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viernes, 5 de diciembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

Honrados nihilistas (2)

El arte está hoy casi exclusivamente en las  manos de los eruditos, es decir, de aquellos que son capaces de establecer lazos de signo a signo, signo-obra que remite a otro signo-obra; lazos estrictamente sintácticos, tras los que se hace difícil descubrir la referencia a esa disposición de espíritu que, desde el hombre de Herto hasta nuestros días, en  los trazos de Lascault o en el Parménides férreo de Eduardo Chillida, es el motor del trabajo del arte.

El arte, sí, se halla intrínsicamente vinculado al humanismo, entendiendo por tal la consideración del hombre como un singular e irreductible momento de la historia evolutiva, que es efectivamente medida de todas las cosas y a la vez causa final de todas sus acciones. Mi amigo Felix de Azúa, de quien tantas vacuas querellas me han separado, me indicaba a propósito del trío Duchamp, Picabia, Man Ray (cuya esencial complicidad era admirablemente recogida en una exposición en el MNAC de Barcelona) que, perdida la referencia al hombre como fin en sí, sólo quedaba consignar la defunción y entierro de lo que se había entendido por obra de arte.

Siempre sonó a algo pretenciosa, y en última instancia falsa, la afirmación por Hegel de que el arte (innecesario cuando todo se reduciría a determinación conceptual) se había convertido en "una figura del pasado". Pues dejando aparte el hecho de que en modo alguno el concepto ha alcanzado su destinación final (que no hay saber absoluto, ni conveniente para la exigencia misma del saber es que lo haya), sigue pareciendo clave la tesis kantiana de que la disposición del ser de razón que apunta a la creación o recepción de la obra de arte... es de otro orden que aquella que apunta al conocimiento (siempre confrontado a alguna modalidad de objetividad).

[Publicado el 21/8/2008 a las 07:00]

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Comentarios (1)

  • "El arte, si, se halla intrínsicamente vinculado al humanismo", ¿y la ciencia no tiene al hombre también por "causa final de sus acciones" ?, y ¿no hay arte que contenga la visión aunque parcial del mundo?, y ¿las ciencias no tienen también al mundo como "causa final de sus acciones"?, ¿La historia de la
    ciencia no es también una parte de la historia evolutiva del hombre y del mundo?, y ¿la de la filosofía?

    Para decirlo en criollo: ¿eres de ciencias o eres de letras? Esta dualidad se puede extender al ¿haces ciencia o arte?, enfrentando malamente las visiones que tienden a complementarse. Un prejuicio típicamente local, por eso no me extrañan que las querellas sean como usted las define: vacuas.

    Lo que ha cambiado son los roles a consecuencia de la especialización. En un principio ciencia- filosofía- arte estaban intrínsicamente unidas. La filosofía primero abrió las puertas del arte y al final las ciencias se hicieron tan mayores (con método y sus propios lenguajes) como para andar solitas y
    desde allí arranca una terrible rivalidad que a primera vista parecen irreconciliables.
    Rivalidad parcial, porque ¿acaso el surrealismo (por poner un ejemplo posterior a Kant) no las volvió
    a juntar?. Este planteo si me permite, lo dejo aquí dado que estoy convencida de que los caminos abiertos por la percepción que planteó Freud del hombre no están agotados y que finalmente siguen la huella de conocer el mundo (herencia griega) y el "conócete a tí mismo" Socrático. Por allí seguirá
    indagando la ciencia, especulando la filosofía y el arte (y las manifestaciones artísticas). Eso sí,
    contendrán la "percepción" modificada, y es más, si me lo permite hasta se empujarán unas a otras, sólo que la filosofía tiene sus reglas, las ciencias sus métodos y el arte sus propias técnicas, es decir:

    cada cual su propio lenguaje (aquí lenguaje de manera general porque el arte por ejemplo ya sabemos que tiene múltiples lenguajes a su vez, como las ciencias).

    Es una pena que el "lenguaje del arte", sea mudo para la mayoría, pero simplemente que para llegar a
    él exige conocimiento y sensibilidad (y para decirlo también en criollo: reconocimiento y según
    Hegel: una extensa fenomenología) para llegar a lograr el contacto sensible con el otro(a) que es la finalidad de la estética hegeliana.

    Personalmente andaba buscando a la ética, cuyo comienzo es el otro(a), sin ese otro no tiene sentido hablar de ética, la ética surge porque hay otros, y me encontré con la estética hegeliana (a mi juicio muy bien representada).
    Si me preguntan diré, como ya he dicho, que no es nada trivial recordar la finalidad de la estética hegeliana para poder situar a la sensibilidad como ese punto de encuentro extenso de comunicación (estética) y de convivencia(ética).

    La erudicción parece necesaria para la evaluación, lo que no estoy tan segura es que siempre sea necesaria para lograr un obeto objeto artístico, ni que un objeto artístico que se nutre de diferentes vertientes (los lienzos del Bosco son auténticos tratados hasta de antropología) tenga que ser rechazado justamente porque intentan poner en discusión incluso temas científicos o porque se le encuentre la representación sencilla a temas complejos tratados por las ciencias.

    Tampoco estoy segura de que la erudicción se utilice siempre honestamente, como usted muy bien dijo:
    "un hombre dedicado a una profesión rara y peligrosa, que era reflejo (en su dicción como en sus gestos y hasta en la firme configuración de su cuerpo de campesino) de una especie de cartesianismo espontáneo, de una inclinación digamos natural a hablar "claro y distinto".
    El peligro para la percepción "pagada de sí", (contraria al honesto que usted propone), es que se les escape el propio Descartes, (aunque, a decir verdad, haya que corregirlo unos siglos después). Ni qué decir si se trata de una mujer.

    Un cordial saludo,

    Comentado por: Mercedes Beroiz el 21/8/2008 a las 12:29

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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