El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
La voz perdida
Les fenêtres
...
Je me mire et me voit ange! Et je meurs, et j'aime
-Que la vitre soit l'art, soit la mysticité-
À renaître, portant mon rêve en diadème,
Au ciel antérieur où fleurit la Beauté !
Mais hélas ! Ici- bas est maître ; sa hantise
Vient m'écouter parfois jusqu'en cet abri sûr,
Et le vomissement impur de la Bêtise
Me force à me boucher le nez devant l'azur.
Est- il moyen, ô Moi qui connais l'amertume,
D'enfoncer le cristal par le monstre insulté
Et de s'enfuir, avec mes deux ailes sans plume
-Au risque de tomber pendant l'éternité ?
La obsesión por las duras condiciones de posibilidad de la creación poética, por la prueba que ello supone para el sujeto, obsesión presente como herida mal cicatrizada en la obra de Mallarmé, remite en última instancia a una tan sencilla como inevitable nostalgia: nostalgia de la atmósfera prístina e interrogación respecto a las vías posibles para su restauración. Nostalgia, de ese lazo con el mundo en que todo se vio por vez primera empapado de palabra e iluminado por ella, Nostalgia literalmente del principio, principio efectivamente confundido con el verbo e independiente de toda cronología, entre otras cosa porque el krónos, el tiempo que responde a un concepto, el tiempo no ya indisociable de la vida de los hombres sino exclusivamente humano, el tiempo en suma que deja huellas imborrables aún más en el espíritu que en el cuerpo... ese tiempo es exclusivamente hijo del verbo.
[Publicado el 13/8/2008 a las 07:00]
No creo que la obra de Mallarmé se explique por la nostalgia de una atmósfera prístina, ¿de qué?
El señor Pin escribe vaguedades en una prosa pedante y profesoral, en el dialécto filosófico a la moda, que no contiene una sola idea.
Creo que la obra de Mallarmé se explica por el concepto religioso que tenía de la poesía.
Mallarmé observa la degradación de la sociedad burguesa y escribe en un lenguaje deliberadamente oscuro que sólo puedan saborear los iniciados.
Señor Gómez Pin, por favor, no le busque tres pies al gato.
Comentado por: lenz el 13/8/2008 a las 17:47
Sí, insisten tanto en esa vuelta al paraíso que por casi un segundo he tenido su reminiscencia, me ha parecido entreverlo y ¡recordarlo!!! Señor ¿será verdad?! Bueno, si mi mente consigue recrearlo y entrar en éxtasis, bien está.
Comentado por: aliblue el 13/8/2008 a las 13:43
Au ciel antérieur où fleurit la Beauté !
La nostalgia del tiempo pasado es cosa propia de poetas y filósofos de aldea. Confúcio falseaba los hechos para salvar su discurso.La época dorada jamás existió.
Entiendo lo de " idea prístina",no como un eco de la idea platónica,si no como propuesta de lo por venir.Caminante no hay camino,se hace camino al andar.
Cierto que el héroe desciende a los infiernos,pero solo el genuino regresa de él.
Comentado por: maleas el 13/8/2008 a las 11:48
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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