El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Si Mallarmé

Stéphane Mallarmé según el pincel de Manet.
Aun con el bagaje elemental de que ahora dispongo, y aceptando por un momento esa conjetura de un origen en el que canto y palabra son indisociable matriz, cabe ya quizás avanzar la siguiente pregunta: ¿cómo era esa atmósfera primigenia, que un niño recrearía en el acto mismo de adentrarse en el lenguaje?
No somos ya obviamente niños, pero ¿está ya definitivamente perdido para nosotros todo rescoldo de infancia? Aquí es dónde cuentan los grandes de la narración y los grandes del verso. Cuentan Mallarmé y Garcilaso, como cuenta Marcel Proust. Cuentan no tanto por esa profunda reflexión (implícita en general) que realizan sobre las condiciones en que un decir verídico es posible y que pueden llegar hasta la exigencia de inmolación, sino por la veracidad de su decir mismo.
Veracidad del decir, del que separa ahora nuestra propia subjetividad, pues a diferencia del niño que ve las cosas a través de las palabras, nuestra subjetividad (tan cambiante en sus objetivos como idéntica a sí misma en el grado de fidelidad a prejuicios) intenta hacer de la palabra un instrumento al servicio de mundanos intereses.
Esos grandes a los que me refiero hacen incluso velada alusión a lo que sería un mundo en el que la palabra verídica y la música a ella inherente constituyeran realmente atmósfera. De ahí la expresión Si Mallarmé... que situaba al principio y a la que ahora doy complemento:
Si Mallarmé fuera atmósfera no habría en nuestro universo algo así como el discurso poético...simplemente porque tal decir sería nuestra relación inmediata con el lenguaje, y por mediación de ello nuestra relación con el mundo. Si Mallarmé fuera atmósfera, Parménides sería realmente lo que tal significante indica (aunque por desgracia ya asténicamente, extraviado como está su texto en uno de los compartimentos de la división de las tareas del espíritu y esterilizado por las gélidas matizaciones de la erudición filológica) a saber, la indisociabilidad de la radicalidad del pensar y de la veracidad del hablar. Si Mallarmé fuera palabra que resume lo usual de nuestra escucha y no mero significante privilegiado de esa rama tangencial que sólo a unos concerniría y que denominamos poesía (exquisitez para ociosos y en consecuencia moralmente deleznable)... entonces el entorno natural y social, los árboles, las ciudades, y los campanarios tendrían algo que ver con la atmósfera musical, cuyo eco al menos intentaré, algo más adelante, hacer presente invocando textos de la primera narración de la Récherche:
[Publicado el 30/7/2008 a las 07:00]
En cierta ocasión escuché a una mujer hablar en aymára y aquel decir me pareció un canto.
La experiencia guaraní,platónica arcaica, parece confirmar la conjetura.
Según Bartomeu Melia :
" Pero lo más importante del trabajo de Nimuendajú es la constatación etnográfica de cuán nuclear es la palabra para la vida del Guaraní. La palabra es su alma. Ayvu: palabra-alma; alma-palabra. La vida y la muerte del Guaraní son la vida de su palabra y la medida de sus realizaciones y de sus crisis está dada por las formas que toma su palabra. La historia del Guaraní es la historia de su palabra,la palabra que se le impone con el nombre,la palabra que escucha,la palabra que él mismo dirá,cantará y rezará,la palabra que en su muerte todavía es palabra palabra que fue : ayvukue. ..... Profecía,poesía y retórica son apenas formas del acto constitutivo del Guaraní,que es " decirse ". "
Bartomeu Melia
El guaraní : Experiencia religiosa
Biblioteca Paraguaya de Antropologia
Asunción,1991
Nota del copista
Meliá debe estar vivo,también Casaldáliga,otro conocedor de esa admirable cultura.¿ Podría la Universidad dar a conocer su figura y su obra ?.
Me temo que este es país mas de homenajes póstumos que de reconocimientos en vida.
Comentado por: maleas el 30/7/2008 a las 21:45
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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