Ansia de conocimiento… exigencia de veracidad
Con toda intención hago la aparente incongruencia de separar la exigencia de conocimiento de la exigencia de veracidad. Tal como de la utilización misma de esta última palabra se desprende, la exigencia de veracidad es previa al deseo de saber y constituye casi su condición de posibilidad. Esto plantea un problema respecto a la concepción misma de la naturaleza humana, caracterizada desde el texto más legítimo (el arranque de la Metafísica de Aristóteles) por el deseo de conocer. O más bien; el citado texto ha de ser interpretado en términos menos epistemológicos de lo que suele hacerse de ordinario. Los humanos, se diría entonces, somos conducidos por nuestra naturaleza a enfrentarnos a lo que desde el origen, y más allá de pasajeras cuitas, esencialmente nos concierne; los humanos si nos dejamos llevar por nuestra naturaleza somos conducidos al lugar de la verdad; los humanos, por genuina disposición deseamos ser veraces.
El Narrador de la Recherche no reflexiona jamás sobre la verdad a cuya confrontación tantas veces alude, da por supuesto que todos sabemos en qué consiste tal verdad. El Narrador sí nos indica el lugar de búsqueda, y lo hace con tal precisión que al alejar a los amigos que le importunaran evocaría la necesidad de una confrontación urgente y capital consigo mismo. En el texto relativo a Ruskin se precisa que para todos y cada uno de nosotros ese sí mismo constituye lo esencial, y que la lectura es sólo un peldaño exterior para iniciar la apuesta.
[Publicado el 04/2/2009 a las 10:31]
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"... da por supuesto que todos sabemos en qué consiste tal verdad."
Una suposición de lo más audaz, sí señor.
Hace miles de años que nos parece que lo sabemos todo, pero lo cierto es que de Verdad solo hay una. El desconocimiento de esta Verdad nos ha conducido a la situación donde nos hallamos. Aquello tan romántico y postmoderno de que cada uno tiene su propia verdad, ya pertenece al siglo pasado, aquellos tiempos en que los Bancos eran sinónimo de Lo Perdurable.
Por más vueltas y vueltas que damos, a nadie se le pasa por la cabeza que la presente situación de cambio sólo tiene un protagonista: La Verdad.
Una Verdad que no hará falta que nadie se tome la molestia de formular porque es informulable, inconcebible, y que no se puede siquiera imaginar. Cuando se hayan caído todos los velos ilusorios que venimos arrastrando desde la Era Cuaternaria, aparecerá la Verdad de un modo prístino e inexorable.
De ahí que no exista todavía la más mínima idea de en qué consiste realmente el profundo cambio que tenemos planteado: es de tal envergadura, que nos es imposible concebir el alcance de su contenido.
Es como ver una escama gigantesca cerca de la ventana: oye, mira qué cosa mas linda. Sí, señora, pero sólo es una ínfima parte del Tiranosaurius Rex que está arrollando a zancadas por la avenida.
La Verdad somos nosotros, pero para comprender este axioma eterno tenemos que ser la Verdad.
¿Alguien se anima?
Comentado por: Jorge Bas el 04/2/2009 a las 19:59
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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