Las cavilaciones de Elisabeth Bennet
Tras haber rechazado sin miramiento alguno la mano de Darcy, a quien entonces considera un engreído, traidor a un amigo de infancia por el que su propio padre le había pedido velar,
y responsable de que se frustraran las expectativas de noviazgo de su hermana Jane, la protagonista de Pride and Prejudice, Elisabeth Bennet, es invitada por sus tíos a un viaje a Derbyshire, donde precisamente Darcy tiene su mansión familiar. Sus tíos se empeñan en hacer una visita turística al dominio. Una sirvienta les atiende amablemente y mientras sus tíos hacen extasiados comentarios sobre las estancias, mobiliario, cuadros, etcétera, la recta, la inflexible, la tan noble de espíritu Elisabeth va para sus adentros haciendo estas elevadas reflexiones:
"Pensar que yo hubiera podido ser la señora de este lugar. Podría hallarme en familiar relación con estas habitaciones, en vez de contemplarlas como un visitante. Podría sentir en ellas el confort de mi propia casa, y recibir en ellas como invitados a mis tíos..."
Ciertamente la heroína encontrará rápidamente un pensamiento que sirva de oportuno contrapunto, a saber que el despectivo Darcy nunca le permitiría invitar a sus tíos, con lo cual -intolerable idea para un alma bella como Elisabeth- la relación con estos sería sacrificada en el altar de su propia conveniencia. Edificante sentimiento filial, cuya real utilidad para la conciencia de la protagonista no escapa a la narradora "se trataba de una feliz enmienda, pues la salvaba de una suerte de arrepentimiento". Arrepentimiento, claro está, por haber rechazado la mano de alguien con tanta pasta. Arrepentimiento que, sin embargo, no tardó en llegar, pues, con ayuda del azar y de algún duendecillo, el bueno de Darcy se cruzará muy pronto de nuevo en su camino y los ojos ciegos de Elisabeth se abrirán, descubriendo que su aparente altivez era en realidad control de una pulsión generosa, y que lejos de ser infiel a un amigo había sido víctima de la traición de éste...etcétera, etcétera.
Dinero... "que es mi alma", e incluso más que el alma, si por ésta se entiende tan sólo las voliciones, los temores, las esperanzas y los pensamientos en general que ocupan nuestra conciencia. Quizás Wickham, cuyo comportamiento es conscientemente motivado por el dinero es menos esclavo de él que todos los demás protagonistas, pues del dinero se es devoto muchas veces sin saberlo. Se responde a las exigencias del dinero como se responde a las de una ley oscura, una ley tanto más imperativa cuanto que ni siquiera es formulada. Estos personajes, de los que nos separan ya dos siglos, parecen tener, al igual que nosotros, tan sólo una obediencia verdaderamente estricta.
[Publicado el 25/9/2008 a las 10:52]
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Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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