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El blog literario latinoamericano

martes, 14 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

La guerra y el lupanar

En estas reflexiones he presentado a menudo al Narrador de la Recherche como paradigma de una actitud heroica en la que la necesidad de la subordinación de la propia vida a la tarea artística constituye una suerte de axioma. Por eso resulta interesante esta visita al lupanar en la noche de guerra en un país cercado. Los versos de Paul  Morand enfatizan el hecho de que esta bajada a los infiernos morales acentúa la radicalidad del protagonista en su exigencia creativa. Yo quisiera poner de relieve también el aspecto más convencional. Sin duda Marcel Proust es un frecuentador de burdeles en los que, satisfaciendo o no una pulsión, sí es seguro que extrae a posteriori una enseñanza. El aspecto redentor reside aquí. Si Proust fuera un mero observador (como, desgraciadamente para él, lo es de la guerra) no regresaría de los sótanos con esos ojos cansados a los que alude Morand. Los sótanos, simplemente no serían los de su alma. No habría redención ni bondad.

[Publicado el 16/2/2009 a las 10:55]

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Comentarios (2)

  • No puede Proust más que hacerse una idea somera de lo que es el infierno por muy cerca que haya estado de él de visita. Desde mi punto de vista al infierno se puede ir voluntariamente pero cuando verdaderamente comienza el infierno es cuando se quiere salir y no se puede. Aún si conocer su vida me atrevo a decir que el infierno de Proust debió ser otro, salvo que no pudiera librarse de este que visitaba.

    Comentado por: luz el 16/2/2009 a las 22:30

  • Antes se llamaban casas llanas, o mancebías. También, en plan más fino, casas de lenocinio, o burdeles, que es un catalanismo; los andaluces dicen, simplemente, casaputas. Lupanar es muy feo, las pobres chicas no son unas lobas. Pero son sitios donde se fuma, se bebe, se hace algo de gimnasia, en fin que es fácil volver con los ojos cansados. Es bueno saber que, también, se adquieren enseñanzas que pueden redimirte. Ya decía Platón que al bien solo se puede llegar por el conocimiento.

    Comentado por: Garrick el 16/2/2009 a las 14:02

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

Bibliografía

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