Cuando el compromiso es coartada
La erudición (o al menos cierta forma social de ella) lejos de acercar a la lucidez tapona el camino de acceso y con ello la condición de posibilidad de la creación. Mas la figura vacua del erudito es en la perspectiva de la Recherche menos lastimera que la de un segundo personaje, el cual, no obstante, parece haberse acercado en mayor medida al acto creador. Me refiero al artista absurdamente calificado de «comprometido», ya que precisamente su «trabajo» constituye el paradigma de un «arte» en el que nada se expone, nada se trasciende y que nada fertiliza. El narrador es, a este respecto, una vez más implacable: «La idea de un arte popular, como de un arte patriótico, aun-que no hubiera sido peligrosa, me parecía ridícula» (La Pléiade 3, 888). Idea sustentada a la vez en una impotencia creadora y en una ignorancia de la verdadera condición espiritual de las clases sociales. De hecho sólo porque participa de los prejuicios que respecto al «pueblo» poseen las clases «superiores» y eruditas, intenta el escritor sacrificar las exigencias de la forma; pues iletrados en el sentido radical son aquellos para los cuales la palabra es mercancía y pretexto, y no tanto los que no saben leer: «a este respecto, un arte popular en su forma se destinaría más bien a los miembros del Jockey que a los de la Confederación General del trabajo» (ídem). Y ante los que pretenden que la complejidad de escritura de un Bergotte es tan sólo apta para mundanos, gens du monde, el narrador objetará que se hace así a tales gentes «un honor inmerecido.» (893.)
[Publicado el 28/8/2008 a las 07:00]
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...recorrer el camino a caballo como Montaigne, o andando como Will Self, o volando como un quiroptero... impregnandose de (eso que dicen que existe) la realidad, para llegar a ser lo que uno es: primario, simple, sincero, instintivo, perceptivo y no conceptual.
Comentado por: asier el 28/8/2008 a las 22:05
No sé, no sé, sólo hay que vivir el carnaval de las exquisiteces en Venecia y también el del sambódromo brasileño. Dos representaciones diferentes y opuestas de la misma festividad: la exclusiva y elitista (interesantemente significativa también) y la popular que arrastra a todo el mundo, "por un día todo el mundo se olvidó que cada uno es cada cual". La popular surge como la fiesta de los oprimidos con sus cantos, bailes, protestas, algarabías y el retumbar ardiente de las lonjas que por un día llegan a asumir sensualmente el protagonismo en el mestizaje de un continente.
"Esta vez Delgadina, tocó el libro quería terminar de pelear con el sabio".
Comentado por: Mercedes el 28/8/2008 a las 20:55
hay eruditos y eruditos...Montaigne era uno de ellos y se lo lee todavía con delectación literario-estética; luego están los que van al dato puntillosísimo y que su vida la encaminan hacia eso, pues bien; pero para mí no es suficiente con el creador, ni con el erudito sólo se debe ser lo más 'completo' posible, es decir, hay que exigir(se)...y sólo pensar no es suficiente, ni sólo crear; hay que ser hay que tender un polymath o polyhistor, lo que sucede que está al alcance de muy pocos y desde nuetras escaseces criticamos lo que no tenemos de erudito o creador...claro, normal, en todas partes cuecen habas sr. Pin.
Pero las clases altas normalmente han sido como las bajas exclusivamente amateurs, ya lo decía el barón que él con el dinero que tenía sólo podía aspirar a eso, tuvo que hacerse con la sociedad la burguesía y su forma y punto de vista para que llegasen los 'eruditos profesionales'
saludos
Comentado por: vic el 28/8/2008 a las 20:35
Estoy pensando que no todos recorremos los mismos caminos y, desde luego, no en el mismo orden. Las circunstancias, las características personales, la vida, hacen que se presenten cuando se presentan. Lo importante es recorrerlos
Si encuentro un libro, recomendado por Verdú, donde encuentro que quedan claros los prejuicios, el elitismo, de grandes plumas les dejo el título
Comentado por: mitin el 28/8/2008 a las 14:02
Creo que la erudición debería enriquecer el espíritu crítico, distinto es cuando se pierde el norte entre tanto dato y en el discurso está ausente uno mismo. Uno debe aprender a encontrarse cuando se pierde
Hablo de pensado, no soy una persona erudita
Comentado por: Mitin el 28/8/2008 a las 13:38
Si el escritor coarta así su creatividad participando de los prejuicios de unos o de otros, poca estima tiene por su arte. Partiendo del hecho de que el escritor escribe para que le lean, no debería preocuparse de quién le lee. Si no es así, él también utiliza la palabra como pretexto y mercancía.
Comentado por: meditabundo el 28/8/2008 a las 10:57
Victor Gómez Pin estudió Filosofía en la Sorbona dónde obtuvo el grado de Doctor de Estado con una tesis sobre el orden aristotélico. Actualmente es Catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona dónde ha impartido las asignaturas de Teoría del Conocimiento, Introducción al Pensamiento matemático, Ontología y Filosofía de las ciencias Formales. Ha sido profesor en la VIU (Venice International University), de Venecia, en cuya ciudad recibió en 2009 el Premio Internacional del Istituto Veneto di Scienze, Lettere ed Arti.
Su transcurso indisociablemente profesional y social está marcado por su incorporación al proyecto de "Zorroaga", en San Sebastian, iniciado en 1979 por el filósofo Ramón Valls Plana, e inmediatamente asumido por Javier Echeverría. Se aspiraba allí a que la Universidad del Pais Vasco se dotara de una sección de Filosofía que respondiera a la exigencia kantiana de ser "un departamento entre otros y sin embargo toda la universidad". La dificultad y previsible fracaso del empeño no impidió que en su día aceptaran incorporarse al proyecto, o jugaran un importante papel puntual, personas de muy diferentes intereses teóricos (incluidas personalidades ajenas a la filosofía en el sentido estricto, como Eduardo Chillida o el Medalla Fields de Matemáticas René Thom). Grande era también la disparidad en posicionamientos políticos, en un momento en el que el problema vasco era absolutamente candente. Pero se pretendía en aquella facultad de Zorroaga (otra cosa es que se consiguiera) que la diversidad en filiación política nunca primara sobre la exigencia de ser cabalmente humanos, es decir, avanzar siempre con la razón por delante.
Victor Gómez Pin trabaja actualmente en una tentativa de establecer el estado de la cuestión sobre las implicaciones que para el concepto heredado de naturaleza tienen ciertas disciplinas científicas contemporáneas. Pero convencido de que el reconocimiento de la pluralidad de intereses de la razón no implica renunciar a explorar los diferentes ámbitos de la misma, se ha introducido en el universo de Marcel Proust y en la apuesta de este escritor por hacer de la palabra matriz exclusiva de redención.
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