El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 5 de diciembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

La única labor del tiempo

Reloj de sol, de bolsillo

He tenido ya ocasión de enfatizar aquí el hecho de que para Aristóteles la palabra krónos, que traducimos por tiempo, designa la cifra o medida de una modalidad muy precisa de procesos, a saber, los que suponen un incremento de corrupción (lo que hace de Aristóteles una suerte de precursor del segundo principio de la termodinámica). El filósofo llega a precisar que el generarse la planta a partir de la simiente no es asunto de tiempo, sino precisamente de génesis, es decir, de afortunada confluencia de causas propicias, compatibles entre sí y exteriores a la simiente misma, confluencia de la que resulta un estado de cosas más ordenado que el precedente. Puro asunto de tiempo es, por el contrario, la celeridad relativa en la corrupción que se da, cuando cesa esa confluencia de causas externas (sea cual sea el grado de actualización que la planta ha alcanzado, ya se halle aun en el estado de simiente).
 
Tiempo es, en suma, lo que ocurre cuando sólo la propia naturaleza opera, y lo poderoso del tiempo reside en que a veces ya sólo la propia naturaleza opera, ya intervención alguna puede neutralizar el proceso. Por eso, nos dice el filósofo de Estagira, que un hablante de su lengua griega no diría espontáneamente que el tiempo ha hecho al niño convertirse en un hermoso adolescente interlocutor de Sócrates, pero sí diría que, aun manteniendo alerta su espíritu, el tiempo doblegará el otrora erguido cuerpo de Alcibíades. Pues Alcibíades es fruto de esa milagrosa confluencia de circunstancias que cristaliza en una sociedad humana, más milagrosa y más frágil tratándose de la ciudad griega, pero la physis, la naturaleza, acabará por neutralizar todo efecto exterior, y la sustancia física Alcibíades ha de obedecer a esta condición... desintegrándose.
 
El vocablo tiempo designa, en suma, lo que acontece cuando una entidad es abandonada a sí misma o cuando el vínculo con otras entidades no consigue paliar lo que acontecería de ser abandonada. Tiempo no es en definitiva otra cosa que el término designativo del destino propio.

[Publicado el 10/10/2008 a las 12:30]

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Comentarios (4)

  • Si el tiempo es una forma humana de medir y está contenida en el relato, a través de la memoria del gran relato que es la historia, para el que las fechas es fundamental, es discutible, que hoy 12 de octubre se siga celebrando el comienzo de una era trágica. El desangrado de recursos humanos y materiales de América, la esclavitud que generó el saqueo de mano de obra esclava de África y que toda la fortuna sirviera para pagar las guerras de conquista y de poder Europeo con las epidemias, la sangre, el hambre (el gran imperio dio bancarrota financiera dos veces, ¿les suena a algo conocido? Y casi, casi por las mismas razones que el actual, el coste de la guerra para sostenerse´con los recursos ajenos). Las tierras cosechables fueron invadidas por las ovejas que deshacían los cultivos a su paso, pero eran más rentables por el comercio de la lana. Las poblaciones padecieron hambre y hubo que importar cereal a casi el mismo precio del oro que saqueaban (Perry Anderson, El estado absolutista) ¿les suena parecido a lo que hoy sospechamos supondrá la producción a gran escala de combustible con los recursos alimenticios? No son problemas nuevos, la humanidad ya soportó esas experiencias nefastas, y ¡sin aprender todavía!
    No podemos seguir hablando de descubrimiento cuando solo lo fue para un conjunto de la humanidad, por lo tanto no es un descubrimiento porque no es universal, el único descubrimiento universal (porque era “universable”) fue la posibilidad, más técnica y de fortuna que otra cosa, de la circunvalación de la tierra, (que fue en otra fecha que no tiene significación celebrada), de mejorar la técnica de acortar las distancias que es navegar.
    El 12 de octubre, tiempo detenido en la memoria colectiva, ¿como si los historiadores no nos hubieran dicho nada?

    Comentado por: el tiempo forma parte del relato el 12/10/2008 a las 13:22

  • A veces, sí, es el lugar al que caemos... pero otras veces es algo que nos cae encima, como un piano.
    Es muy curioso ese modo aristotélico de separar la generación de la corrupción y hacer estallar eso que consideramos un ciclo

    Comentado por: mªjosé el 12/10/2008 a las 11:17

  • Pues por casa anda un can
    que en su alegria o contentez peruna
    marca segundos con la cola.

    Saludos a todo quisqui.

    Comentado por: endivia el 11/10/2008 a las 15:22

  • Recuerdo que siendo niño,un anciano me decía un día, señalando a otros ancianos que tomaban el sol en los poyos de la plaza : " Pobres,les pregunto que hacen y me responden, "aquí,matando el tiempo". No se dan cuenta de que es el tiempo que los esta matando a ellos ". Posiblemente Carrasco que ese era su nombre, sin haber leído a Aristóteles era aristotélico.
    No,el tiempo ni nos crea ni nos destruye,es junto al espacio, el lienzo ilimitado y mudo en el que transcurre nuestra existencia. Solo el escenario.

    Comentado por: maleas el 10/10/2008 a las 19:24

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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