guantes de filoseda;/Silenciosamente tu barba rebrota/En el fondo de tus mejillas./Yo digo:/- Tienes aspecto de encontrarte bien/Me respondes/-Amigo mío, he estado junto a la muerte tres veces en este día./Tus ventanas sempiternamente cerradas/ Te niegan el Boulevard Haussmann/Repleto/Como un apogeo brillante,/Del estruendo del techo de tranvías./¿Quizás no has visto nunca el sol?/Pero, al igual que Lemoine, lo has reconstruido tan verídico,/Que tus árboles frutales  en la noche/ Han florecido./Tu noche no es nuestra noche:/Esta llena de luces blancas/De catleyas y de vestidos de Odette,/Cristales de las flautas, de los lustres/Y de juncos agujereados del general de Froverville./Tu voz, también blanca/Traza una frase tan larga/Que parece plegarse, mientras que como un enfermo/Somnoliento que se queja/Dices que te han causado un enorme pesar./ Proust, ¿ a qué festines acudes en la noche,/ para retornar con ojos tan cansados y tan lúcidos/ ¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas,/Y que el amor es causa de tanto daño./ ¿Eran tan terribles las noches de vela  que en ellas abandonaste/ La sonrosada frescura/ de aquel retrato de Jacques Emile- Blanche/ Encontrándote así  aquí, esta noche,/ Tallado en  la palidez dócil de las ceras/Pero feliz de que creamos en tu agonía dulce/De dandi gris- perla y negro?.

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[1]  "¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas/Y que el amor es causa de tanto daño?"

Vale la pena transcribir en su lengua original el poema entero:

« Ombre/Née de la fumée de vos fumigations/ Le visage et la voix/Mangés/Par l'usage de la nuit/Céleste,/Avec sa vigueur, douce, me trempe dans le jus noir/De votre chambre/Qui sent le bouchon tiède et la cheminée morte./Derrière l'écran des cahiers,/Sous la lampe blonde et poisseuse comme une confiture,/Votre visage gît sous un traversin de craie./Vous me tendez des mains gantées de filoselle;/Silencieusement votre barbe repousse/Au fond de vos joues./Je dis :/- vous avez l'air d'aller fort bien./Vous répondez :/- Cher ami, j'ai failli mourir trois fois dans la journée./Vos fenêtres à tout jamais fermées/Vous refusent au boulevard Haussmann/Rempli à pleins bords,/Comme une auge brillante,/Du fracas de tôle des tramways./Peut-être n'avez-vous jamais vu le soleil ?/Mais vous l'avez reconstitué, comme Lemoine, si véridique,/Que vos arbres fruitiers dans la nuit/Ont donné les fleurs./Votre nuit n'est pas notre nuit :/C'est plein des lueurs planches/Des catleyas  et des robes d'Odette,/Cristaux des flûtes, des lustres/Et des jabots tuyautés du général de Froberville./Votre voix, blanche  aussi, trace une phrase si longue/Qu'on dirait qu'elle plie, alors que comme un malade/Sommeillant qui se plaint,/
Vous dites : qu'on vous a fait un énorme chagrin.
/Proust, à quels raouts  allez-vous donc la nuit/Pour en revenir avec des yeux si las et si lucides ?/Quelles frayeurs à nous interdites avez-vous connues/Pour en revenir si indulgent et si bon ?/Et sachant les travaux des âmes/Et ce qui se passe dans les maisons,/Et que l'amour fait si mal ?/Étaient-ce de si terribles veilles que vous y laissâtes/Cette rose fraicheur/Du portrait de Jacques-Émile Blanche ?/Et que vous voici, ce soir,/Pétri de la pâleur docile des cires/Mais heureux que l'on croie à votre agonie douce/De dandy gris perle et noir ? » (Paul Morand 1915)

Sombra/Nacida del humo de tus fumigaciones/El rostro y la voz/Roídos /Por el uso de la noche/Celeste,/Tan llena de vigor, me sumerge, con dulzura, en el zumo negro/De tu habitación/Que transpira el corcho tibio/Y la chimenea muerta./Tras el muro de tus cuadernos,/Tras la lámpara rubia y empalagosa como una mermelada,/Tu rostro yace bajo un velo de tiza./Me tiendes tus manos en guantes de filoseda;/Silenciosamente tu barba rebrota/En el fondo de tus mejillas./Yo digo:/- Tienes aspecto de encontrarte bien/Me respondes/-Amigo mío, he estado junto a la muerte tres veces en este día./Tus ventanas sempiternamente cerradas/ Te niegan el Boulevard Haussmann/Repleto/Como un apogeo brillante,/Del estruendo del techo de tranvías./¿Quizás no has visto nunca el sol?/Pero, al igual que Lemoine, lo has reconstruido tan verídico,/Que tus árboles frutales  en la noche/ Han florecido./Tu noche no es nuestra noche:/Esta llena de luces blancas/De catleyas y de vestidos de Odette,/Cristales de las flautas, de los lustres/Y de juncos agujereados del general de Froverville./Tu voz, también blanca/Traza una frase tan larga/Que parece plegarse, mientras que como un enfermo/Somnoliento que se queja/Dices que te han causado un enorme pesar./ Proust, ¿ a qué festines acudes en la noche,/ para retornar con ojos tan cansados y tan lúcidos/ ¿Qué horrores, a nosotros vedados, has percibido/ para retornar tan indulgente y tan bueno/Conociendo la pesadumbre de las almas/ Y lo que pasa en las casas,/Y que el amor es causa de tanto daño./ ¿Eran tan terribles las noches de vela  que en ellas abandonaste/ La sonrosada frescura/ de aquel retrato de Jacques Emile- Blanche/ Encontrándote así  aquí, esta noche,/ Tallado en  la palidez dócil de las ceras/Pero feliz de que creamos en tu agonía dulce/De dandi gris- perla y negro?

 

 

 

 

[Publicado el 01/9/2009 a las 09:00]

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

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