Conjunto no enumerable de metáforas
El hombre resulta de una subversión ontológica (sólo comparable a la que supuso la vida) consistente en que un instrumento de comunicación entre miembros de una determinada especie de primates dejó en lo esencial de funcionar al servicio de exigencias exteriores, dejó en suma de ser mero instrumento. Corolario de ello es que, para el lenguaje humano, designar puede constituir como máximo un subordinado punto de arranque.
El lenguaje se muestra entonces como prodigioso encadenamiento de expedientes que sólo al lenguaje sirven, metáforas de ningún modo atadas por exigencias de operatividad o de descripción. De ahí que al conjunto de frutos de tales expedientes no pueda atribuírsele cardinalidad finita y ni siquiera pueda ser ordenado numeralmente. Pues aunque el número de átomos de la naturaleza (y por ende el monto de partículas realmente elementales) sea finito, como el rebelarse del código implica no subordinarse a ese conjunto, la eclosión de frases nunca antes forjadas no está acotada por tal finitud del registro natural. Mas tampoco cabe (entre otras razones porque el distorsionado código no respeta principio alguno que pudiera sustentar una ordenada sucesión) equiparar el fluir de las metáforas a la generatividad infinita de números naturales. El código sólo podría alcanzar a realizarse como infinitud no enumerable del conjunto de las frases susceptibles de ser forjadas. El hecho mismo de que tal infinitud no pueda darse en acto garantiza que quedará siempre una frase por forjar, y en consecuencia que para el narrador o el poeta hay siempre un espacio abierto.
Que por su rebelión el antiguo código ya no dependa de las posibilidades del orden natural tiene como consecuencia la trágica desnaturalización que, para el puro animal que un tiempo fuimos, supone el ser vehículo de palabra. La naturaleza misma viene a ser inscrita en el orden del verbo, viene en consecuencia a convertirse en una idea; viene sobre todo a ser esa idea de la que el código que ha dejado de ser tal tiende a alejarse. El llanto como el goce, de los que la palabra parece alimentarse, son ya efectos de la palabra misma, que aspira literalmente a la pureza. De ello he intentado aquí dar cuenta adoptando como hilo conductor de la reflexión la Recherche proustiana, texto emblemático de la lucha del hombre por reconciliarse con su naturaleza profunda por la vía de la fertilización del lenguaje.
[Publicado el 15/6/2009 a las 09:35]
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Demasiado absoluto y totalizante ese corte con el mundo natural.
La virtualización total por el lenguaje nuca se dá,pues ello cortaría el flujo con el Mundo del que depende también nuestra vida.
Sin ello el propio lenguaje,el pensamiento,se quedaría sin savia,sin agua,sin pan que llevarse a la boca.
Comentado por: alicia el 18/6/2009 a las 06:36
Una gran guía para la lectura de La Recherche.
Por lo que veo este blog de Demetrio Pin se está convirtiendo en la mejor ayuda para una lectura fecunda de esta gran novela que es En busca del tiempo perdido. Aunque dispongo de la edición antigua de la Pleiade me resulta más fácil leer la obra en traducción. La traducción al catalán de Jaume Vidal Alcover resulta prácticamente ilegible; la castellana de Mauro Armiño, acompañada de notas, es fiel al francés pero no tanto al idioma español. La de Carlos Manzano quizás resulte hoy por hoy la mejor. Algunos fragmentos que el mismo Demetrio Pin ha traducido en el bloc son mejores que las antes citadas.
En fin a lo que iba: disponemos – ya que quizás no una excelente traducción - si de unos comentarios que nos pueden acompañar en nuestra lectura de La recherce, que es también la lectura de nuestra propia búsqueda. Que sigan !
J de Meseglise.
Comentado por: J de Zobeida el 16/6/2009 a las 11:01
Qué buena exposición. La palabra logra aquí salirse de si misma, corre como un río que consigue comunicar más que la propia belleza de la palabra, transmite ideas, partículas de infinito
Comentado por: disensión el 16/6/2009 a las 09:12
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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