La imposibilidad de una ética
Kant considera que el hecho de no tomar a la razón como instrumento constituye la esencia del comportamiento ético. Pero el término razón es demasiado equívoco y sólo a través de una suerte de análisis especializado cabe llegar a saber lo que el kantiano imperativo categórico implica realmente. Transparente es, sin embargo, para todo el mundo lo que la exigencia de respetar la palabra significa. Nadie duda de que fallar a tal exigencia equivale simplemente a apartarse de la eticidad; nadie duda de que usar la palabra en vano es propia de un ser ruin. Mas sentirse ruin en tal sentido es algo más grave que contemplarse como marginado por el exterior: es contemplarse en el espejo quebrado de aquello en lo que residía nuestra dignidad.
Aquí reside quizás, realmente lo insoportable, eso auténticamente insoportable que un pensador de nuestro tiempo identificaba a lo real. ¿Quería acaso-con esta identificación sombría- decirnos que no hay manera de evitar la subordinación de la palabra? Son obvias las connotaciones que ello acarrearía a la hora de relacionarse con los demás seres de palabra, cuya no instrumentalización constituye el primer mandamiento de toda ética digna del nombre. Y en el registro del arte ello significaría que no hay manera de mantener el espíritu en actitud de promesa, conclusión a la que parecen invitarnos las consideraciones del profesor Brown del MIT sobre el uso falaz del lenguaje como universal antropológico. Nada sin embargo exige a priori anclarse en esta tesis nihilista, y el hecho mismo de que un libro como la Recherche haya llegado a ser escrito es indicio de lo contrario; indicio que lleva a preguntarse si el problema no reside simplemente en que el esfuerzo que conlleva el forjar una frase ni prevista ni archivada acaba necesariamente por hacernos abandonar.
Cuando perdemos la confianza en lo radicalmente singular de nuestra condición, cuando nuestro destino parece confundirse con el de los seres meramente naturales, sujetos a lo aleatorio de las interferencias en la causalidad física y con un comportamiento que, en última instancia, respondería a la pulsión conservadora propia de las especies biológicas, cuando dejamos de experimentar que-en la historia de la evolución- la aparición del lenguaje supuso para la naturaleza el trascenderse a sí misma, cuando, en suma, desesperamos de nuestra humanidad... es imposible no ya que la literatura- sea bajo forma poética o narrativa- realmente nos diga algo, sino que persista algún valor moral digno verdaderamente del nombre.
En las comunidades humanas regidas por tal convicción nihilista se asiste a esa transmutación de valores que ya Nietzsche consideraba un signo de los tiempos. Pues lo que en momentos de afirmación se considera virtud...en momentos de sombra deviene lo contrario. Así la valentía, el heroísmo, el sacrificio en pos de una causa auténticamente regeneradora, son considerados como algo periclitado en las sociedades de alguna manera vencidas de antemano, sea porque se sienten objetivamente impotentes ante otras más pujantes, sea porque un cáncer moral interno les ha hecho perder la confianza
[Publicado el 11/5/2009 a las 10:02]
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no sé quien soy ni soy quien pienso ser...com mis palavras intento a alcanzar alguna parte de mí que no és más que la própria busqueda de sí misma.
Comentado por: patricia el 13/5/2009 a las 02:44
Comentado por: http://myspace.com/aaartur el 12/5/2009 a las 06:00
No ya solo la pérdida de confianza, es que además se ha perdido el sentido del lenguaje como usted plantea, la forma de pensar se transforma con la tecnología, la ciencia, la información, internet, etc. y las prioridades y motivaciones del ser humano cambian. ¿Está obsoleto esa forma de pensar? ¿tiene algún sentido ahora? El lenguaje se instrumentaliza y nada tiene valor si no sirve para algo, práctico. ¿Tiene sentido seguir hablando de humanidades, literatura, filosofía, cuando el mundo le da la espalda y muestra su indiferencia? Tiene sentido, probablemente más que nunca, pero nadie parece escuchar ¿se ha vuelto el lenguaje ininteligible entonces?
Comentado por: imposibilidad el 11/5/2009 a las 20:49
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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