El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de diciembre de 2008
Siervo fiel y laborioso

Familia Blair.
Decía que en la presentación de la Fundación de la fe el ex -Premier británico se hallaba acompañado del también ex -mandatario Bill Clinton. Sabido es que este último, cuya fortuna se consumió parcialmente entre legajos judiciales consecuencia del tan cómico como miserable affaire Lewinsky, ha conseguido felizmente recuperarse, entre otras cosas pronunciando edificantes conferencias a favor de la paz, remuneradas en decenas de miles de dólares. Todo sea en pos del amor de los esposos y de estos con la progenitura, ya que si las encantadoras esposa e hija del presidente llegaran a sufrir apuros por una caída en la tentación del pater familias, ello no sólo sería injusto sino que podría acarrear una menaza para la unión de la célula. Pues bien:
Tampoco el ex - Premier es manco a la hora de garantizar el bien de los suyos, luchando contra la enfermedad y la pobreza y sirviendo la causa de la paz, siempre por mediación de la causa de la fe. El excelente corresponsal del diario La Vanguardia en Londres, glosaba la noticia de la creación de la fundación con el siguiente párrafo.
"Además de dirigir su recién lanzada fundación, Blair ha sido fichado como profesor de religión de la universidad de Yale. Pero en su caso la fe no mueve sólo montañas, sino también dinero: cobra un promedio de trescientos mil euros por conferencia... La editorial Random House le va a pagar siete millones de euros por sus memorias, complementadas por las de su esposa para poder pagar las hipotecas de sus cinco propiedades. La fe no te dice lo que está bien, sino que te da fuerza para hacerlo, dice Tony Blair."
[Publicado el 24/6/2008 a las 07:00]
Puede que sea así, Maleas, y que su conciencia esté tan distorsionada que no sientan ni vergüenza ni remordimientos por su comportamiento; tanto por los errores que afectan a lo público, a personas, como por sus ridículas historias personales.
Por otra parte, y aunque sea difícil averiguar lo que realmente piensan, resulta sospechosa la intención que puede ocultar su actividad hacia la considerada "buena obra social y humanitaria" No sé si conseguiran con ello aceptar su propia imagen, además de suponer que los otros seamos tan inmorales como ellos o tontos. Quién sabe...
No obstante, a este tipo de personas se les nota en la cara, y sobre todo en los ojos, el extravío.
Buenas tardes, amigo.
Comentado por: francesca el 25/6/2008 a las 18:28
Para tener mala conciencia es preciso tener conciencia Francesca y ciertas personas no la tienen,ni siquiera en el lecho de muerte.Muerto Dios creen estarles permitido todo y ellos han tenido la habilidad de conseguirlo.
Comentado por: maleas el 25/6/2008 a las 12:41
Ver estos ejemplares ricos y poderosos, exponiendo sus desvaríos al mundo entero, resulta cruelmente doloroso. Es tremendo. Puede que, incluso, en su fuero interno justifiquen los oropeles que acumulan con sus alucinaciones, y se crean merecedores de los tributos recibidos de tantos otros que siguen su estela y para quienes son modelo de lo que hoy es el éxito. Pobres.
Pero no se puede tener todo. Y aunque mi interés por saberlo sea poco, me pregunto si cambiará su rostro alucinado cuando, una vez apagada la luz de alcoba, cada noche, se encuentren a solas con su mala conciencia. Espero no comprobarlo nunca, desde luego.
Decía Kafka que todos los errores humanos son fruto de la impaciencia. Y no está mal la observación, porque si uno es paciente y observa -entre otras cosas- distingue claramente la diferencia entre lo que es un iluminado y un ser luminoso.
Buenas tardes
Comentado por: francesca el 24/6/2008 a las 20:30
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
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