El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 13 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Redención y palabra

Es seguro que, al menos en los Estados Unidos, el año Darwin será ocasión de que se acentúe  la crudeza de la polémica entre los defensores de las tesis evolucionistas y los defensores de posiciones creacionistas, ya sea en su formulación convencional, ya sea en modalidades aparentemente más sofisticadas, como las que apelan a una idea directriz que se hallaría en el origen de la naturaleza y de la vida y que determinaría su evolución. Como casi todas las polémicas en las que los  defensores de un criterio de objetividad  al que medir las teorías se enfrentan a los que sostienen posiciones a priori, la posibilidad de compromiso es muy pequeña, y desde luego nula cuando la polémica se intenta llevar a ese tribunal de la razón que ha de constituir la universidad. En el seno de ésta es imposible-o al menos inaceptable- que alguien niegue el hecho de que todos los seres vivos estamos sometidos a la selección natural y que compartimos rasgos que remiten a un universal común ancestro.

Para un racionalista lo interesante ante los defensores del creacionismo no es quizás tanto posicionarse sobre el contenido de lo que sostienen como preguntarse  por qué lo sostienen. Pues en muchos casos, aferrarse a la teoría de un Dios, más o menos disfrazado de "designio inteligente", es una manera de manifestar la profunda desazón que puede llegar a  producir una presentación de la teoría evolucionista que reduce al hombre, es decir, que niega su singularidad radical en el seno de las especies.

 

 Por prudente que fuera Darwin  a la hora de extraer consecuencias filosóficas de sus observaciones científicas, de su teoría suele inferirse que la diferencia entre el hombre y  las especies que constituyen nuestros parientes es sólo cuantitativa o de grado. La negación de esta singularidad adopta a veces la forma de negación de la diferencia radical entre el lenguaje humano y los códigos de señales animales Se acepta que la aparición de la vida supuso un enorme salto cualitativo en la historia del universo, pero no  se está dispuesto a aceptar que la aparición del lenguaje (es decir aquello en lo que reside la esencia o naturaleza del hombre) supone una salto cualitativo no menos importante. Pues bien:

 La homologación del destino de este fruto de la historia evolutiva que es el hombre al destino de los demás animales, puede  provocar como reacción el refugio en la irracionalidad o, caso de interiorizar la tesis, en una postración nihilista. Pues para el único ser que se sabe fruto contingente de la historia evolutiva, para el único ser que conoce su condición animal, la finitud inherente a esta condición corre  el riesgo de ser sentida  como una desgracia.

A esta vivencia nihilista y a sus eventuales consecuencias morales alude un héroe de  Dostoievski al sostener que en ausencia de Dios todo estaría permitido. Pero  felizmente  hay alternativa: es ciertamente difícil no buscar refugio en Dios, o no caer en el nihilismo si se niega que la aparición del ser humano supuso un salto cualitativo en la evolución, pero todo cambia si se confía en la radical singularidad de nuestra naturaleza, si se apuesta a la vida del lenguaje y a sus leyes, si, en suma, se sigue el ejemplo del escritor Dostoievski y no el de su héroe.

Pues el trabajo de todos los grandes del verbo (pienso al respeto en admirables páginas  de Marcel Proust) sólo se explica en base a la convicción de que el lenguaje no puede reducirse a instrumento al servicio de la subsistencia, y ni siquiera a vehículo de exploración cognoscitiva de la naturaleza. Siendo esta segunda capacidad el primer don con el que la naturaleza  nos singularizó, narradores y poetas apuestan a riqueza aun mayor.  Apuestan a que el lenguaje, fruto azaroso de la evolución, alcance sin embargo la potencia de ese Verbo al que hacen referencia desde Aristóteles a Chomsky, pasando por los Evangelistas y Descartes; potencia que no nos arranca al mundo pero  sí nos hace sentir que  lo irreversible del  devenir  del mundo no es lo único que  determina a los seres humanos. No es en absoluto necesario comulgar con dogma irracional alguno para hacer propia la frase según la cual  "en el principio está el Verbo". Basta simplemente por entender por principio aquello que da sentido y que permite la única aprehensión del mundo que nos sea dada a los humanos. Se trata simplemente de asumir que si la palabra es lo que da significación, sin la palabra todo es insignificante.

Narradores y poetas apuestan a que el lenguaje pueda librarnos parcialmente del gravamen que en la inmediatez natural coarta nuestra libertad, a que pueda  rescatarnos del vejamen que  para el ser de palabra supone la finitud y, en suma, apuestan a que el lenguaje encierre una potencialidad literalmente redentora. Sugería Marcel Proust  que esta potencia se actualiza en  cada uno de nosotros cada vez que asumimos plenamente nuestra singular naturaleza; cada vez que, comportándonos como seres de palabra, en lugar de usarla, hacemos de su enriquecimiento  un fin en sí.

 

[Publicado el 17/4/2009 a las 17:42]

[Enlace permanente] [Imprimir] [Enviar a un amigo]

Compartir:

Comentarios (1)

  • De lo mal que andan las cosas alguna responsabilidad tendrán los que pudiendo, (me refiero a los catedráticos de filosofía que no ponen las barreras suficientes con la teología), permiten el actual orden desafortunado de las cosas.

    !No me extraña que no sean capaces de desarrollar teoría!

    Comentado por: Paola el 17/4/2009 a las 17:56

Deja un comentario




Tu correo electrónico:


Escribe los caracteres de la imagen (para evitar SPAM):

Comentario:


Foto autor

Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía

Noticias asociadas

Página diseñada por El Boomeran(g) | © 2011 | Gran Vía, 32 - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS

Página desarrollada por Tres Tristes Tigres