Lo que sofoca y abate

"Qué es lo que me sofoca y me abate? ¡Aire viciado, aire viciado! Algo indeseable se aproxima a mí. ¿He de respirar las entrañas de un alma quebrada?... ¿No es cierto que estamos dispuestos a sobrellevar un cúmulo de miserias, de privaciones, de intemperies, de enfermedades, de preocupaciones y de soledades? Somos en el fuero interno capaces de soportar todo ello, habiendo nacido para una existencia subterránea, una vida de combate. Pues en tal existencia siempre se acaba por volver a la luz, siempre se alcanza un momento dorado de victoria, y entonces uno se alza como aquello que fue en su nacimiento, infrangible, el espíritu tenso, apto a alcanzar nuevos objetivos más difíciles, más lejanos; vívido como un arco al que el esfuerzo tensa todavía más.
Mas de vez en cuando, protectoras divinas, si existís más allá del bien y del mal, otorgarme una mirada que yo pueda a la vez proyectar sobre alguien absolutamente pleno, realizado, feliz, triunfante: alguien de quien pudiera tener algo que temer. Una mirada sobre un hombre que justifique al hombre, una mirada sobre un viento de felicidad, que otorgue al hombre su complemento y su salud y gracias al cual cabría conservar la fe en el hombre... Pues he aquí la situación: la pusilanimidad y la equiparación por lo bajo del hombre europeo constituye nuestro mayor peligro: este espectáculo apaga el alma... Si, el destino fatal de Europa está ahí. Habiendo cesado de inquietarnos ante el hombre, hemos cesado de amarlo".
Expongo aquí sin comentarios este texto de Nietzsche con el que ahora tropiezo, sin saber muy bien cuando lo usé ni tener la seguridad de quien lo tradujo.
[Publicado el 19/12/2008 a las 10:58]
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El solo hecho de publicar, de hacer público tiene sus propias complicaciones para los autores. Pero la vida de nadie es pública, es un problema de límites que es lo que hay que ajustar, porque por allí perdemos convivencia democrática y eso es parte de una realidad vital con la que tenemos que enfrentarnos todos los días.
Comentado por: No está mal recordarlo en el boomerang el 20/12/2008 a las 09:04
Hay que confesar humildemente también que más allá de pulsos, cuando una herramienta intelectual se ha forjado con esmero, honestamente es cara en tiempo, esfuerzo y en vida, por lo tanto no hay justificación de ninguna gratuidad en ese sentido.
La democratización de la cultura tiene que venir por otro lado. La enseñanza es pública y gratuita pero no sus maestros. Es hasta si se quiere trivial hablar de la pérdida de unos pulsos que sabemos son el resultado de ese forjado. Surgen muchos pulsos, y no de otras circunstancias que por supuesto la alimentan. A mi me gusta pensar en donde residen los impulsos en materia literaria.
El esfuerzo es personal y la escritura solitaria, por eso está muy pero muy mal apropiarse de lo ajeno. Otra cosa es que por decisión personal los esfuerzos propios los volquemos donde nos parece más justo, pero concientemente.
¡Pero si empezamos hablando de literatura y tenemos que hablar de libertad!
Comentado por: Se resienten los colectivos el 20/12/2008 a las 08:31
¡Ah!, siempre podemos ser más prosaicos y hablar de derechos civiles y su violación es un problema que deja otras consecuencias.
Las obras sobreviven, lo que no resiste son las asociaciones, y otras actividades por el estilo, que si actúan en contra de las personas que van a colaborar honorablemente. No son las personas afectadas las que pierden la dignidad, sino esas "organizaciones" las que pierden todo su sentido originario y de allí además de perder la parte de paz, también se ensucian a los colectivos porque pierden credibilidad.
Comentado por: ¿Qué paz? el 20/12/2008 a las 08:05
Confesaba humildemente Juan Gil Albert que el impulso poético no es permanente. Cuando nos abandona hemos dejado de ser poeta.Debe ser triste representar el papel del poeta de oropeles cuando ya la vena poética le ha dejado.Mas cuando no se engaña ni él a poca inteligencia que posea.
Esa estúpida búsqueda contemporánea de la felicidad,vía fármacos o vía autocomplacencia individual o colectiva,causa a los hombres un daño que parece irreparable.Perdidos sin posible retorno dado que si tal entelequia tiene sentido es condición necesaria estar en paz consigo y con los vecinos y parece ser que eso les es harto difícil.
Comentado por: maleas el 19/12/2008 a las 22:13
Comentado por: Sigo siendo Mercedes el 19/12/2008 a las 16:02
¿No será que las personas disponemos, en diferentes grados, de la doble capacidad humana de superación de dificultades como de vulnerabilidad también humana, y que eso es un doble pulso de la vida?
Comentado por: ¿? el 19/12/2008 a las 15:33
La "entereza" a que Ud. se refiere tantas veces, habita en quien soporta una condición humana menos idealizada que la que pretendía Nietzsche. "Una vida de combate", todos renaciendo una y otra vez, en la "pusilanimidad y la equiparación por lo bajo", intentando ser uno mismo el propio "hombre que justifique al hombre" y no buscarlo en Otro para creer en él. Como en nuestras "vidas literarias" ¿no?
Comentado por: Concepción Julia el 19/12/2008 a las 11:15
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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