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El blog literario latinoamericano

martes, 14 de febrero de 2012

 Blog de Víctor Gómez Pin

Astenia de las palabras… insignificancia de las cosas

En estas  reflexiones he presentado a menudo al Narrador de La Recherche proustiana como singularidad casi heroica: figura de aquél que aborda la tarea literaria en base a la convicción de que el lenguaje hace de poderoso contrapunto frente al determinismo del registro natural, determinismo al menos en lo esencial, puesto que nada escapa al destino trazado por la termodinámica. Narradores y  poetas simplemente nos ayudan a recobrar la confianza en el valor de las palabras, y así a intentar realizarnos a través de ellas, apostando a realizar nuestra propia condición, apostando por ser nosotros mismos. Y sin embargo también el Narrador ha sido presa del nihilismo, también ha pasado por momentos en los que las palabras carecían de peso y, en consecuencia, las cosas  mostraban tan solo su insignificancia. Transcribo uno de los textos más explícitos al respecto:

"El nuevo sanatorio al que me había retirado no me curó más que el primero; y pasaron muchos años antes de que lo abandonara. Durante el trayecto que hice en tren, volviendo de nuevo a París, el pensamiento de mi carencia  de dotes para la literatura, que ya en otro tiempo había descubierto en el camino de Guermantes, que más tarde reapareció, provocando aun mayor tristeza, en mis paseos cotidianos con Gilberte, /upload/fotos/blogs_entradas/diario_de_los_goncourt_med.jpgantes de volver para la cena, ya tarde en la noche, en Tansonville, y que, en vísperas de irme de esa casa había identificado, más o menos al leer unas páginas del Diario de los Goncourt, con la vanidad y la mentira de la literatura, este pensamiento,  menos doloroso quizás , pero más deprimente aún, si le daba como contenido, no mi propia incapacidad, sino la inexistencia del ideal en el que había creído, este pensamiento, que desde hacía tiempo no había vuelto a la mente, me asaltó de nuevo, y con una fuerza más dolorosa que nunca. Fue, lo recuerdo, durante una parada del tren en pleno campo. El sol iluminaba hasta la mitad de su tronco, una línea de árboles que seguía la vía del ferrocarril. ‘Árboles, pensé, nada tenéis  ya a decirme, mi corazón gélido ya no os oye.  Inútilmente estoy aquí, en plena naturaleza, pues es con frialdad y hasta aburrimiento que mis ojos constatan la existencia de una línea que separa vuestra frente luminosa de vuestro tronco sombreado. Si alguna vez pude sentirme poeta, ahora se bien que no los soy. Quizás en la parte de vida, tan yerma, que ahora se abre ante mí,  los hombres puedan llegar a inspirarme lo que ya no me dice la naturaleza. Mas en cualquier caso, los tiempos en que era capaz de cantarla ya no volverán.' (854-855)

[Publicado el 03/12/2008 a las 10:32]

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Comentarios (3)

  • En este blog no tienen la atención de dejarte poner un enlace a la web, que es la auténtica firma: sólo quieren anónimos al parecer. En fin, mi firma: www.garcialanda.net

    Comentado por: JoseAngel el 06/12/2008 a las 23:49

  • Lo mismo le sucede al narrador en Venecia, una lamentable agregación insensata de ladrillos y agua. Es el mal de Hamlet, cuando habla con Rosencrantz y Guildenstern: el universo como una conjunción de vapores pestilentes, el hombre como una sublimación del polvo. Sí, sí: del polvo.

    Comentado por: JoseAngel el 06/12/2008 a las 23:48

  • como era eso que decía Proust, al final de todos los hombres que soy, me he quedado con ese capuchino, que si llovía abría el paragüas y se llevaba la capucha hacia atrás con el sol...m!

    recuerdo casi al final cuando habla del diario Figaro y dice algo así, ese momento al ir a leer el periódico y tener pensamiento todo dispuesto para los pensamiento la lectura y al leer el artículo de ese autor que le dice que no debiera escribir por lo mal que lo hace,

    me encnata cuando dice, sí, intentaré leer mi artículo pensando en lo que él dice,

    es bello

    Comentado por: Enea el 03/12/2008 a las 12:12

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Biografía

Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de  Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido  las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en  la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.

Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian,  iniciado en 1979 por el  filósofo Ramón Valls Plana,   e inmediatamente asumido por Javier Echeverría.  Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una  sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad".  La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que  en su día  aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual,   personas de  muy  diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como  Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas  René Thom). Grande era también la disparidad en  posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente.  Pero  se  pretendía en aquella facultad de Zorroaga  (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.

Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en  el universo de Marcel Proust  y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.      

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